Anastasia buscó en el armario inferior el ron, pero el licor se había ido.
Juró que allí habían varías botellas justo el otro día.
¿Qué?
¿Christian se las había bebido todas?
—¡¿Christian?!
Él dobló por la esquina de la cocina y se paró junto a ella.
—¿Dónde está el ron? —preguntó.
Se encogió de hombros.
—Lo tiré.
—¿Por qué?
—No pensé que tuviera que estar en casa —respondió.
Ella entrecerró los ojos hacia él.
—¿Por qué?
—Porque no quiero fomentar nada más de… —hizo una pausa y agitó su
mano alrededor—… esto.
—¿Qué es «esto»? —preguntó ella, imitándolo con la mano.
—A ti. Bebiendo.
Ella se levantó.
—¿Disculpa?
Se rascó la cabeza.
—Creo que estás bebiendo un poco demasiado, Anastasia.
Ella se rió con desdén.
—¿En serio? ¿Qué? ¿Ahora eres mi padre?
—No. Él es un idiota. Yo no lo soy —respondió Christian.
—Eso es discutible —murmuró Anastasia.
Christian contuvo el aliento.
—Solo pensé que tal vez deberías bajar un poco el ritmo. Cada vez que te veo, estás bebiendo.
—¿Cada vez que me ves? —le espetó—. ¡Eso ha sido, como, cinco veces en las últimas semanas! ¿De repente tengo un problema con la bebida?
—Hablemos de eso por un minuto —dijo Christian—. ¿Por qué te he visto solo cinco veces en las últimas dos semanas? Vivimos juntos. ¿No debería verte más?
—He estado ocupada con la escuela —mintió Anastasia.
—Has estado ocupada echándote a perder —respondió él.
—¡Vete a la mierda!
Christian rodó los ojos.
—Estás enojada conmigo, lo entiendo. Entiendo que es de eso de lo que va
todo esto. Y no sé qué más puedo hacer, Anastasia. Me he disculpado contigo. Lo siento. Realmente lo siento por haberte mentido. ¿Por qué no puedes aceptar eso?
—¡Porque no es suficiente! —gritó.
Pasó junto a él y agarró su mochila y el libro de la mesa del comedor.
—¿A dónde vas? —preguntó Christian.
—No es asunto tuyo —ladró.
Los pies de él se movieron antes de que su cerebro registrara las intenciones.
Agarró la correa de la mochila y la obligó a detenerse.
—¡Suelta! —gritó, retorciéndose contra la mano de Christian.
—Lo haré —dijo en voz baja—. Solo dime a dónde vas.
—¡No!
—¡Dime a dónde vas, Anastasia!
—¡No!
El cerebro de él le gritó «¡Para!» Pero no le hizo caso.
La empujó al suelo y se subió sobre ella, atrapándole el rostro entre sus manos.
Ella le gritó en la cara, y él amortiguó el grito con su boca.
La besó con fuerza y no esperó el inevitable pinchazo en sus labios.
Hundió los dientes en los labios de ella primero y escuchó cuando gritó de dolor.
Metió la lengua en el interior de su boca y ella lo empujó con la suya, tratando de expulsarlo.
Luchó contra él, gruñendo, tensándose y chasqueando los dientes.
Su rostro reflejó una ira tan violenta que le prometía una futura tortura y angustia.
Atrapó su cara entre las manos y la obligó a permanecer inmóvil mientras las lágrimas caían una a una desde sus ojos hasta las mejillas y frente de ella.
—¡Perdóname! —exclamó.
Ella se quedó mirándolo fijamente.
—¡Perdóname! —rugió en su rostro.
La besó de nuevo, febril y desesperadamente.
Esta vez ella no se resistió.
Esta vez, le respondió.
Un poco.
Abrió la boca para él, dejó que la besara profundamente, dándole la ilusión del perdón.
Sabía que era eso exactamente lo
que era, pero había pasado tanto tiempo sin probar su boca, que no le importaba si era falso.
No se preocupaba por su ira.
Seguiría besándola porque estaba
desesperado por estar cerca de ella, incluso si eso no contaba realmente.
Se echó hacia atrás y estudió su rostro.
No había nada.
No había luz en sus ojos.
Sin rubor en sus mejillas.
Se había convertido en una muerta viviente.
No podía soportar mirarla más y giró su rostro.
Se quitó de encima de ella y se dirigió al sofá.
Ella se quedó en el suelo un minuto más, mirando el techo, decidiendo a
dónde ir.
No había un lugar que fuera particularmente divertido, pero había uno en el que podía escapar con licor.
Y no era aquí.
Así que luchó levantándose del suelo, agarró su bolso y se dirigió hacia a la puerta....
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Grey El Profesor 2.
Fiksi PenggemarSu relación ha sido expuesta, y ahora sus vidas han cambiado para siempre. Para Anastasia Steel, la adultez prueba ser frustrante e intimidante. Ella es una pequeña niña perdida, abandonada por su familia e inciertamente por su futuro. No cree que...
