Capítulo 24. Dios.

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La Sra. Steel intentó explicarse.

-Él es la cabeza de nuestra familia, Anastasia. No puedo ir en contra de sus deseos.

Anastasia se quedó boquiabierta.

-Ese... ese es su rol en nuestra casa. Él es la cabeza. Y... yo estoy siendo
obediente. -Sonaba como si no estuviera muy segura de que se lo creyera.

Anastasia la miraba fijamente, incapaz de absorber las palabras.

Christian puso su brazo alrededor de la cintura de Anastasia. La Sra. Steel se tensó al verlo.

-Hola -le dijo con rigidez.

-Carla -replicó Christian, inclinando su cabeza.

-Pero él está equivocado -susurró Anastasia-. ¿Por qué lo obedeces si está equivocado?

-No es así de simple -dijo la Sra. Steel.

-En realidad, lo es -discutió Christian-. Es así de simple. Tiene una hija que la necesita. Y la rechazó porque su esposo está loco.

-No se atreva...

-Él está loco -le interrumpió Christian-. Y es egoísta. Y abusivo. Y usted lo sabe. Pero tiene una oportunidad de demostrarle a Anastasia que no es así. Que la
ama y se preocupa por ella y hará lo que sea para tener una relación con ella. Usted es su madre, ¡por amor a Cristo!

Los ojos de la Sra. Steel se pusieron vidriosos por las lágrimas.

Christian desvió la mirada.

No podía mirarla.

Estaba demasiado tentado a decirle la mujer y madre lo patética que era.

En lugar de eso apretó su agarre en la cintura de Anastasia.

Se centró en comunicarle cuánto la amaba, cómo de duro pelearía por ella y la protegería.

-Tengo que irme -dijo la Sra. Steel.

Anastasia no dijo nada.

Simplemente se quedó mirando a su madre perplejamente.

Es la mirada que le da un hijo a su padre cuando realmente no tiene
ni idea de lo que ha hecho mal.

Ves el cerebro trabajando duramente, tratando de entender, pero la claridad permanece detrás de las cejas fruncidas.

-Anastasia, yo... -Pero no había nada que decir.

La Sra. Steel se dio la vuelta y se alejó.

Anastasia tronó su cuello y observó cómo su madre salía de la tienda y desaparecía.

-Podemos irnos a casa -dijo Christian gentilmente.

Ella sacudió la cabeza.

-Quiero las sábanas.

-Anastasia, dejemos todo esto. No es importante en estos momentos -
instó Christian.

-¡Sí, lo es! -gritó ella.

Unas cuantas cabezas se giraron en su dirección.

Ella caminó hacia los juegos de sábanas y empezó a buscar

-. ¿Quizás un color neutral? -preguntó, ignorando las lágrimas que cayeron en el estuche de plástico.

Christian se acercó a ella con el carrito y fingió.

Ella quería comprar sábanas,
así que él la ayudaría.

Era insoportable verla llorar mientras buscaba entre los
diferentes colores y texturas, pero es lo que ella quería.

Grey El Profesor 2.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora