Sebastián
No tenía otra cosa en mi cabeza que no fuera ella, sus palabras. Un hijo, vamos a tener un hijo. Mi princesa tiene a un angelito dentro de su ser. Alguien suyo, alguien mío. Solo nuestro. No me di cuenta que íbamos a toda velocidad y mucho menos que tenía mi cabeza recargada en la ventanilla del auto hasta que vi, a cientos de personas entrar y salir de la Mansión.
Tayler estacionó derrapando y desesperado, me bajé de inmediato con Camila a mi lado. Entramos y Paul se movía con agilidad, dándole señales a Tayler, órdenes a otros, Camila seguía ahí, junto a mí, y se lo agradecía porque aunque no entendiera su presencia sentía que en cualquier momento moriría.
—Camren —dijo Spencer cuando llegamos a la sala central—. Nadie me da respuestas... —su voz sonaba lejana, ausente, rota—. Solo dime ¿Dónde está Savannah? —creí en el cualquier momento Spencer se vendría abajo.
Me costó, me costó mucho asimilar lo que estaba sucediendo, un hombre fuerte, con un corazón gigante como Spencer estar así, diminuto, frágil...
—¿Camren? —fue lo único que pregunté.
—Sí, agente encubierta. Camren Gómez. Estaré aquí en todo momento Sebastián —acarició mi hombro, y respiré profundo.
—¿Quién más lo sabe? —hablé nuevamente.
—Solo Paul, Tayler tu y yo. No creo que sea conveniente decírselo en estos momentos a Spencer, nadie ha querido decirle que se llevaron a su pequeña, ¿Cómo decirle que va a ser abuelo?
Respiré pesadamente.
—¿Dónde está papa? —solo podía hacer preguntas.
—No lo sé, supongo que llega mañana —dijo Sam, con esa voz apaciguadora que calma en todo momento.
—Tayler —escuché el grito de Spencer—, no te muevas y mírame. ¡Mírame, maldita sea! ¿Dónde coño esta mi hija? ¡Y dime la verdad de una maldita vez!
Todo se detuvo en ese instante.
—Señor, no pudimos hacer nada —suspiró y bajó la cabeza, derrotado—. Todo empezó en la fiesta de Nathan, quisimos sacarla de ahí. Camren hizo todo lo posible pero eran demasiados, y no pudimos arriesgarnos a algún peligro, lo siento señor, créame que lo siento mucho.
—Tayler —musitó Spencer, con las lágrimas amenazándole con salir de los ojos, Sam no sabía de qué forma consolarlo. Marie y Jud también eran testigos de esta terrible tragedia. Spencer caminó hacia atrás hasta que cayó sentado en uno de los sillones y lloró, despacito, con vergüenza.
—Señor —la voz dura de Paul resonó en el lugar—. Nos tiene aquí, estamos aquí, hemos trabajo para usted, esto es más que un trabajo para todos nosotros, y la encontraremos créame, estará con nosotros. Se lo prometemos.
Todos, absolutamente todos estaban en la sala demostrándole una lealtad inigualable, no al gran empresario, no al señor de los negocios, no a un tipo de poder. Lealtad ante un hombre, que más que exitoso, es padre. Y ahí estaban, a merced de Spencer, Spencer solo, sin adjetivos.
Computadoras, aparatos, micrófonos, rastreadores, todo estaba en marcha, con gente competente y de alto rango. Me senté en uno de los sillones que daba vista a la ciudad. Vi como empezaba a amanecer. A lo lejos observé como los de seguridad respaldaban el lugar y los alrededores. Este amanecer sin ella, era más que extraño. Había sentido la soledad antes, había admirado amaneceres con su ausencia, había estado sin su presencia, pero esto era mucho más, muchísimo mas.
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Perfectamente Imperfectos
Fiksi RemajaA veces no es suficiente teniéndolo todo, a veces la palabra "todo" no abarca lo que realmente queremos. Savannah Black lo sabía, lo tenía claro. Una chica que precedía lo perfecto ¿Cómo termina enamorándose del chico más imperfecto? Lo perfecto est...
