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CHRIS ESTABA FATAL, sentía un hueco en el pecho que no se llenaba con nada, su ansiedad había regresado y las noches de insomnio lo dejaban exhausto. Todo estaba mal y el no quería arreglarlo.
—Chris —el actor se acomodó en su cama oyendo a su madre tocar la puerta.
—Estoy descansando, mamá.
—Yo me encargo, Lisa —escondió su rostro en la almohada al oír la voz de Scarlett—. Christopher Evans, abre la puerta ya mismo.
Chris rodó los ojos levantándose de la cama y caminando a la puerta y quitando el seguro. Scarlett entró después de East.
—Mierda, Chris —miro la habitación.
La ropa y zapatos en el suelo, la cama destendida y el aspecto del ojiazul era de un vagabundo.
—Bien, métete a bañar —ordenó.
—No quiero —se quejó acostándose nuevamente.
— ¿Quieres que le hable a Robert para que venga a regañarte? —dejo sus manos en su cintura mirándolo fijamente.
Al hombre no le quedo de otra que seguir las ordenes de su mejor amiga. Mientras el se aseaba Scarlett recogía la habitación.
—Hay mucha luz —volvió a quejarse Chris al ver las persianas arriba y las ventanas abiertas.
—Parecía el escondite de Drácula.
Chris la miro cansado, lucia tierna en esa etapa de madre.
—Vístete, vamos a salir.
— ¿Quiénes?
—Tu, Emily, las bestias y yo —explicó—. Te esperamos abajo.
Chris suspiro pasando su mano por su cabello mojado, no tenía ganas de salir.
—Eso es —Robert aplaudió al verlo bajar de las escaleras con una chaqueta café en sus manos—. Mi muchacho.
El ojiazul rodó los ojos—. ¿A dónde vamos?
—A los bolos —Sebastian dejo a Miles en el suelo.
Hemsworth se levantó del sofá —. Vamos a pasar un buen rato juntos entre bros... y las bellas damas.
—Ruffalo ya esta en el boliche.
Chris se despidió de sus padres y salió de su hogar, se sentía extraño, llevaba un mes sin salir de su casa.
—Te perdiste, Sebastian —regañó Robert.
—No me perdí, ¿bien? —gruñó—. Solo... hay tráfico.
—Literalmente eres el único automóvil en la calle, Stan.
—Scarlett, por favor, de regreso a la casa Evans tu te vienes de copiloto —pidió.
—Mejor yo manejo.
Chris, cansado, habló—. Das la vuelta en la próxima esquina y dos cuadras después está el centro comercial —explicó—. Ahí está el lugar.
—Gracias, Chris.
El grupo de amigos entro al centro comercial donde pasaron desapercibidos hasta llegar al boliche. Ahí formaron dos equipos y empezaron a jugar.
—Está vez las cervezas van por mi cuenta —Robert dejo los billetes en la mesa.
Chris negó divertido al ver a Pratt soltar un grito de frustración cuando la bola se fue de lado.
—Amigo, apestas —Hemsworth fue el siguiente dejando solamente tres pinos.
—Vamos, Evans —Makie lo retó—. Me contaron que eres un maestro en el boliche.
Chris se acercó a tomar un bola pero Robert lo detuvo—. Hagamos algo.
—Dispara.
—Si haces una chuza yo pago las siguientes cinco rondas —le dijo—. Pero si no logras tirar ni una entonces tu pagas el resto de la noche.
El ojiazul, confiado, acepto—. Trato.
Después de unos segundos lanzó la bola derribando todos los pines.
— ¡Eso Chris! —Scarlett aplaudió emocionada de que su equipo fuera ganando.
—Dame el dinero, viejo.
Robert rodó los ojos sacando su billetera—. Te daré cien dólares, debe alcanzarles para suficientes cervezas —los tres Chris celebraron animados.
Las cervezas siguieron hasta las diez de la noche, para esa hora, Scarlett, Robert y Mark eran los únicos sobrios en el lugar.
— ¿Dónde está Chris? —Robert miro a los lados preocupado.
—Tampoco está Emily —mencionó Scarlett.
Sebastian Stan soltó una risa—. Se fueron juntos en un Uber.
—Hey —Mark le dio unas palmaditas en la mejillas sacándolo de su ensoñación—. ¿A donde fueron?
—No lo sé —se encogió de hombros—. Pero, ven, te voy a contar un secreto.
Mark acercó su oído al rumano.
—Los vi besándose —volvió a carcajear.
El actor volteo a Scarlett y Robert—. Mierda.
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