Capítulo 12.Reconciliación

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¿Qué es lo que pasa contigo últimamente? —preguntó Anastasia, tendida en el sofá.

Oliver se sentó en el extremo todo lo que pudo e intentando sacar
los pies de su hermana de sus rodillas

—¿Qué quieres decir? —preguntó él.

—La actitud. Tienes esa actitud. No eres tú —replicó ella.

Oliver se encogió de hombros.

—No tengo ninguna actitud —murmuro él.

Anastasia sonrió y se rascó la parte
superior de su cabeza.

—¿De verdad, Ollie?

Oliver la miraba como si sus palabras fuese lo que necesitaba para estallar,
pero él no quería traer a colación los malos tiempos.

Pensó que no sería bueno para el estado emocional de su hermana.

Él no tenía idea de por qué pensaba que ella era tan delicada en ese momento.

Se había escapado.

Se había enfrentado a su padre.

Estaba pagando impuestos.

Estaba creciendo.

—¿Ollie?

—¡Creo que dios es un idiota! —espetó él.

—¡OLLIE! —Anastasia lo golpeó en el estómago con el pie.

—¡Ay! ¡Eso duele, Any!

—¿Qué demonios?

Oliver frotó su estómago.

—Tiene que serlo por lo que te pasó —argumentó él.

Anastasia puso sus ojos en blanco.

—Él no me dio el golpe en el ojo. Papá lo hizo.

—Pero él permitió que sucediera.

—Ay Dios mío —murmuró Anastasia.

—¿Qué?

—Esa es la línea que dice todo el mundo cuando la mierda va mal en su vida. «Dios no tenía que permitir que esto me sucediera a mí». Crece de una puta vez, Ollie.

Anastasia hizo una pausa, pensando en Avery, aquella tarde no mucho tiempo antes cuando las chicas se sentaron en el almuerzo a discutir el incidente del armario de clases.

Avery le había dicho que tenía que crecer.

Justo de esa manera:

—Crece de una puta vez. —Ahora, en ese momento, ella añoraba a su amiga.

—Bueno, es cierto. Se supone que debe ser Dios, ya sabes. Todo poderoso. Omnisciente —dijo Oliver.

Anastasia respiro paciente.

—Es tan bueno que me tiene en tu vida —comenzó, y Oliver la golpeó en la espinilla juguetonamente—. Si la vida fuese perfecta, y el mal no existiría, y todo el mundo fuese feliz todo el tiempo, ¿qué probaría tu fe?

Oliver frunció el ceño.

—No te sigo.

—¿Quién tiene que confiar en la misericordia y el amor de Dios, si sus vidas son perfectas?

Oliver se sentó en silencio por un momento.

—¿Así que nos castiga para que confiemos en él y lo amemos? Eso es
retorcido.

—Él no nos está castigando. Dios es bondad, ¿está bien? No puede hacer mal. Eso va en contra de su naturaleza. ¿Ves? Entonces ¿Por qué crees que Dios me dio un golpe en el ojo?

Grey El Profesor 2.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora