No es que haya volteado intencionalmente, es simplemente que volteó en el momento menos indicado. O mejor dicho, exacto. Desde afuera Darien gozaba del canto de los pájaros sobre los árboles frondosos, su melodía era tan frágil y suave... demasiado conmovedora incluso para su corazón. Nadie como él podía describir perfectamente la sensación de un canto angelical en el corazón. Muy dentro de sí recordaba aquellos días de gloria bañados en notas de gracia, la sensación de estar frente al público y ser ovacionado una y otra vez por su talento, desgraciadamente todo aquello ahora se había convertido en un simple recuerdo.
Cuando escuchó a los pájaros cantar de un lado a otro no pudo evitar tararear dentro de sí. Las aves siempre fueron su fascinación, andan libremente, vuelan con total libertad y cuando cantan es como si los ruiseñores lo hicieran. Había nostalgia en Darien, más no tristeza. Quizá días atrás seguía hundido en melancolía, pero por primera vez en diez largos años finalmente pudo salir al exterior y contemplar el cielo azul, decorado con un sinfín de nubes esponjosas. Los rayos del sol de nuevo acariciaron su piel y dieron contra sus pupilas, para Darien eso bastaba. Sabía que nada había sido en vano. Ni siquiera la espera por ese paisaje, por esa sensación.
Inspiró profundo, sonriendo en sus adentros, si todo aquel que lo llamaba violento lo mirara ahora con esa expresión, entendería el porque de William al decirle siempre "cachorro fiel". Incluso para William fue difícil asimilar su porte tosco del principio, pero cuando sonreía recordaba entonces porque siempre había sido un niño adorable. La tranquilidad de ese ambiente fue interrumpida cuando una chica joven y muy atractiva le saludó y continuó su camino.
En cuanto iba a abrir la puerta, William salió. Se miraron sorprendidos el uno al otro, momento exacto en el que Darien volteó.
—¡Fátima! ¡Qué gusto verte!
Y el anciano enseguida la abrazó. Al separarse, esa chica estrujó en un gran abrazo a William.
—¡Allen! ¿Qué tal te ha ido? ¡Tanto tiempo sin vernos!
—... ¡Así es! De hecho, hace tanto que no te veo que ni me acordaba cómo eras
Fátima soltó una pequeña risa.
—De hecho... es como si te viera por primera vez —dijo con picardía. —luces preciosa, por cierto
—Oh Allen, eres siempre tan lindo... me hace alegría verte por aquí, no sabía que vendrías
—Si te digo la verdad, tampoco lo tenía contemplado —sonrió. —es como si me invocaran, de pronto surgió mi necesidad de venir
—¿Y qué tal ha estado Susan? ¿Está bien de salud?
—Eh... sí, creo que bien... de hecho ya estaba por irme, tengo que ir a verla
—Oh... —de pronto la sonrisa de Fátima se desvaneció
—No te pongas así... —William se acercó a ella y pasó por detrás de su oreja uno de los mechones rizados. —querida...
Fátima le miró sorprendida, con un rubor inmenso en sus mejillas y los ojos cristalizados. Como respuesta, William sonrió. De nuevo su toque seductor que siempre lo caracterizó salió a flote. Tan elegante y tan deductivo para decir lo que las personas querían escuchar, especialmente hacia las mujeres. Darien miró en silencio aquella escena, no le sorprendía en absoluto que William siempre fuera así. De hecho, fue como si en un parpadeo hubiera recordado una de esas tantas escenas.
Cuando Darien ya se había vuelto famoso por su voz de ángel y cantaba en los más grandes teatros de Londres, William siempre coqueteaba con las chicas o maestras que se encontraba. La misma técnica, las mismas palabras y la misma rutina. Una vez que deslizaba los mechones por detrás de la oreja decía cosas para hacerlas reír, hacía de su voz más atractiva y daban la espalda al resto. Lo cual terminaba en una cosa segura... sexo sin control en quien sabe dónde. A pesar de ser un sinvergüenza, William no fue un tonto. Jamás llevó a ninguna mujer dentro de la mansión Wilder, ni una de ellas durmió en su cama por mucho que lo quisieran. Gelida no hacía más que reírse de ese comportamiento mientras fumaba sus puros.

ESTÁS LEYENDO
Sonata espectral de un alma solitaria. [EDITANDO]
Teen FictionEn el pasado, William Wilder era el violinista más temido de toda Inglaterra. Amado y odiado por su don tan sublime sobre las cuerdas de su oscuro violín, pues no solo causaba contusión entre los vivos, sino también entre los muertos. Tras su fallec...