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"Adversidades"

Yulia tiene la boca abierta al igual que sus ojos.

—No digas nada por favor, te prometo que te lo cuento, pero no lo comentes.

Asiente con un ligero movimiento de cabeza parece hipnotizada. Giro sobre mis talones y le dedico una no muy grata mirada.

—¿Las llevo? — musita. Frunce el ceño. Nota que algo pasa.

Antes que pueda responder, Yulia sube en la parte trasera. Héctor se limita a arrancar ya que estoy a su lado, el silencio de camino a mi apartamento se vuelve incomodo.

—Voy subiendo — musita la rubia. Guiña un ojo.

Le extiendo mis llaves y desaparece con ellas dentro del edificio.

—¿Estas molesta?

—Sí — murmuro precipitada.

—Se que fui un celoso impulsivo, pero...ver la chamarra de otro me cegó — cree que estoy molesta por el numerito de la mañana. Una preocupación menos, creí que seguiría enojado.

—No estoy molesta por eso — sigue observándome. Continuo — ¿como se te ocurre hablarme frente a una compañera de trabajo? ¿Acaso estas loco? — mascullo.

—Katia...yo...no lo sabia — niega. Parece asombrado — estabas en la cuadra de siempre, creí...creí que era una amiga tuya, jamás imagine que trabaja contigo.

¡Rayos! Por supuesto que no iba a saberlo, tiene razón, nunca pensé en que llegaría mientras platicaba con Yulia a unas cuadras de la empresa donde suele esperarme.

—No debí molestarme, no tienes la culpa — conscedo.

—Bien, supongo que tienes una platica pendiente — señala adentro.

Asiento. Ambas manos me cojen de las mejillas y me atraen a sus labios suaves y exigentes, jadeo permitiendo que su lengua se adentre la recibo con urgencia, provocando que nuestros cuerpos se apeguen. Se aparta con rudeza.

—Tengo que irme, si no te llevare conmigo y tienes algo pendiente — asiento.

Me da otro beso, este apenas roza mis labios. Rapidamente llego al apartamento.

Yulia se ha hecho un té y lo bebe acariciando a Pelusa, quien ha estado molesta conmigo desde que cerré la ventana prohibiendo la entrada de su amigo, tal vez hago mal y debería dejar que entre y bueno...hagan eso. Es injusto que la prive de ese placer.

—Cuentalo todo — dice en el momento que mi cuerpo se tumba en el sofá.

Brevemente le cuento los detalles de como lo conocí en aquel extraño bar, los sucesos del día siguiente, de como me di cuenta de quien era, dejo claro que quise alejarme tanto como el y que falle en el momento que vino por mi. Le platico lo que ha pasado en estas semana incluido el viaje a nevada y las fotografías en la revista.

—¡Hijo de puta! — dejo escapar una risita — ese Daniels es un depravado sexual y acosador, deberías acusarle.

Sabía que puedo confiar en ella.

Cayendo en el Deseo Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora