Lunes.
Día 20.
Sebastián
Desde un principio sabía que alejarla de mi sería imposible. Me estaba haciendo daño a mi mismo convenciéndome de algo que no quería. Porque si, no quiero alejarla de mí.
Después de lo que pasó en la biblioteca no he podido dejar de pensar en ella, hablamos todo el fin de semana. Es muy difícil para mí separarme de mi Ángel. No le había hablado en toda la mañana pero nuestras miradas y sonrisas derrochaban una complicidad que solo aumentaba nuestra picardía y descaro.
Es que solo imaginaba lo que pasó en la biblioteca y no podía evitar sonreír.
«Sus gemidos arremetían en mis tímpanos, toqué el cielo en un instante. Todo el colegio estaba en la cafetería y ¿Cómo nos va a descubrir una bibliotecaria que merodea por los setenta y pico de años? La ropa empezaba a estorbarme ¿a qué temperatura estábamos? Tenía un calor tremendo y mi miembro lo sabía perfectamente. Dios esta chica me pone.
Su aroma era algo adictivo, maldición. Sus labios se me habían convertido en un vicio que para mi sería muy difícil de dejarlo. Sus ojos reflejándome su deseo solo hicieron que aumentara los latidos de mi corazón. No pude sentirme mejor cuando fue ella quien dio el primer paso. Sus manos empezaron a desnudarme, quitándome la ropa poco a poco, lentamente, con una delicadeza que rozaba lo sutil y tan despacio que logro desesperarme.
En un momento ya estábamos desnudos, en una esquina de la biblioteca, encima de los libros que estaban regados en el suelo, el cielo se veía turbio, y recordé la última tormenta, que había sido aquel disturbio climático que me había unido a ella.
No sé por qué me negaba a acercarme a esta chica, si desde un principio supe que sería mi delirio.
La sensación que sentí cuando me introduje en ella fue inexplicable, maldita sea la había extrañado tanto y solo había pasado varios días desde que decidí saltar de su balcón. Me reí ante mis pensamientos. Que marico, ahora que lo pienso parecí la propia Julieta cuando debería ser el Romeo.
La hice mía hasta que un grito ahogado a lo lejos nos hizo aterrizar en la realidad. Mierda, estábamos en la biblioteca.
El grito fue de Molly gracias a un trueno, nos vestimos como pudimos, en cuestiones de segundos, y minutos después Molly nos preguntó si nos faltaba mucho, que se quería ir. Si lo aceptábamos sería una mentira muy cínica, no habíamos recogido un coño. Así que diez minutos después la biblioteca estaba como si nada hubiera pasado.
Salimos de últimos y la besé hasta el cansancio en su auto, hasta que tuve que separarme de ella. Desde que me sentí perdido, abatido y frustrado durante una semana, no me daban ganas de volver a sentirme como una mierda. Así que ya sería una estupidez tratar de alejarla de mi.
A menos que la cagues, estúpido.
¿Por qué coño mi subconsciente tiene que fastidiarme de ese modo? Coño.
No le hice caso y me dormí hablando con ella. Ya habían llegado las fotos de nuestra cita. Ahora si empezaría hacer las cosas bien».
—¡Sebastián! ¡Sebastián me oyes! —la voz de Nat me sacó de mis hermosos pensamientos.
—Dime, si ¿qué me decías? —le dije sonriendo.
—Alguien está feliz ¿no? Tranquilo —dijo sonriendo—. Solo que me voy de viaje el viernes a Los Angeles. La abuela se puso pesada por teléfono, que tiene años que no me ve que nosequé que va a pasar navidad conmigo y con Natalie, porque si hermano, ni siquiera me pregunto: Oh, mi niño ¿no quieres venir a pasar navidad con tu abue? No, esa mujer declaró que Natalie y yo nos íbamos a ir con ella. Y hermano, si no me voy, sabiendo cómo es la abue —dijo rascándose el cuello—, esa mujer es capaz de venir a buscarme.
—No —me carcajee— ¿En serio tu abuela sería capaz de cruzar el país solo por no irte para allá? —esta vez nos reímos juntos.
—Lo siento hermano pero creo que esta vez no pasaremos navidad ni año nuevo juntos, en serio lo siento —dijo con la cabeza gacha pero más que por mí, sabía que era algo más.
—Nathan dime que te pasa.
—No es para tanto como para que digas mi nombre completo. Me asustas. Es que Sebastián —suspiró—. Yo... yo quería estar con Emm.
—Pues yo estaré con...
—Hola chicos —bendita voz.
—Hey ¿Qué haces? —dije sonriéndole, nervioso. Bien bonito. ¿Desde cuándo me pongo nervioso y más por una chica?
Me callé mentalmente, sabía que mi mente tenía una respuesta para eso. Y no, no quería escucharla.
—Disfrutemos esta semana juntos ¿quieren? Me iré de viaje el viernes en la tarde al otro lado del mundo —dijo el pelinegro con un toque de dramatismo.
—Si ya sé, Emma está un poco decepcionada. Pero estará bien estará conmigo ¿y tú Sebas, tú con quien estarás? —me preguntó con esos ojos mieles que me derriten.
—Pues yo... —balbucee.
Salvado por el timbre. Nat se fue en busca de Emma y ella y yo nos quedamos solos. Me sorprende dándome un beso y metiendo algo en los bolsillos traseros de mis vaqueros y con esos ganándome un apretón de culo.
Dios mío.
Me mordió el labio inferior y me dio un beso en el lóbulo de la oreja ¿seguro que era invierno? Porque mierda.
Después de las clases la encontré allí, en nuestro sitio. En frente de la biblioteca. Realmente no sé desde cuando es nuestro sitio, pero lo es.
—¿A dónde vamos? —pregunté curioso, como un niño.
—Sorpresa.
¡Readers! Un millón de gracias por el apoyo. Los amo en serio. Bueno saque un tiempo para este capitulo. Siempre tengo que inspirarme para traerles algo bueno, o eso intento. No se cuando vuelva a subir pero creare el tiempo para hacerlo. Estoy emocionada, ya se vienen las partes mas... intensas de esta novela.
Si les gusto este cap y/o mi historia recuerden votar comentar y compartir. Los amo, un beso enorme.
Por cierto quería preguntarles o si bien me den sus sugerencias para el nombre de esta imperfecta parejita.
1) Savastian
2) Sebannah
3) Soy mala en esto y no tengo idea de que otro.
¡Comenten con el que mejor les parezca!
Con cariño, ♣
ESTÁS LEYENDO
Perfectamente Imperfectos
Genç KurguA veces no es suficiente teniéndolo todo, a veces la palabra "todo" no abarca lo que realmente queremos. Savannah Black lo sabía, lo tenía claro. Una chica que precedía lo perfecto ¿Cómo termina enamorándose del chico más imperfecto? Lo perfecto est...
