—¡Amo a Jesús tanto como cualquiera! —gritó Gypsy, golpeando su mano en la mesa y haciendo sonar todas las tazas—. ¡Solo porque digo «mierda» y «joder» y «campanas del infierno» no quiere decir que no ame al Señor!
—Lo sabemos, querida —dijo Martha con dulzura.
Gypsy carraspeó y miró a Anastasia.
—Cariño, las mujeres en esta mesa me enseñaron que solo porque hago las
cosas un poco diferentes a sus principios fundamentalistas, no significa que tenga que ser una marginada.
—¿No somos todos marginados en algún nivel de todos modos? —preguntó la Sra. Grey, y las mujeres asintieron.
—Desearía que pudieras reconocer eso —siguió Gypsy dirigiéndose a Anastasia.
Anastasia se puso rígida.
—¿Qué quiere decir?
—Sabemos que no vas a la iglesia más porque sientes que no puedes —explicó Gypsy.
—No puedo —dijo Anastasia—. Además, mis padres van. No puedo verlos. Quiero decir, ellos no quieren verme. Será raro.
Las damas se miraron unas a otras.
—Lo que tus padres te hicieron estuvo mal, cariño —dijo la Sra. Grey—
Tan mal. Pero eso no quiere decir que te tengas que esconder de ellos.
—Tienes tu propia alma que educar, Anastasia—dijo LouAnn—. Y te
ayudaremos si quieres.
—¿Qué quieren decir?—preguntó Anastasia.
—Nosotras seremos tus ángeles protectores si alguna vez quieres regresar a la iglesia —dijo Martha.
—También puedes traer a tu novio —ofreció Marybeth.
Vislumbró a la Sra. Grey sonriendo tristemente.
Anastasia no sabía qué decir.
Se sintió extraña discutiendo sobre Christian con estas damas.
Todo acerca de su historia hasta ahora con él era desordenada e inaceptable.
—Estoy tan contenta de que estés con mi hijo —dijo la Sra. Grey suavemente, dándose cuenta de la incertidumbre en el rostro de Anastasia, como si supiera lo que Anastasia estaba pensando y queriendo aplastar los pensamientos negativos.
—No podrías ser más perfecta para él.
Anastasia sonrió, las palabras de la Sra. Grey, su tono, eran tan sinceras
para ser malinterpretados.
Las damas pasaron la tarde haciendo su mejor esfuerzo para sacar la mayor cantidad de detalles acerca de la relación de Anastasia con Christian.
La acribillaron con preguntas, pero tuvo éxito esquivando la mayoría.
La Sra. Grey trató de relajar el despiadado interrogatorio, pero las damas no se detuvieron.
Tenían el derecho de saber, había dicho Martha, y Anastasia todavía no podía imaginar por qué.
Una vez que se marcharon, Anastasia se ofreció en ayudar a la Sra. Grey
para limpiar.
—Por supuesto que no —dijo la Sra. Grey—.Eres mi invitada. Y por favor,
Anastasia, llámame Grace.
—No puedo hacer eso —dijo Anastasia—. Es irrespetuoso.
—No lo pienso que lo sea. Si lo fuera, no te pediría que me llamaras Grace.
Anastasia se mordió su labio inferior antes de soltar
—¡Simplemente no puedo! Así no fue como me educaron.
La Sra. Grey sonrió.
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Grey El Profesor 2.
Fiksi PenggemarSu relación ha sido expuesta, y ahora sus vidas han cambiado para siempre. Para Anastasia Steel, la adultez prueba ser frustrante e intimidante. Ella es una pequeña niña perdida, abandonada por su familia e inciertamente por su futuro. No cree que...
