Me bajé de la camioneta sin esperar el maltrato de quien se escondiera tras ese traje negro y pasamontañas. Sonreí, porque aun estando en mis peores momentos, jamás dejaré mi orgullo y mi dignidad a un lado, jamás. El tipo me tomó del brazo con brusquedad y me situó en frente de quien era su jefe.
Había seis camionetas y perdí la cuenta de las motocicletas. Ni hablar de cuantos hombres estaban allí, amedrentándonos, acosándonos. Vi como Sebastián luchaba y Tayler estaba alerta. Camren veía a todos lados, pero ya sabía yo que nadie iba a llegar. Eran demasiados, y un enfrentamiento solo ocasionaría que personas inocentes salieran lastimadas.
—Pero si la niña de papi está aquí —habló el líder de todos—. Así te quería ver... Ángel —dijo en tono burlón.
—¿Cómo? No me creí una celebridad, pero tu... —miré a mi alrededor—, tu sinceramente has hecho todo esto por mí, y vaya que debo felicitarte. Me siento —suspiré—, como toda una diosa ¿Dónde están las cámaras?
—No tientes tu suerte maldita perra —caminé hasta él, con el hombre sosteniéndome con fuerza y lastimándome, pero no me importó.
—¿Mi suerte? —me reí—. Cierto que los débiles, los perdedores hablan de suerte... yo solo conozco del éxito, y creéme —volví a sonreírle—, saldré de esta, con mucho, mucho éxito.
Ahora fue el quien rió.
—¿Dónde está Romeo? —gritó aun estando frente de mí y sin dejar de observarme.
Otro par de imbéciles traían a Sebastián a la fuerza, cuando estuvo delante del delincuente mayor, éste con todas sus fuerzas le arrojó un golpe en su estómago y otro en su cara. Grité ante aquella atrocidad, quería meterme pero vi de reojo como Camren me observaba.
Mi hijo, tenía que calmarme. Se levantó con dificultad y me escurrí entre las manos de mi atacante.
—¿Estas bien? Sebas mírame —hablé con la voz cortada.
—Pero si es lo más romántico que he visto —la voz del tipejo que está detrás de todo esto hizo que mi sangre se helara, que mi corazón bombeara con más fuerza, que mis piernas fallaran y que mis deseos de que todo eso acabara se incrementaran—. Deberíamos de presenciar algo lindo de la nueva pareja, de la grandiosa pareja—, sus últimas palabras fueron expresadas con tanto odio que sentí un sudor helado recorrer mi columna vertebral.
—Eres un maldito cobarde, suelta esa puta arma y enfréntate a mi como todo hombre que vociferas ser. Anda —Sebastián gritaba eufórico, con rabia contenida—. ¿Cuántos tipos tuviste que contratar para hacer este espectáculo? ¿Tanto miedo sientes? ¿Tan poco eres que no eres capaz de mostrarte, que tienes que esconderte detrás de un anónimo? ¡Vamos, responde!
Estaba tratando de calmarlo. Mis palmas en su pecho de cierta forma le hicieron respirar lentamente pero de nuevo fuimos alejados por un par de individuos llenos de miedo que solo seguían órdenes.
—Supongo que tus gritos son para hacerme sentir mal... debería de responderte, pero mis palabras no te dañarían como las palabras de Savannah —me miró—. Vamos muñeca, te doy diez segundos para que le digas a tu Sebas lo que hiciste esta tarde, lo bien que la pasaste con ese maldito alemán, vamos.
Negué repetidamente, ya no soportaba nada de esto, mis lágrimas empaparon mi cara en cuestiones de segundos. La expresión de Sebas cambió, ahora me miraba neutral, esperando una explicación.
—¿Por qué quieres hacerle daño? ¿Por qué a él, a mi padre? —susurre.
—Querida, queremos hacerle daño a varias personas, y examinándolas dimos con algo que tienen ellos en común. Tú. Así que —le quitó el seguro a su arma—, siete...
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Perfectamente Imperfectos
Teen FictionA veces no es suficiente teniéndolo todo, a veces la palabra "todo" no abarca lo que realmente queremos. Savannah Black lo sabía, lo tenía claro. Una chica que precedía lo perfecto ¿Cómo termina enamorándose del chico más imperfecto? Lo perfecto est...
