Capítulo II:
Intrusos
Los techos de las casas parecen espejos que reflejan la tenue y azulada luz de la luna. Aún hay gente en las calles, paseando y conversando tranquilamente y las ventanas de las casas están abiertas y despiden a la calle la cálida y acogedora luz de su interior. Me alegra no ser la única que vaga por el pueblo nocturno a la intemperie.
Tras despedirme de Symmus me dirijo hacia la puerta. Espero que no se meta en líos por mi culpa. Pronto me olvido de los problemas que pueda tener con sus padres y me centro en los míos. Sabía que el momento llegaría y que, tarde o temprano, tendría que volver a casa y enfrentarme a la realidad.
Tomo aire, cierro los ojos y lo expulso. Esta noche es algo distinta a la típica puesta de las estrellas. El cielo se encuentra cubierto por unas espesas nubes que se asemejan a briosos corceles surcando la noche y cubriendo a intérvalos de tiempo la luna. Además, hace demasiado frío aunque puede que se deba a que todavía tengo el pelo húmedo. Me palpo la coronilla con las gemas de los dedos y vuelvo a pensar en esperar un rato más fuera antes de entrar para dar tiempo a mi cabello a que se seque pero cuando me empiezan a doler los dientes de castañetear, opto por entrar en casa y que mamá me vea antes que morir de una hipotermia aquí fuera. Busco la llave de casa en el bolsillo y doy con ella. Me resulta fría al tacto y la agarro con la manga de la camisa para no perder el poco calor que albergo.
En cuanto meto la llave escucho un sonido estridente, como una botella de cristal al romperse. En ese momento me sobresalto y miro hacia el lugar del cual proviene el ruido. Habrá sido algún vecino. Babule ladra de nuevo. Aparto la mano de mi pecho tras recomponerme del susto y me vuelvo hacia la puerta.
Giro la llave hasta que la cerradura cruge una vez pero entonces siento una presencia tras de mí. Me vuelvo lentamente aunque a mis espaldas no hay más que gravilla estremeciéndose por el viento y la casa contigua, tan vieja y destartalada como la mía. Me vuelvo de nuevo convencida de que es el crujir de las casas por el viento, que cada vez sopla con más fuerza y empieza a desordenar mis cabellos, empujándolos hacia delante y pegándolos en mis mejillas.
Cojo de nuevo el manillar de la llave pero tan solo por un instante. No son imaginaciones mías. Hay alguien por aquí cerca.
- ¿Sym? - pregunto sintiendo estremecimientos recorrer mi espalda hasta la nuca.
El viento arrecia cada vez con más fuerza y se lleva mis palabras lejos de donde estoy. Quito la llave de la cerradura sin cerrar de nuevo la puerta y avanzo vacilante unos pasos. De pronto oigo pasos que suenan igual de crujientes que los míos. Corro hacia delante y me pego a la pared de la casa contigua, aunque no sirve de mucho si no sé de qué me escondo.
De pronto escucho un gruñido por encima de mi cabeza y me aparto de golpe de la pared, volviéndome asustada. Una figura negra y sinuosa se desliza por la pared hasta que se posa frente a mí. Un gato. Este camina vacilante sin dejar de mirarme y se enrosca alrededor de mis piernas, acariciando mis tobillos con su suave pelaje. Suspiro y me acoto un poco para acariciar al gato, pero alzo la vista de nuevo. El repentino movimiento hace que el gato se asuste y salga corriendo hacia un sauce, trepando por él y escondiéndose en la seguridad de su follaje.
Se escuchan pasos apresurados cerca de aquí. Otra vez. Y otra. ¿Quién puede tener tanta prisa a estas horas?
Sigo el rastro de sonidos que proceden de algún lugar, unas casas más allá, guiada por mi enfermiza curiosidad. Me detengo en seco al atisbar una luz que aparece de pronto, como una alarma. Me pego a la pared. Sea quién sea, no tiene buena pinta. Al fin escucho una voz humana que define al fin al espectro al que llevo siguiendo desde el portal de mi casa. Sí, en efecto, es una voz humana, de hombre. No. Dos voces. Hay dos voces distintas, ambas de hombre.
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Igneous
AventuraEn los cuatro reinos se avecina una guerra. Y Deianira, una joven alocada que vive sin preocupaciones en un pequeño pueblo a las afueras de una gran ciudad, no sabe que será la detonante de esa guerra. Sus decisiones la llevarán a dejar todo lo que...
