Capítulo XVII
El último viaje
Gente por docenas acude al entierro y observo rostros demacrados y cansados. Lo más seguro es que lleven aquí desde la noche, aguardando el regreso de las tropas.
Muy cerca de los ataúdes, un grupo de personas que me dan la espalda colocan dos ramos de flores, uno en cada ataúd. Siento curiosidad por saber quiénes son y por qué presentan sus respetos también a Alanis. Alanis no tenía familia que yo sepa y mucho menos en la ciudad.
Al volver sus rostros desearía no haber reconocido a la familia de Symmus. Todos van vestidos de negro y la madre, a quién conozco muy bien, lleva un velo negro sobre la capeza que le cubre la parte superior de la cara. Los soldados me arrastran a un lado para dejarles pasar y veo a través del velo de la mujer unos ojos grandes y verdes, ensombrecidos y tristes, que me miran cansados.
Quiero abrazarla. Desearía hacerlo y de hecho podría. Pero en lugar de ello, me quedo quieta e inmóbil, mirándola fijamente al igual que ella a mí. No sé qué decir. ¿Lo siento? ¿Siento haber arrastrado a su hijo conmigo? ¿Siento haberme puesto en su contra cuando lo único que él quería era protegerme a toda costa? ¿A costa de su vida? ¿Siento no haber podido salvarle? ¿Siento seguir viva yo en lugar de mi mejor amigo?
Su mirada no tiene precio. Es tan intensa que acalla todo atisbo de pésame de mis labios.
La mujer reacciona al fin y pasa de largo pero, justo antes de volver la vista hacia mis compañeros, escucho pisadas presurosas que se dirigen hacia mí.
Los soldados se apartan y la madre de Symmus me abraza con mucha fuerza. Los que la acompañan, también familiares de Sym, se vuelven sorprendidos.
- Lo siento - susurra una voz débil y cansada, rasposa como el perfil de un cactus joven.
- No... - logro balbucear, abrazándola más fuerte y reprimiendo mis lágrimas - Narcisa, yo...
- No digas nada - me hace callar - Solo quiero que sepas que no es culpa tuya, ¿Entendido?
Se aparta de mí para mirarme a los ojos. Yo bajo la vista avergonzada. Jamás podré olvidar su mirada. De pronto me parece ver el vivo retrato de Symmus y bajo la vista de golpe.
- ¿Entendido? - repite sacudiendo suavemente mis hombros.
Asiento repetidas veces con la vista fija en el suelo entapizado de flores fúnebres.
- Y tampoco dejaremos que estos sinvergüenzas te toquen un pelo - añade mirando con desdén a los soldados - Acudir al entierro de mi hijo y de Alanis esposada y avanzando a empujones...
El corpulento padre de Symmus se acerca a Narcisa y la aparta con suavidad. Antes de volverse, me dedica una mirada de ternura y seguidamente mira a los guardias con desdén.
- Vamos - me apresura uno de los dos guardias empujándome por detrás con algo puntiagudo, ignorando lo recién sucedido.
Sigo caminando en dirección a los ataudes, sin dar importancia a las miradas curiosas de los aldeanos que me han visto crecer, contemplando ahora cómo camino flanqueada por dos guardias como si fuese una asesina en serie. Que, en cierto modo, es lo que soy.
Colmada de valor, me acerco a los dos ataudes temerosa por lo que me vaya a encontrar. En cuanto contemplo lo que hay en su interior, una sensación de paz y felicidad me embarga vagamente, mezclándose con el miedo y el remordimiento.
Sus rostros son blanquecinos y angelicales y visten trajes de ceremonia. Lágrimas se forman en mis ojos, tan familiares que ya no siento nada. Apenas quedan lágrimas que derramar.
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Igneous
AbenteuerEn los cuatro reinos se avecina una guerra. Y Deianira, una joven alocada que vive sin preocupaciones en un pequeño pueblo a las afueras de una gran ciudad, no sabe que será la detonante de esa guerra. Sus decisiones la llevarán a dejar todo lo que...
