Capítulo 49.

692 113 9
                                        

Anastasia extendió su mano, los anillos ocupaban su palma.

Absurdamente, pensó que le estaba ofreciendo algo a él, o dándole un regalo.

Él no estiró la mano para cogerlos.

Se quedó de piedra.

-Estabas casado -susurró.

Él la miró fijo, con un ramo de brillantes rosas en la mano.

Ella ni siquiera lo notó.

Pero, ¿por qué lo notaría?

-Tú... tenías una esposa. ¿Ves? -Sacó la única foto de la caja con su otra mano y la sostuvo en el aire.

Se sintió estúpida, mostrándole a su esposa, como si él no recordase que tenía una.

Pero levantó la foto de todos modos porque en verdad no se trataba de él.

Se trataba de ella intentando darle sentido a su descubrimiento,


y repitió

-: Tenías una esposa.

-Sí.

Ésta no era la forma en que suponía que iba a ir.

Él tenía un plan.

Iba a darle el ramo, a decirle lo mucho que la amaba, y luego revelarle su pasado lenta y


cuidadosamente.

Con las condiciones de él.

-¿Por qué?

Actitud defensiva al instante.

-Por qué ¿qué? ¿Por qué tenía una esposa? ¿Por qué nunca te lo dije? Por qué ¿qué? Sé específica -ladró.

Anastasia dejó caer los anillos y la foto en la mesa del café.

-No me hables así -advirtió-. No tienes derecho a estar enfadado porque te pregunte acerca de estos anillos y esta foto. Ahora, ¿por qué nunca me lo constaste?

-Porque no hablo de ella. No puedo.

-Pero yo estoy en una relación contigo.

-¿Y?

Anastasia se encogió.

Él no quiso que esa pregunta sonase tan fría.

Estaba enfadado, pero no con ella.

Estaba enfadado consigo mismo por guardar tanto tiempo el secreto, engañándose a sí mismo al creer que ella nunca lo descubriría.

Se sentía estúpido, y esa estupidez hizo crecer su furia.

Se frotó el rostro.

Se preparó para el partido de gritos.

Conocía a Anastasia demasiado bien.

Ahora estaba tranquila, pero esa calma no duraría mucho.

-Es mucho, Christian. Tenías una esposa...

-¡Deja de decir «tenías»! ¡Deja de hablar de ella en pasado! -Puso el ramo sobre la mesa del comedor.

-¿Todavía estás casado? -preguntó Anastasia, horrorizada.

Oyó su corazón latirle en los oídos.

-No.

-Entonces tenías una esposa.

-Sí, Anastasia. Tenía una esposa. ¿Ahora hemos terminado con este tema?

Sabía que estaba diciendo lo incorrecto, pero no podía detenerse.

Grey El Profesor 2.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora