2/2
Swayer jugaba con mi cabello mientras Sam y papá se mimaban un rato, y Luca y Sebas estaban aislados, sonriéndose y hablando. Todos esperando que Lizzy llegara. Empecé a jugar con mi osito, me perdí en sus hermosos ojos y su liso cabello. Tener un hermano tan chiquito hizo que un pensamiento fugaz pasara por mi cabeza: la maternidad. Alejé ese pensamiento tan rápido como vino. De reojo observe a Sebastián y por un instante lo imaginé como papá.
No. Absolutamente no.
Primero tenía que terminar de conocer el mundo, hacer todas las locuras que aun rondaban en mi cabeza, y después... después bueno...
No sé cuál fue mi cara que causó que mi pequeñín riera, mi sonido favorito. Una razón más para vivir. Seguimos allí hasta que el timbre sonó. Mierda estoy empezando a odiar ese maldito timbre.
—Lizzy, hola —le sonreí mientras alejaba un mechón de cabello de las manos de Swayer evitando que se le metiera a la boca.
—Hola mi niña —me abrazó y me dio un beso en la mejilla—. Hola chiquito —tomó la mano de Swayer y él se escondió en mi cuello.
«Ojala sea así de tímido cuando tenga mi edad»
—Mamá —Sebastián sonreía amargadamente, aun tenía los ojos hinchados—. Gracias por venir.
Su madre lo miró con recelo, nadie lo conoce mejor que ella.
—¿Pasa algo? —su tono fue cauteloso, buscando que su hijo no se alterara.
—Quiero que sepas que me quedaré con papa, no se cuánto tiempo pero quiero estar con él, ya sabes —suspiró con fuerza—, recuperar el tiempo perdido.
Elizabeth se puso pálida.
—Benjamín no... —tenía la boca seca, se le notaba.
—¿Benjamín? ¿De verdad tú sigues queriéndome vender esa tarifa de que ese bastardo es mi papa? Por dios Lizzy —el Lizzy lo dijo un tanto sardónico, haciendo énfasis de una verdad descubierta.
—Sebas... —Dios mío yo le voy a dar un premio a Sam. Esa voz siempre hace que todo el mundo se calme. Llego hasta mí, y agarró a Swayer que sin verlo, se quedó dormido.
Me situé al lado de mi Sebas, reprochándole con la mirada, por más que sea Lizzy era su madre, y no tenía el derecho de hablarle así. Además ya habíamos acordado que no sería un patán con su mamá.
—Sebastián —Luca estaba recostado en la pared, con las manos en los bolsillos. Dios mío que sexy, si Sebas será así en un par de años... —¿En qué quedamos campeón?
—Pero es que ella no va entenderlo —dijo como un niño pequeño.
Volteamos a ver a Lizzy quien había perdido el color por completo. Su mirada viajaba de Luca a Sebas.
—Es irónico que el novio de mi sobrina sea mi hijo ¿no crees Lizzy? Digo, tu hijo que según tú no es mío que según esta en ¿Dónde es que era? —hizo un ademan con su mano y puso su mejor cara de no entender nada.
—Buenas tardes, ¡Hola Elizabeth! Dios que gusto conocerte. Eso de creerme Sherlock Holmes con el tipo aquel me ha dejado agotado, por fin dimos contigo —papá se acercó a ella y la estrujo en un abrazo. Pero Lizzy seguía sin moverse.
—¿Qué? Es decir —habló Luca y papá se puso a mi lado— ¿Qué te sorprende más? ¿Lo mucho que se parece a mí o que Sebas no estuviera... en dónde es que era... Ah sí, Kiribati?
ESTÁS LEYENDO
Perfectamente Imperfectos
Roman pour AdolescentsA veces no es suficiente teniéndolo todo, a veces la palabra "todo" no abarca lo que realmente queremos. Savannah Black lo sabía, lo tenía claro. Una chica que precedía lo perfecto ¿Cómo termina enamorándose del chico más imperfecto? Lo perfecto est...
