Capítulo 3 - Ya no seré un espíritu sigiloso

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—En serio, ese hombre olía tan feo que las moscas le huían, ¡uhg! Además había un carpintero sentado a su lado, ¡cuidado! El señor estacas pudo haberle enterrado un buen palo pero no quiso..., ¿entiendes? ¡Palo! Porque es carpintero, ¡JA, JA, JA!

Darien acariciaba sus sienes. Desde que llegó, ese tal Joshua no dejaba de parlotear y caminar de un lado a otro. Actuaba como si le conociera de años, un joven desvergonzado que le importaba muy poco sus estatus o diferencia de edad. En el instante en el que llegó a la cocina se puso a lavar los platos, hablar de su trayecto desde la ciudad al pueblo y brincotear como un niño.

Pobre de Darien, si tuviera voz ya le habría dicho ¡Cállate ya, maldita sea! ¡Me tienes cansado!

—¿Por qué tiene una pistola? ¿Sabe lo peligrosas que son?

Darien resopló, frustrado. Este chico no solo le resultaba parlanchín, sino metiche. Era claro que William sabía muy bien el porqué de esa arma en su hogar, en el pasado, por intentos desesperados por acabar con su vida solía jugar a la ruleta rusa. Por desgracia o fortuna, aquella arma nunca se disparó. Se cuestionaba si era mera suerte o los espíritus ya tenían en mente su deplorable final, postergando su muerte al hacer jugarretas al trabar el arma considerando que no habría mejor final para el violinista de los espectros que morir a manos de los mismos. En opinión de William, algo absurdo o muy honrado para alguien tan canalla como él, en opinión de otros, una muerte muy benevolente para alguien tan siniestro como él. Sea como sea, pensar en eso ahora mismo ya no tenía sentido.
El suicidio pasó a ser la última opción en el instante en el que arrojó el arma fuera de su alcance.

Era irónico, un arma de fuego no lo mató... pero sí un instrumento musical de aire.

—Tienes razón, debería desecharla

Darien se levantó de golpe de la silla y lo miró con furia. No solo no respetaba la propiedad, ¡Quería tratar todo como si fuera suyo!

William se echó a reír, agitando la mano.

—Es broma, es broma, solo no juegues con esto porque es peligroso... es solo que, me extraña que esta arma esté aquí. Normalmente, uno trataría de esconderla

Darien evadió su mirada, se acercó y la arrebató de sus manos. La guardó en uno de los cajones y regresó a su lugar sin articular otro gesto. William lo miró de reojo, Darien nunca se atrevería a terminar con su vida... ¿cierto?

Ese cachorro era demasiado bueno, incapaz de cometer algo así.

—Verá maestro Darien... vengo desde Stratford-upon-avon. Como sabe es un pueblo algo alejado de la ciudad y especialmente de aquí... estoy escribiendo una novela para relatar la vida del temible William Wilder, o como todos lo conocían... "el alma solitaria de los espectros". Sin embargo, una de las fuentes en las que más tengo fe es en usted... sé que es difícil, pero me ayudaría bastante

Al mirar a sus espaldas, sus pupilas se dilataron. Darien no lucía nada contento con aquellas palabras. Pese a eso, William articuló una sonrisa nerviosa y giró para continuar.

Dados sus gestos, William parecía entender que lo que todo el mundo decía era cierto...

Darien realmente lo odiaba.

—Tengo dudas muy pequeñas, le juro que no buscaré hacer escándalo con el nombre de su maestro. Terribles cosas ya han dicho, no hacen falta más... —carraspeó. —se que la comunicación entre nosotros será difícil... pero ¡podemos escribirnos! Conseguiré mucho papel y tinta, haré muchas cosas... solo pido respuestas y ya

Darien lo miró con la mandíbula tensa. Se paró de golpe de su asiento y retiró sin decir más. William agitó su mano con una sonrisa extensa.

—¡Tomaré eso como un sí! ¡Descanse bien joven Darien!

Sonata espectral de un alma solitaria. [EDITANDO]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora