Capítulo 30 - No volverá a ocurrir

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William...

William...

¡WILLIAM!

Despertó de golpe, jadeando y con el pecho latiendo como locomotora. Darien lo sostenía de ambos hombros, totalmente horrorizado.

—¡Maestro Wilder! ¡Maestro Wilder!

William sintió sus mejillas húmedas, pasó su pulgar por debajo de ambos ojos e inspiró profundo. Tratando de recuperar la compostura.

—Maestro Wilder, ¿se encuentra bien? ¿¡Se encuentra bien!?

—¡Por Dios Darien! —chitó. —¿¡Cómo se te ocurre despertarme así!? ¡Pude quedar atrapado en su cuerpo! ¡Pudiste despertarla y yo habría muerto!

Darien lo miró avergonzado.

—Pero maestro, usted me pidió que lo despertara, estaba gimiendo por ayuda y no dejaba de temblar

William miró las manos de Darien y notó varias marcas rojas.

—¿Qué te pasó?

—Bueno... digamos que en un punto usted parecía paranoico y empezó a gritar que le dolía mucho el vientre, momento atrás usted...

—¿¡Yo qué!? Dilo

Darien hizo una mueca y miró hacia el suelo. William quedó perplejo y se levantó de golpe con evidente gesto de disgusto, debido a ello perdió ligeramente el equilibrio pero Darien lo ayudó al sostenerlo del brazo. En efecto, William había vomitado y era tan asqueroso ante sus propios fluidos que de haberlo visto más tiempo habría vuelto a vomitar.

—Lo sé maestro, temía porque se ahogara con su propio vomito ya que su cuerpo no reaccionaba, tan solo temblaba

—Pero esas marcas en las manos

—Ocurrió en último instante, antes de despertar

William lo miró serio. Apenado porque a pesar de tener guantes hubiera tenido tal fuerza para lastimarlo. Carraspeó, evitando su mirada.

—Maestro Wilder, ¿se encuentra realmente bien? ¿qué vio en ella?

William suspiró.

—Darien, son demasiadas cosas pero primero debo atenderla y segundo, debes curarte los golpes que te causé

—Pero no me duele

William lo sostuvo y apretó con fuerza, como resultado Darien soltó un par de quejidos. Su mentor lo miró con la ceja alzada.

—¿Decías?

—Pero maestro, ¿cómo voy a dejarlo con un espectro como este? En cualquier momento-

—Escucha Darien, te lo diré solo una vez... irás a sanarte esas heridas y te veré dentro de siete días, sino es que ocho

—¿¡Qué!?

—La pena que carga consigo esa mujer no sanará tan pronto como yo creí y si no hago algo al respecto volverá a... por cierto ¿y el bebé? ¿¡Dónde está el bebé!?

—Tranquilo maestro, no sería tan descuidado, lo dejé arrullado sobre mi saco antes de ayudarle a usted

William suspiró.

—Me va a dar algo... de verdad —bufó. —entonces esto es lo que haremos, te irás a sanar y entregarás ese niño a su verdadera madre. Yo me quedaré con ella aquí y tocaré la sonata por siete días seguidos, si no funciona tendré que crear otra que pueda sanarla o al menos liberarla de ese sentimiento que la carcome, ¿entiendes?

Sonata espectral de un alma solitaria. [EDITANDO]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora