Jueves
Día 17.
Estar borracho es estar feliz.
Lo único que entraba a mi estómago era eso, alcohol.
No iba ir a la escuela ¿para qué?
Nat se iba, Emma estaba preocupada, y yo no quería tropezarme con algún estúpido que me viniera a cagar más la vida.
Prometí... yo le prometí a él que no volvería a hacer algo como eso.
Pero he caído, le he fallado.
Mañana iré y le contaré todo, Liam es el único que puede ayudarme.
Desgraciadamente todos los cambios, aun los más ansiados, traen consigo cierta melancolía. Yo no había cambiado, yo no había mejorado... yo seguía siendo la basura de siempre.
Una caja.
Dos cajas.
Los cigarros no funcionaron para controlar mi ansiedad.
Un porro.
Dos porros.
Tres porros.
Maldita sea, quería olvidarme de mi existencia, y aun así, con más marihuana, nicotina y alcohol mis pensamientos se esfumaban en una sonrisa que tanto conocía, en una mirada airada llena de seguridad y sensualismo. En una voz que se mezclaba entre mi nombre y un gemido.
Así que en ese momento, en esa encrucijada, tomé la peor decisión.
Unos gramos... solo unos gramos entraron por mis fosas nasales haciendo su trabajo con éxito.
Me sentía en una nube.
Desde anoche estoy en esta mierda, aún no he vuelto a casa y de seguro mama piensa que ando con...
Otro gramo.
Cada vez que el efecto pasaba o simplemente mi mente me hacia una mala pasada, volvía a aspirar. Maldito polvo blanco. Maldita droga. Maldita sensación.
Empecé a llorar, ni siquiera sé qué hora era, pero el sol ya empezaba a asomarse, y de nuevo recordé...
Un gramo más, solo uno más.
Por más que quisiera convencerme, yo no había cambiado. Yo era igual o peor que Jared. Que cualquier desgraciado.
Seguí bebiendo del maldito vodka que tenía en mis manos, ya la gente empezaba a salir de sus casas. Gente que cruzaba la calle al verme. No los culpo, hasta yo me doy asco.
Caí y volví a pararme. La gente me gritaba pero yo no los oía.
Seguí caminando, y al cerrar los ojos me encontré con esa melena ondulada que me desarma. Los abrí de nuevo y aspire los últimos gramos que conservaba.
Caminé, no más de diez pasos cuando empecé a vomitar. Estaba mareado, veía doble. Y de pronto me desmayé. Me encontré balbuceando su nombre cuando todo se tornó oscuro, por más que intentara o que quisiera no podía abrir los ojos. Recé para que Dios se apiadara de mí, era un tanto hipócrita con él, pero aunque sea, si no iba a salvarme, que tuviera piedad.
—¡Sebas! —una vez más, Dios ha mandado a mi Ángel a salvarme.
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Perfectamente Imperfectos
Teen FictionA veces no es suficiente teniéndolo todo, a veces la palabra "todo" no abarca lo que realmente queremos. Savannah Black lo sabía, lo tenía claro. Una chica que precedía lo perfecto ¿Cómo termina enamorándose del chico más imperfecto? Lo perfecto est...
