En medio de tantas aceleraciones, un recuerdo se mantuvo presente frente a los ojos de William y Darien, donde Verónica y Greco mantenían una amena conversación. En este punto, el rostro de Verónica se mostraba afligido mientras miraba por fuera de la venta, detenía sus pupilas en las gotas que resbalaban por el cristal. Era difícil saber con exactitud lo que pensaba o lo que había ocurrido, pero las palabras no eran sino una pila inútil frente a las arrugas melancólicas de su rostro.
"¿Qué le entristece, señorita Wood?"
"Antier murió..."
"¿Murió? ¿Quién?"
"Mi joven vecino de dieciséis años... y el llanto de su madre sigue perturbando mis oídos. Greco, ¿me llamarías loca si te dijera... que a este punto me encuentro obsesionada con la muerte?"
El apuesto caballero engrandeció los ojos, desconcertado ante el comentario. Inclusive William se sorprendió al escucharla.
"¿Por qué dice eso señorita Wood?"
"Lo he pensado desde que mi padre falleció. Cada noche antes de dormir suelo imaginarlo. Pienso en lo último que pensó, imagino cómo fue su último aliento, si imaginó cosas antes de irse o si... vio a mamá. A veces suelo enfadarme un poco porque yace ese reclamo en mi cabeza que le dice a mi padre, ¿Por qué no te quedaste más tiempo? quisiera correr a donde nadie me conociera, hundirme en el agua, sumergirme en flores blancas o simplemente cerrar los ojos para no sentir esta amargura profunda. Pero haga lo que haga, es inútil. Su ausencia mata, el tiempo no cura, tan solo me ha hecho acostumbrar a que la vida es así, pero no lo entiendo. No entiendo tampoco cómo un niño tan joven y propenso a un largo camino lleno de bendiciones terminó ahí... bajo la tierra, y su madre sigue aquí, llorando... llorando"
Inspiró profundo, sosteniendo su pecho.
"Su lamento está perforando mi corazón y con ella, día tras día, voy muriendo un poco más. Greco, aunque la muerte es algo natural, ¿por qué la tomamos más en serio cuando pasa muy cerca de nosotros pero no nos lleva, sino a alguien que queremos?"
Greco no supo que responder, tales pensamientos eran dignos de una persona que, día tras día intentaba recuperarse del luto, pero cuando parecía esperanzador, la muerte volvía a tocar muy cerca de ella, asustándola.
"Señorita Wood, si en sus manos estuviera volver a ver a su padre-"
"Lo haría, cualquier cosa que tuviera que hacer ¡La haría!"
"¿Y en verdad eso sería suficiente? Postergar una despedida solo hace más difícil tomarla en serio. Cuando un ciclo debe terminar, no hay poder humano que lo impida. Señorita Wood, puede que ahora mismo los sentimientos que albergue en su corazón sean, ira, frustración, angustia, miedo... incertidumbre, incluso un vacío interminable. Pero debe saber, que ese dolor no perdurará para siempre y cuando ese tiempo transcurra, en su corazón el único sentimiento que prevaleció, pero se mantuvo al fondo, volverá y resurgirá sobre los demás. Y es el amor. Porque al final, es eso lo que mantiene a los que quisimos con nosotros, aunque ya no estén."
Verónica soltó en llanto.
"No puedo esperar porque el tiempo pase y este duelo desaparezca"
"No desaparecerá" dijo Greco, mientras se acercaba para envolverla en sus brazos. "Más bien, usted sabrá sobreponerse."
William cerró el recuerdo y aceleró con prisa hasta el final, Darien miró por el rabillo del ojo a su mentor, el cual no parecía muy complacido por aquella conversación. Tenía muchas preguntas envueltas en la punta de su lengua, pero le resultaba difícil dejarlas ir. Aunque había una en particular que siempre deseó hacerle.
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Sonata espectral de un alma solitaria. [EDITANDO]
Novela JuvenilEn el pasado, William Wilder era el violinista más temido de toda Inglaterra. Amado y odiado por su don tan sublime sobre las cuerdas de su oscuro violín, pues no solo causaba contusión entre los vivos, sino también entre los muertos. Tras su fallec...