Capítulo 12 | Seducción y deseo

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Savannah

Dejé a Sebas en el baño, me estaba matando, quería comérmelo. Nunca se me pasó por la cabeza que tuviera tatuajes, siempre he querido hacerme uno o unos. Después de ayudarlo a desvestir me entró unas ganas de tirármele encima.

Que baño caliente ni que nada, yo estaba dispuesta a darle ese calor que su cuerpo pedía a gritos.

Ese minuto, en el que nuestras miradas se fundieron en un deseo, una pasión, una misma necesidad, decidí salir del baño para que se bañara.

Prendí el plasma que estaba en una de las salas de la suite y las noticias del clima cada vez sonaban peor, papá me había dicho que tenía que trabajar desde casa por el frío y Emma estaba entrando en pánico cuando escuchó que la tormenta estaría así durante unos tres días, y si no empeoraba.

Eran tres días en casa de Nat. Me reí para mi misma.

Esperen...

Son tres días con Sebas. En un hotel. Ahora era yo la que entraba en pánico.

Después de hablar 20 minutos con Emma por teléfono, le asegure que estaría bien. Dejó de preocuparse cuando le dije que papá me había hecho una reservación en The Condor Hotel. Le dije que se calmara y que no reaccionara de mala manera. Nat vive con su padre y su madre y tiene una hermanita, Natalie. Había un espacio para Emma. No pasaría nada malo. Además, le dije que le iba a decir a Tayler que investigara a toda la familia y que le pasara un informe por correo para ver si dejaba la ansiedad.

No podía dejar de pensar en su perfecto cuerpo, sus tatuajes, la forma en la que sus hombros, su garganta y su pecho se ve cuando esta tenso, quería lamerlo, morderlo, besarlo.

Ya.

Cállate Savannah.

Seguía con la ropa cuando empezó a nevar con mas intensidad, decidí sacar las cosas de las bolsa y a colocarlas encima de la cama matrimonial.

Eso era lo que había, una cama matrimonial, no más. Esto se ponía cada vez mejor. Lo bueno es que habían muebles, estaría bien. Sebas dormiría en la cama, lo necesita.

Cuando terminé de arreglar todo, acomodé la temperatura de la calefacción y opte por ponerme unos short de pijama negros, amo el negro, y con un sweater a juego gris con negro.

Empecé a quitarme el jersey, luego la camisa y finalmente el sujetador. Era blanco de encaje de Victoria Secret. La calefacción hacia su trabajo y me quite la cola de caballo. Después me quite el pantalón, quedé solo en bragas, blancas de encaje, al igual que el sujetador. Cuando me iba a voltear a buscar la ropa escuché que alguien jadeaba.

Maldita sea.

— ¿Cuánto tiempo llevas ahí? —sabía que me había estado observando.

—Yo... no, yo... lo que pasa es que... —tartamudeo.

—Para ser un chico que tiene experiencias con chicas —dije poniéndome el sweater—, te oigo muy nervioso Sebastián. —terminé de decirle dándome la vuelta y mirándolo.

Estaba rojo y se empezaba a ver un bulto en su entrepierna.

Bien.

—Para ser una chica de carácter fuerte, a veces puedes ser demasiado débil Savannah. —contraatacó y me mato.

Seguía en bragas. Y el no dejaba de mirarme las piernas, y yo no dejaba de ver como perdía el control.

— ¿Estás seguro de eso? El débil parece otro —levanté una ceja y se rió. El coro de los ángeles cuando se ríe.

Perfectamente ImperfectosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora