¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Amelia rodó los ojos una vez más.
— ¡Basta de comportarte como una niña, Amelia! —regañó Charles mirando la portada del periódico una vez más.
—Lo siento, padre —su voz sonó seria—. Pero lo quiero más que nada.
—En esta familia no hay espacio para el amor.
—Entonces, ¿por qué estás con Camilla? —alzó una ceja.
Después de pasar la semana entera con la familia Evans en Disney, Amelia tuvo que tomar un vuelo a Londres para ver a su padre antes de volar a África.
—Tienes casi veintitrés años, Amelia —le recordó—. Madura ya.
—Tenía siete años cuando empecé a madurar, padre, y estoy tan segura de que quiero estar con Chris —se levanto de su asiento.
— ¡Los medios te nombraron la nueva princesa Margaret! —le lanzó el periódico, en la portada se veía una foto de ella seguida de una más pequeña de su tía abuela.
—Los medios apoyaban a la tía Margaret —recordó cuando, de pequeña, su tía Margaret solía contarle acerca de su fugaz romance con el capitán Peter Townsend y lo arrepentida que estaba de no haber dejado su lugar en el trono por amor.
— ¡Pero esta familia no son los medios! —recordó—. Somos la monarquía y tienes un lugar en ella, aunque te duela y te cueste aceptarlo.
—Pues yo estoy dispuesta a dejar mi título para estar con el —Charles la miro mal.
— ¿Estás demente? —preguntó enojado—. ¡Jamás dejarás tu título como princesa!
—No necesito tu permiso.
—Pero si el de tu abuela —ella miro a su padre confundido—. Hasta cumplir los veinticinco, la reina decide lo que es bueno o no para ti.
Amelia miro enojada a su padre, le dolía aceptar que era cierto.
—Estoy enamorada de él —soltó—. Lo amo, papá, ¿entiendes?
—No, Amelia, no lo entiendo.
—Es irónico que lo digas, recordando tu relación con Camilla antes de mi madre —sabía como atacarlo, lo conocía a la perfección—. Tu más que nadie debería entenderme.
Charles la miro—. Amelia.
—Nos enamoramos de personas que no nos convenían —tomó su bolso y camino a la salida—. No somos tan diferentes como lo creía, ¿sabes?
El príncipe de Gales miro a su hija cerrar la puerta de su oficina, minutos después pudo oír un automóvil alejarse.
Camino al aeropuerto, Amelia no pudo evitar pensar en toda su familia que se había enamorado y terminaron perdiendo; Edward VIII, el rey que dejo la corona por su amada, su tía-abuela Margaret que se enamoro de un hombre divorciado dieciséis años mayor que ella y su padre quien se había enamorado de Camilla