Capítulo 57 | Segunda llamada

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Sebastián


Esta noche sería la destrucción total. Le prometí a Nat estar toda la noche en su fiesta, así que no podré escaparme con mi Ángel.

Decir que mi vida ha cambiado es irrelevante, tal vez porque la palabra "cambiar" no es exactamente del todo suficiente. Mi vida ha dado la vuelta a más de 360° en menos de un mes.

Si bien al principio no sabía cómo sentirme, no sabía si era eso lo que esperaba, no sabía nada. Pero estoy feliz, me siento feliz, me siento bien. Solo faltaba saber si estaría o no admitido en la universidad de mis sueños. Notoriamente eso no es problema ahora, pero igual. Definitivamente quiero ganarme las cosas por mis propios méritos.

Los logros requieren de sacrificios. Debemos sacrificar una vida social, horas de sueño y parte de nuestra dignidad para ser lo que queremos ser.

Ni hablar de cómo van las cosas entre mamá y yo. Y de mi pequeña, ni mencionar el tema. Que las cosas vayan tan bien me hace sentir extraño. Nunca antes me había sentido... completo por así decirlo. Con mis amigos, o los pocos que sé que tengo, bueno... sigo pensando que Jared y Liam me juegan una mala pasada. Pero no. Hasta un ciego se daría cuenta.

¿Cómo es que yo no me di cuenta antes?

Creo que Nat y Emma ya dieron el paso. Ese paso que yo me adelanté hace tres mil años luz, yque disfruto cada vez que puedo.

«Deja de pensar en Savannah de esa forma», me reprendí.

«No puedo la verdad», admití para mí mismo.

Eso es lo otro que he aprendido. Negar nuestros sentimientos, es la peor cosa que podemos hacer. Sin importar qué, siempre hay que decir lo que pensamos, lo que concebimos, saber decir que no y por supuesto aprender de los errores.

Hay diferentes formas de madurar, creo que yo tenía las experiencias necesarias para hacerlo, pero como siempre, las personas necesitamos de alguien que nos ayude salir adelante.

El horario de la cita me tenía consternado. Ese maldito italiano, francés, alemán sabrá Dios de dónde era, me tiene con los pelos de punta. Que Savi pase prácticamente todo el día con él me llena de celos, de furia y de pensamientos incandescentes que lo único que hacen es torturarme.

Gracias a Dios Camila me dijo que solo estaríamos juntos de 1:00 pm a 3:00 pm. De verdad que la estaba amando. No sabía que tenía planeado, por lo que me vestí cómodo. Toqué el timbre de un apartamento no tan lujoso pero si oportuno.

Salió a mi vista y me sorprendí.

—¿Estás listo niñita? —¿Qué, y Camila?

—¿Camila? Es que... tú... luces tan...

—¿Normal? Si, créeme que el papel de niña rica me molesta ya.

¿Qué coño está pasando?

Abrí la boca para decir algo pero solo la seguí, al parecer íbamos a caminar.

—¿Qué se supone que haremos hoy? —pregunté algo incomodo, el silencio estaba gritando en mi oido y me iba a dejar sordo. La miré de reojo, sí que estaba extraña... no tenía maquillaje ni cosas extrañas en su cabello, y aunque su ropa deportiva dejara ver parte de su piel no se veía exagerada.

—Escalar. Veremos qué tan fitness eres...

Ahora si no lo podía creer. Iba a volver a hablar, y verdaderamente que cuando no es el bendito timbre de la mansión, tiene que ser otra cosa. Mi teléfono vibró, y respondí sin mirar.

«Que sea Savannah, que sea Savannah, que sea Savannah»

—Hola —mi tono socarrón estaba desesperado porque fuera ella.

—Aprovechando que quieres hablar con Savannah —una voz tenebrosa estaba al otro lado de la línea—. Dile que haga lo que le dije... yo te lo dije Sebastián —su tono sonaba triste, como si estuviera a punto de hacer algo que antes había advertido y yo, pensando lo peor palidecí al instante—. No te sientas tan mal cuando descubras que ella ya no está... no debiste prometerle que la cuidarías siempre...

Quería gritarle a ese maldito cobarde, porque sospechando que podía ser una mujer, ahora estaba seguro que era un hombre. Voltee a ver a Camila y me miraba de una forma extraña. Como si supiera quien había llamado.

—¿Sufres de anemia? Estas peor que un papel.

—No no, es-estoy bien —negué con la cabeza y miré otra vez el teléfono.

Lo guardé y aunque sabía que tenía a alguien vigilándome, ya no me sentía seguro ni con conmigo mismo.

Perfectamente ImperfectosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora