—¡¿Qué demonios Hans?! —dije tratando de cubrirme, que bien, ni siquiera veía la toalla por ningún lado.
—No, es que... yo te venía a buscar... —tartamudeo.
—Pues, ya te has dado cuenta que no estoy lista, así que si me permites —dije desde el suelo, irritada porque primero, no era Sebastián y segundo, maldita sea la vida y la maldita toalla.
—Sí, si claro —seguía hablando sin moverse, Dios mío, que carajos yo no soy tan atractiva.
—¡Hans! —le grité, y reaccionó.
Solté un suspiro de alivio. Estaba molesta, estas cosas me ocurrían a mí, solo a mí, a más nadie, maldición. Me puse la toalla, y me peine de lo más sencillo, recogiendo mi cabello y maquillándome de una manera tan ligera que ni siquiera parecía que hubiera utilizado maquillaje.
Vi el vestido blanco, con su gran escote en la espalda y sus elaborados agujeros en la parte de las costillas, su cola larga dejando ver su corte al lado izquierdo que haría lucir parte de mi pierna, los tacones, color plata que iban de acuerdo a mis accesorios, realmente iba a relucir esta noche.
Me vestí rápidamente, no quería bajar pero solo faltaban un poco más de dos horas para que se terminara el año, y papá había decidido cenar antes.
Bajé las escaleras, aunque fuera preferido que nadie se diera cuenta de que estaba ahí, los tacones hacían un ruido estrepitoso. Llegué a la sala, pero todos estaban en el salón.
—Papi —dije, mientras me asomaba y lo vi, con su maldito cabello perfectamente desaliñado, sus rulos se dejaban ver entre castaño claro y oscuro haciendo un contraste hermoso. Estaba vestido totalmente de negro, zapatos, camisa, saco negro, su bendita ropa hacia relucir su color de piel y ni hablar de su color de ojos.
Estaba en una esquina, hablando con... Jud.
Bien, yo a él, no lo conocía, no tenía porque sentir celos, no.
Entré.
Todas las miradas se fijaron en mí.
—Oh Savannah, pero mira que bella estas, espero que estés bien, Sebas me ha dicho lo que ha ocurrido. —La sra. Parker era tan tierna que tenía que contenerme para no abrazarla.
Miré a papá, y le sonreí amablemente a la sra. Parker.
—Pues... gracias, es que yo... —me encogí de hombros, papá estaba conteniendo la sonrisa.
Maldita seas Black.
—En serio, no recuerdas nada —eso era más una afirmación que una pregunta.
—Yo pensé que era mentira —habló Jud—, eso quiere decir que a el tampoco lo recuerdas —dijo señalando a Sebas y viéndolo con una mirada que no me gustaba mucho.
—Pues, a él si lo conozco claramente —mi tono era tan frío que Jud me volvió a mirar aterrada.
Cenamos, entre risas y miradas. Sebastián no dejaba de mirarme, ni a mí ni a Hans, porque después de escuchar sus disculpas y de lo arrepentido que estaba volvimos a ser los mismos. Como si nada hubiera pasado.
Por parte de Sebastián, se le veía sonriente con Jud. Qué bueno, de verdad.
Papá, Sam, Marie y la sra. Parker hablaban animadamente.
Los tres se fueron para preparar las copas para celebrar año nuevo, solo faltaban treinta minutos. Quedamos Hans, la madre de Sebas y yo juntos.
—Gracias por preocuparse por mi sra. Parker —dije de verdad agradecida.
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Perfectamente Imperfectos
Teen FictionA veces no es suficiente teniéndolo todo, a veces la palabra "todo" no abarca lo que realmente queremos. Savannah Black lo sabía, lo tenía claro. Una chica que precedía lo perfecto ¿Cómo termina enamorándose del chico más imperfecto? Lo perfecto est...
