Capítulo 48 - Sin amor

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Primero de noviembre.

Donde el frío se acumuló entre las calles y las flores amarillas de los muertos cubrieron el continente americano. Específicamente, en el país central. Cuando los pétalos del cempasúchil se extendieron para dar paso a los muertos, del otro lado del mundo se escuchó el llanto de un pequeño niño. Sus cabellos eran oscuros, su piel pálida y suave, se veía de porcelana fría que con un ligero roce podría romperse. Sus pestañas onduladas brillaban por la flama baja de la vela a su costado y la nariz pequeña cubierta de pequeños puntos rojos se veía enternecedora cuando se comparaba con sus labios. Eran pequeños y similares a cerezas.

"Es un varón" dijo la partera con una sonrisa, pero cuando lo mostró a su madre ella inmediatamente giró la cabeza y estiró la mano

"No quiero verlo"

"Pero"

"¡No quiero verlo! ¡Lo odio! ¡No lo quiero!"

La partera afligió el rostro y mantuvo al pequeño en su pecho.

"¿Y por qué lo tuvo?"

"Porque no tenía otra opción"

La partera cubrió los oídos del menor.

"Señora..."

"¿Por qué lo cubres? Si va a oír, lo hará bien. Quiero que escuche las primeras palabras de mami, oye tú, pequeño bastardo... quiero que sepas que tanto tú como tu padre me arruinaron la vida y no puedo desearte nada sino infelicidad. Ojalá mueras pronto"

"¡SEÑORA!"

"¡Lárgate! ¡Ojalá algún día ese crío haga algo bien! ¡Comenzó arruinando todo, esa será su maldición!"

La partera mantuvo al pequeño abrigado, pues no dejaba de llorar. Se alejó del sitio y caminó hasta la sala.

"¡MUERE, MUERE, MUERE!"

Exclamaba ella, pero la partera chitó varias veces, meciendo al pequeño.

"No hagas caso a esa mujer mi niño, serás un hombre muy fuerte y sobresaldrás de entre todos. Yo lo sé, lo veo en ti..." besó sus mejillas y frente "Serás especial, tanto que tus padres se arrepentirán por haberte dejado ir..."

El pequeño se removió sobre la manta, su llanto cesó porque incomprendía la situación, pero el gesto de aquella mujer hizo de su corazón un lugar tranquilo. La partera sonrió, meciéndolo.

"¿Sabes que naciste en un día especial? De donde provengo el cempasúchil es abundante en estas épocas ¿y sabes cuál es el significado cuando se esparce por todo el país, especialmente en las ofrendas?"

El menor balbuceó y movió sus pequeñas manos.

"Luz que guía a los muertos para regresar con los vivos. Regresan a sus hogares sin perderse. Cuando seas grande, espero que puedas guiar a muchas personas" dijo entre risas. "Claro, no digo que a los muertos..., pero tú entiendes... prefiero eso a que te conviertas en un geranio oscuro lleno de melancolía"

Y aquella noche permaneció en los brazos de aquella mujer que lo cuidó como si fuera su propio hijo. Los días siguientes fueron un tormento, pues a altas horas de la madrugada su madre biológica despertaba para intentar asfixiarlo y en una de esas casi logra su cometido si la partera no la hubiera alejado del bebé a tiempo. La mujer de ojos azules perdía la cordura y su corazón se ensombrecía cuanto más miraba los ojos del menor. Idénticos a los suyos, pero con el rostro y afinidades de su padre.

"¿Lo sabes no? pequeño mocoso" dijo al calar de su cigarro. "El imbécil de tu padre ya se casó y tuvo un heredero, y míranos a ti y a mí... comiendo mierda" dejó escapar el humo entre sus labios, miró a todos lados y luego sonrió. "Debí arrojarme a un tren cuando pude, pero ¿por qué yo habría de pagar tú precio? La fortuna es que me tuvieron lástima y ahora podemos vivir en este techo con comida diaria y halagos gratis..."

Sonata espectral de un alma solitaria. [EDITANDO]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora