Capítulo 63 - El gusto es mío

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Entonces, ¿Las cosas volvían a ser como solían ser?

El pelinegro por un lado junto a ese ente monocromático y el castaño por el otro, pero esta vez tratando de reconfortar al niño que estaba furioso. Cuando el autobús se detuvo el menor únicamente dedicó un par de palabras a Darien.

—¿Por qué sigues a su lado?

—Yo-

—Maestro... Daniel... si es que ese es su verdadero nombre. Si tiene un poco de amor propio, amor por su voz y por su vida, por favor... déjelo solo, por una vez déjelo solo

—Es mas difícil de lo que parece

—No, usted es quién lo hace ver difícil. Si fuera usted, hace tiempo lo habría dejado en su miseria... cuando lo salvó ¿siquiera le dijo gracias?

Darien guardó silencio. Después de vagar con la pregunta en su cabeza finalmente decidió soltarla.

—Terry, la relación que él y yo compartimos es más... profunda de lo que piensas, hemos vivido demasiadas cosas juntas, de las cuales, aunque algunas quisiera olvidarlas, son importantes para lo que somos ahora. Si él fuera William Wilder..., habiéndolo conocido aunque sea en este corto periodo de tiempo ¿serías capaz de lastimarlo? Es decir, delatarlo frente al resto sabiendo que los espectros y alguien en particular lo persigue

El menor contuvo la respuesta, analizó las cosas, ni siquiera él sabía qué responder.

—A diferencia de él yo si soy agradecido, ese no quiere despedidas quizá porque es tan cobarde como para decir adiós. Ojalá usted nunca se vea envuelto en su amargura

Sin más, bajó del autobús y esbozó una media sonrisa. Una que denotaba tristeza.

—Espero verlo algún día en la vida, le deseo lo mejor... y cuando digo eso, usted sabe que no es junto a él, al menos... no en lo que se está transformando

Darien le miró serio, con cierta amargura. Se despidieron al alzar la mano, Terry dio la vuelta y su silueta se desvaneció tras el gran tráfico de personas. Cuando giró hacia donde estaban los otros dos, dichos ya se habían puesto en pie para bajar. William ni siquiera le miró al pasar junto a él, Lysandro ya estaba placido por ese panorama, no hacía falta sonreír. Los tres bajaron, en silencio.

William, por indefinidos segundos buscó en el rabillo del ojo la silueta de Terry. Sus palabras severas dieron efecto, lo que él esperaba.

Tú no lo entiendes, jamás lo entenderías. Hice una promesa con Kokia, ella querría lo mejor para ti. Mantenerte lejos de mí es lo mejor.

Ese niño... después de todo, ¿qué habría de saber? Y explicarle tampoco lo salvaba de los infortunios que pasaban alrededor de William.

Llegaron hasta el lugar donde Gelida solía impartir clases, sorprendentemente no parecía estar desolado, sino con más vida que nunca. Alumnos entraban y salían del lugar con instrumentos en mano, lo cuál le resultaba bastante inesperado a William. Si Gelida no estaba para guiar a los alumnos, ¿Quién lo hacía ahora? Se detuvo en seco, admirando las letras grandes y oxidadas del lugar.
Las paredes un tanto quebradizas, la gente caminando de manera transeúnte.

—¿Por qué sigue funcionando este lugar sin Gelida?

—Tú sabes... —dijo Lysandro. —la vida sigue aun cuando alguien ha muerto, la falta de uno no afecta al resto

—Te equivocas —se interpuso Darien, muy serio. —quienes lo amaron sienten su pérdida, pero es algo que nunca vas a entender... ni tú ni él —refirió a William

Sonata espectral de un alma solitaria. [EDITANDO]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora