Capítulo 37.

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Ellos nunca habían experimentado orgasmos sincronizados.

Se vinieron casi a la vez algunas ocasiones, pero siempre alguien se las arreglaba para ir primero, incapaz de aguantar por el otro.

Ella pensó que esto era algo especial, y se lamentó no poder ver su rostro cuando ambos cayeron por el borde.

Se desplomó encima de ella, respirando en su mejilla.

Ella se concentró en la sensación de su cuerpo sudado y resbaladizo, la unión que no ha sido rota por debajo.

Ella tensó sus músculos alrededor de él, y él se estremeció.

—Anastasia…

—¿Qué? —preguntó ella, ahogando una risita.

—Por favor no hagas eso. Estoy sensible.

—Mm hmm. También lo estaba yo, y mira lo que me hiciste.

—¿Qué te hice? Solo te di otro orgasmo estelar. ¡Eso es lo que hice!

—Sí, pero bordeó lo doloroso —contestó ella.

—Oh, te gusta duro —dijo él con desdén.

Él empezó a salir de ella, y ella apretó los músculos de nuevo.

—¡Anastasia!

Ella se echó a reír.

—Venganza, bebé. Es justo.

—Me quedaré dentro de ti toda la noche si no dejas de hacerlo —dijo él.

Ella suspiró.

—No me importaría.

Él rio y salió por completo incluso cuando ella lo había apretado con todas sus fuerzas, haciéndole gruñir con esfuerzo.

—Mi pobre polla —gimió—. Eres cruel. —Se desplomó en el suelo sobre su espalda.

—¿En serio? ¡Acabas de usarme como el infierno! —contestó ella, subiendo
encima de él y sentándose a horcajadas.

—Y te gustó toda la cosa —dijo.

Él cerró los ojos, y ella vio una sonrisa extenderse por su rostro.

—¿Feliz? —susurró ella.

—Mucho.

—Yo también —contestó ella.

—Espero que te sientas así después de mañana —dijo Christian.

Entreabrió un ojo y la miró.

—Oh, hombre. Lo olvidé —dijo Anastasia.

La ansiedad fue inmediata.

Ella lo sintió palpitar detrás de su esternón.

—Esas señoras son divertidas —dijo Christian—. Estarás bien. Pero una
advertencia: Te harán una tonelada de preguntas personales y no te sientas mal por ello.

Anastasia asintió.

—Y se burlarán sin piedad —continuó.

Los ojos de Anastasia se abrieron.

Christian abrió el otro ojo.

—Y no puedo esperar para escuchar todo sobre ello.

—Estoy aterrada —gritó Anastasia, y Christian rió—. ¡Compadécete de mí!

—Oye, fuiste tú la que quiso conocer a estas señoras. No siento ninguna
compasión por ti —dijo él.

—Eres malo.

Grey El Profesor 2.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora