Viernes
Día 16.
Me dolía todo el cuerpo, y por más que intentara mis parpados no querían reaccionar a mis órdenes. Estaba como enfrascado en mis pensamientos, hasta que caí en cuenta que no solo era mi cuerpo, sino que la cabeza se me quería partir en dos. Rápidamente y por inercia quise llevar una de mis manos hasta donde estaba el insoportable dolor, pero algo me lo impedía. Un pitido que no cesaba aumentaba mi dolor quera gritar que apagaran esa mierda.
Pero antes... ¿Dónde estaba?
Quería moverme y no podía, sentía como unas manos me tocaban pero yo no podía impedir que no lo hicieran.
Maldición, que desesperación.
Oía voces, pero no eran claras.
—Tuvimos que hacerle un lavado de estómago, estaba muy mal y la ingesta de alcohol y drogas aumentó los riesgos gastrointestinales —escuché decir a una voz masculina.
—¿Cuándo le darán de alta? —joder, solo escuchar esa maldita voz hizo que una corriente de electricidad viajara por todo mi cuerpo, obligándome a despertar para ir al baño. No sabía que estaba apretando la vejiga hasta entonces.
—Señor Parker, hasta que despierta. Llamaré a una de las enfermeras para que termine de hacerle unos análisis, y así poder responder a su pregunta señorita Black.
—¿Dónde estoy? —musité.
—¿Dónde crees que estás? —respondió mi Ángel furiosa.
—Necesito ir al baño.
Entró una enferma que me ayudó a levantarme.
«Mierda»
Fue lo único que pasó por mi cabeza, carajo que dolor.
Bajo la fría mirada de Savannah la enferma se limitó a ayudarme hasta donde lo vio conveniente. Hice mis necesidades lo más rápido posible, el mareo y la nauseas eran intolerables.
Volví a la cama y vi como la enferma empezó a hacer una serie de cosas con las vías que estaban conectadas a mis venas. Ver mi pulso cardíaco y realizar una ecografía abdominal. Después de unos minutos se fue, dejándome solo con mi Ángel, que quizá en ese momento sería más ventajoso llamarla demonio.
«No podía estar más furiosa porque no es más hermosa»
Pero coño dices Sebastián.
—¿Cuándo podre irme de aquí? —susurré.
—Eso es algo que yo tampoco sé.
—¿Desde cuándo estoy aquí?
—Desde ayer en la mañana —su frialdad me atravesó el pecho.
—Recuerdo poco de lo que paso ayer ¿Por qué estoy aquí Savi? —era cierto, mi cabeza no dejaba de dar vueltas.
—Voy a la cafetería. —Dijo sin más, evadiendo mi pregunta.
No había caído en cuenta que ya era viernes, y pensé que era de noche, cuando observe por la ventana. Pase como diez minutos viendo un paisaje sin vida... sumido en la oscuridad estaba comparando esa vista con mi alma.
No sé cuantos minutos pasaron, cuando volvieron abrir la puerta y mi mirada se fue a un reloj que estaba guindado al lado de esta.
4:01 am.
Genial.
Maldita sea.
—¿Tienes hambre? Traje varias cosas —no pude sentirme peor, y las lágrimas amenazaban con salir.
—¿Sebastián, ocurre algo? —dijo acercándose a mí, viendo los aparatos para ver si algo iba mal y no me pude contener más. Empecé a llorar en silencio.
—Entraste a la habitación a la misma hora que yo decidí irme de la tuya —dije en un susurro— ¿Ves cuál es la diferencia entre nosotros? —seco mis lágrimas con una dulzura cuya acción me terminó de convencer que ella merecía algo mejor—. Savannah, mientras tú te preocupas porque esto pueda funcionar yo siempre estoy arruinándolo.
—Sebas no digas estupideces, ya, solo come, anda, traje una sopa que huele a mil maravillas —me sonrió—, no te preocupes más grandulón.
—¡Aléjate! ¡Vete de aquí, déjame solo! No tengo porque soportar esto. Maldita sea Savannah, largo —grité, pero aun así ella no se alejó.
—¿Eso es lo que quieres?
Recordé cuando le pregunté le mismo cuando Aaron nos llevaba a nuestra cita.
«Somos esclavos de nuestras palabras»
Volví a mirar hacia la oscuridad.
—Si. —Respondí fríamente.
—¿Estás seguro? —chilló, sus lágrimas corrían por sus mejillas sin piedad.
—¿Acaso no lo entiendes? Largo... largo Savannah.
Se levantó y puso en una mesita las cosas que me había comprado, las acercó hasta un punto donde yo pudiera obtener la comida por mi mismo. Tomó su bolso, marcó algo rápido en su celular y se dirigió a mí.
—Tomate la sopa antes que se enfríe, y por favor come. Ojalá te den de alta hoy, excúsate con tu madre y échame la culpa —sonrió débilmente—, espero que te recuperes, y... logres estar bien.
El dolor físico no se compara con el dolor del alma.
Mi cuerpo dolía sí, pero la opresión en mi pecho me hacía pensar que me estaba dando un ataque respiratorio sin darme cuenta.
Podía pensar que era ilógico alejarla de mí, podía pensar que tal vez si podía funcionar si ponía de mi parte, podía pensar que si dejaba mis estúpidos problemas de adolescente trastornado podía realmente empezar a madurar y ser feliz.
Pero había un problema.
Mis problemas no eran estúpidos, eran graves y reales.
No podía ir por la vida haciéndole daño a las personas que quería, y si para eso tenía que alejarme de ellas, pues entonces lo haré.
Me dio un beso en la frente, sentí como mi cuerpo reaccionaba ante ese gesto y me estremecí. Sus lágrimas mojando mi frente me dejó claro que durara el tiempo que durase para ella "esto" fue sincero.
—Se feliz —me susurró, y se fue.
4:26 am.
Si el tiempo es real, entonces se debe recordar los momentos exactos que te marcan la vida.
No sé cuántas veces vamos a tener que alejarnos para poder estar juntos, pero esta vez fue peor, esta vez sentí, que más nunca podré tenerla como realmente quiero.
ESTÁS LEYENDO
Perfectamente Imperfectos
Teen FictionA veces no es suficiente teniéndolo todo, a veces la palabra "todo" no abarca lo que realmente queremos. Savannah Black lo sabía, lo tenía claro. Una chica que precedía lo perfecto ¿Cómo termina enamorándose del chico más imperfecto? Lo perfecto est...
