Capítulo 50 | Éste día

1.9K 113 5
                                        

Me examinó de arriba abajo y se separó de mí, haciendo que el frío se apoderara de mi cuerpo. Me miró con ternura y las yemas de sus dedos rozaron mis pómulos. Se volteó y me tendió una camisa, la mitad de mi cuerpo se relajó pero la otra había quedado inconforme.

«Bueno y ¿tú que querías?, me cuestioné a mí misma.

«Pero aunque sea un besito»

Esa voz molesta en mi cabeza parece un susurro hacia lo tentador y prohibido. Me vestí y me metí a la cama, todo bajo la mirada penetrante de un hombre de ojos verdes. No cualquier hombre.

Mi hombre.

Me acomodé en la cama y sentí como su peso se hundía en una parte de ella.

—¿Qué se supone que quieres? —le pregunté después de un rato.

—Van cinco semanas que no duermo, y si hoy estoy aquí, pues quiero aprovechar mi insomnio -se encogió de hombro—. Estoy cansado de verte en fotos. Quiero admirarte.

Así, sin más. ¿Cómo se atreve a decir eso? Me dan ganas de besarlo... y de golpearlo también.

—Sebastián —advertí.

—¿Qué? No sería la primera vez que lo haría, mirarte dormida.

Lo miré incrédula y se levantó para sentarse en otra parte de la habitación. Pero ya que lo tengo aquí y ninguno de los dos quiere dormir, entonces seré yo quien aprovechara el momento.

—Sebas ¿puedo preguntarte algo? —hice que mi voz sonara lo más inocente posible.

Rodó los ojos y asintió.

—Pero mira nada mas —dije molesta ante su actitud—, pues si te molesta te digo que estas en mi jodida habitación, maldición.

—Me molesta que me tomes por estúpido, si quieres saber algo solo pregunta ¿O de verdad crees que no te conozco lo suficiente como para pasar por alto tu tono de voz de niña buena? —enarcó una ceja y ahora fui yo la que rodó los ojos.

—Como sea. ¿Puedes... es que... me da algo de curiosidad que nunca me hayas hablado de tu padre?

—Mi padre es un malnacido, fin de la historia.

—¿Ese iba a ser tu plan para conocernos? ¿De verdad? Es decir las cosas hay que sacártelas con cucharilla Sebas.

—Entró a prisión cuando tenía once. Le pegaba a mi madre y siempre se la pasaba borracho. En una de esas borracheras le dio tal paliza a mi mamá que con siete meses de embarazo perdió a mi hermanita, y tuvo hospitalizada durante un mes. El peor mes de mi maldita vida ¿feliz? —se notaba que hablar de su padre lo ponía de mal humor.

No quise responder a su sarcasmo porque yo misma me había buscado esa buena réplica. Lo que no entiendo es cómo no pudo relacionar su remota vida con la historia de Luca. Porque ya no quedaba duda de que el hijo del pato Luca estaba más cerca de lo que él creía.

Y Luca tampoco era capaz de verlo.

—¿Cómo se llamaba tu padre? —pregunté de repente.

—Benjamín Parker ¿Por qué? —ahora entendía.

—Por nada —respondí como si nada.

Debía recordar decirle a Tayler si Christopher Parker estaba emparentado con Benjamín Parker. Decidí hablar cuando me di cuenta que él no se fiaba de mi contestación y me miraba con recelo.

—Y... ¿Cómo has estado? —le di mi mejor sonrisa.

—Mal.

—Sebastián.

Perfectamente ImperfectosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora