Extra: El pollo loco.

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Valentina

Estaba recostada en el césped, las niñas estaban sentadas a mi lado, Rafael también estaba recostado y Benjamín estaba sobre su pecho. Tener a mis hijos y a mi esposo conmigo me hace completamente feliz, mi vida sin ellos no tendría sentidos, son lo que me hace feliz.

-Mami -Benjamín se bajó del pecho de su papá-. Mami -se acercó a mí, recostó su cabeza en mi estómago y se volvió a dormir.

-Rafael, mira -Rafael volvió a ver.

-Lo tienes consentido -río porque sabe que de los dos el que más lo consiente es él-. No te imaginas la felicidad y la tranquilidad que siento al tener a los hijos juntos.

-Si lo hago -me vio-, puedo ver lo feliz que estás.

-Tú también estás feliz.

-Lo estoy, Benjamín es un gran niño y lo amo -besé la frente de Benja.

-Gordas -llamó a las niñas-. Gordas -esta vez volvieron a ver-. ¿Me aman, gordas? -Valery sonrió-. Vales, ¿me amas? -no volvió a verlo-. Bebé, ¿me amas? -Rafael hizo un puchero.

-Amo, papi -dijo Benjamín aún dormido.

-Yo te amo más -le dio un beso en la frente.

-Para más Benjamín que está dormido te dijo que te ama, pero Vales no -reí.

-Pero yo sé que me amas -tomó a Vale que estaba entretenida viendo a una mariposa que estaba cerca y cuando su papá la tomó, empezó a llorar-. ¿Por qué lloras?

-Quería seguir viendo la mariposa -señalé a ésta que ya iba volando.

-Lo siento, bebé -la abrazó, pero ella no paraba de llorar.

-Lo mejor será que entremos a la casa y le dé de comer, así que toma a Benjamín -dejó a la niña en el césped y tomó a Benja-. Ven mi amor -cargué a Vales y luego a Val.

Entramos a la casa, Rafael se llevó a Benjamín a su cuarto y mientras él lo recostaba en su cama, yo me fui con las niñas a nuestro cuarto papa amamantar a Valeska, que sólo así dejó de llorar. Rafael entró al cuarto, se recostó en la cama y abrazó a Valery.

-Vamos a dormir -recostó a Val en su pecho y cerró los ojos. Un rato después, los dos se quedaron dormidos, al igual que Vales, así que sin más que hacer yo me acosté a su lado y me quedé dormida.

***

Los cinco estábamos en la cocina, Rafael y yo sentados en un taburete cada uno, mientras que los niños estaban en sus sillas. Benjamín estaba entre nosotros y quedaba viendo su plato, en el que había pollo a la plancha, ensalada, puré de papas y un poco de arroz.

-¿Eto? -señaló el pollo.

-Pollo -le dijo Rafael.

-¿Pollo? -Benja hizo un puchero-. ¡Nooo! -empezó a llorar y nosotros lo vimos asustados-. Mi pollo, este e mi pollo -con su dedito picó el pollo-. Mi pollo, esta melto -Rafael río, pero yo aunque quise no pude, la manera en la que estaba llorando me preocupó-. ¡Polloooo! -gritó y siguió llorando.

-Amor, no es tu pollo -me puse de pie y fui a buscar su pollo de peluche a la sala, cuando lo tuve volví a la cocina-. Mira bebé, aquí está tu pollo -le di su peluche y lo abrazó.

-Mi pollo etá vivo -sonrió.

-Mi amor -limpie las lágrimas que aún estaban en su carita.

-Mami, ¿ete pollo?

-Ese pollo es para comer, así que vamos a comer -asintió.

-Shi mami.

-¿Te asustaste? -le preguntó Rafael.

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