Capítulo 60 - Yo fui quien lo mató

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En el trayecto Terry exigía constantemente explicaciones, pero como respuesta obtenía a un William suspirando.


—Ha sido una noche muy loca, demasiado para procesar... hablaremos de eso en el hotel

Todos lo miraron consternados, excepto Lysandro.

—¿Qué? ¿No sabían que cerca de aquí está uno?

—¡Pero-

—Solo dame un respiro Terry, hablaremos de esto mañana ¿bien? Necesito estar solo

—¿Solo? —interfirió Darien. —William-

—¡Ah! —acribilló Lysandro. —Y ya son tan cercanos que incluso le dices por su nombre, ¿Me han visto la cara? ¿En serio? No tienen idea de cuán furioso me están poniendo

—¡Basta ya Lysandro! —exclamó William. —Mañana pataleas, si quieres te desquitas conmigo pero en serio necesito estar solo —miró a Darien, con seriedad. —espero que respeten mi decisión y no me hablen hasta mañana

Darien suspiró con pesadez y asintió.

—Les pagaré las habitaciones, en cuanto a Kokia y Gelida... estoy agradecido de que la situación no los hiciera caer, pueden descansar también y los veré en la mañana. O cuando requiera de su ayuda ¿bien?

Ambos asintieron. Gelida estiró sus cadenas hasta las copas altas de los árboles y desapareció entre ellos. Sin embargo, cuando Kokia estaba por despegar hacia el cielo, Terry le sujetó del ala.

—Kokia, muchas gracias por cuidarnos. Te quiero mucho

"Hoo, hoo"

Se dejó acariciar la cabeza y voló. Los demás, con caras demacradas se retiraron del sitio. Al llegar, William pidió una habitación para él solo, Darien y Terry dormirían en la misma, mientras que Lysandro, aunque poco le importaba quedarse ahí, aceptó una habitación no muy lejos de la de ellos. En la madrugada, Darien no podía conciliar el sueño, de hecho, ni siquiera Terry podía cerrar los ojos sin recordar lo sucedido. Temía porque alguno de esos espectros lo arrastrara lejos de la habitación y le hiciera quién sabe cuántas cosas.

—Maestro..., no puedo dormir... tengo miedo

El castaño suspiró.

—Yo también

—Maestro, ¿puedo dormir con usted?

—No

—¿Por qué no?

—Porque no es apropiado

Terry se removió incómodo sobre la cama, hundió su pequeño cuerpo en las sábanas.

—Maestro, ¿Quiénes son ustedes realmente? ¿Por qué ocultaste tu voz?

—Dijimos que discutiríamos esto al amanecer

—Ya es madrugada

—Escucha Terry, cuando uno es adulto es mejor mantener ciertas cosas en secreto, más que por ti es por los demás —inspiró profundo, soltando un vago suspiro. —creo que ahora... lo entiendo mejor

—Pero ese maestro Allen, ¿realmente lo hizo por él?

Darien se encogió de hombros.

—Ya no sé, realmente no sé lo que estoy haciendo —frotó su rostro, sentía pesadumbre en su pecho al imaginar a William, ahí, sentado en el borde de la esquina

Quizá bebiendo, quizá llorando. Con la cabeza baja o tumbado mirando el cielo.

—Maestro...

—Terry, no es el mejor momento para charlar —se sentó, quitándose las cobijas de encima. —iré por algo de beber, ¿quieres algo?

Sonata espectral de un alma solitaria. [EDITANDO]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora