Me besó y sentí que estaba volando. Sebastián me había amarrado con su mirada desde el primer momento. Esto iba a ser un tormento y me gustaba.
Mis senos desnudos en su pecho era la mejor sensación que nunca antes había sentido. Mis pezones estaban duros, su mano en mi cuello, por debajo de mi cabello me hacía delirar.
Ahora era yo quien lo guiaría hasta la cama, ahora era yo quien tuviera el control.
Estaba encima de él, besándolo por todas partes, por la cara, el cuello, hasta que toque su punto y movió su cadera hacia mí y apretó su agarre en mis nalgas. Respiraba con dificultad y me gustaba ver como lo encendía, como hacía que perdiera la razón.
Empecé a bajar, empecé a besar cada rincón de su pecho y de su perfecto y definido abdomen. Hasta que llegué a la parte baja y le quite lentamente el pantalón de lana que tanto estorbaba. Mire su miembro con excitación, era algo de admirar.
Observé como aguantaba la respiración, y volví a subir para comenzar de nuevo el recorrido, y cuando estuve otra vez allí, introduje su miembro en mi boca, y entablé un juego con mis manos y mi lengua.
Sus gemidos eran otro nivel, levantaba la cabeza para mirarme, pero hubo un momento en el que vi como apretaba los puños en las sabanas.
Lo estaba volviendo loco, y me encantaba.
Apreté mi agarre con mi mano derecha, ladee la cabeza de lado y empecé a subir a bajar junto con su respiración.
Me gustaba verlo así.
—Savannah —dijo gimiendo— Ya... ya yo... oh Dios.
Ese "Dios" que salió de lo más profundo de su ser me partió, me volvió loca. Cuando sentí como su pene se contraía, que sabía que iba a llegar al orgasmo, me detuve.
Abrió los ojos y justo en ese momento me senté de golpe introduciendo su miembro en mí, y como resultado conseguí que gritara de placer.
Empecé a moverme con sus manos sujetándome por la cadera, lo hacía a un movimiento rítmico, hasta que comencé a acelerar y llego al éxtasis.
—Maldita seas Savannah —dijo jadeando, sudado y satisfecho.
Seguía moviéndome, hasta que estuve debajo de él, rendida y sumisa a lo que él quisiera hacerme.
Me lo entregó todo, lo sentí, lo viví, me llegó al alma. Me hizo el amor como nunca antes el se lo hubiera hecho a otra chica, me lo demostró.
Estaba recostada en su pecho oyendo los latidos de su corazón, nuestras piernas entrelazadas y las sabanas cubriendo lo necesario.
—Gracias por todo mi Ángel —dijo con la voz ronca.
— ¿Gracias de qué? y necesito que me digas por qué el calificativo —dije con la barbilla en su pecho mirándolo a los ojos.
—Gracias por llegar a mi vida mi pequeño Ángel —dijo acariciándome.
— ¿No vas a decirme? —dije haciendo pucheros.
— ¿Quieres dejarlo ya? —estaba riéndose.
—Me encanta tu sonrisa —susurré.
—Y a mí me encanta todo de ti.
— ¿Si? —dije inquisitiva— ¿Y cómo es eso posible?
—Te lo dije. No se necesitan meses para decir que quieres a una persona. El tiempo es real, pero no es lo que haces con él, sino lo que vives en él.
—Entonces toda mi vida ha sido una ilusión —dije en voz baja y me miró—, porque yo comencé a sentirme viva apenas me miraste.
Me sonrió y lo volví a besar, seguimos hablando de varias cosas hasta que me quedé dormida, escuchando los latidos de su corazón, con el ritmo de su respiración.
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Perfectamente Imperfectos
Novela JuvenilA veces no es suficiente teniéndolo todo, a veces la palabra "todo" no abarca lo que realmente queremos. Savannah Black lo sabía, lo tenía claro. Una chica que precedía lo perfecto ¿Cómo termina enamorándose del chico más imperfecto? Lo perfecto est...
