Capitolo Venticinque - Capítulo XXV

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—Pero ¿sabes qué es lo que más me molesta?

—¿Qué cambió el color de su cabello?

—No, bueno sí, también eso. Seguro me quería confundir. ¡Cómo la odio!—Sin darme cuenta ya le había contado a mis más cercanos amigos que ella había vuelto.

—Bueno, Steph lo único que te queda es afrontar el problema—dijo Melissa.

—Es que… No puedo aceptar que ella esté aquí y sabes, ahora que lo recuerdo. Cuando recién me fui a vivir a Venecia recibí un mensaje firmado por CB y me hablaba con tanta familiaridad. Quizás este conspirando, pero ahora que sé que también se llama Catherine puede que haya sido de ella. ¡Qué desgraciada! ¡Es que… No me la aguanto! Llega con sus gafas de alcohólica recién salida del anexo y deja mi casa oliendo a su apestoso perfume—Inhale de mi cigarro y me crucé de brazos por el frío.

—Qué extraño, jamás te habías quejado de su olor.

—No es su olor, es su esencia. Aroma a mentiras y secretos. ¿Sabes? Antes de saber que ella era Catherine, Lee me contó que se había divorciado hace un año y que estaba peleando por la custodia de sus hijos, pero ahora que los vi… Bueno, no a todos. Me di cuenta que la única menor de edad era Edith, su hijo mayor, Dashiel no venía con ella. Seguramente decidió quedarse con su papá, me sorprende que Ignatius y Roman hayan decidido quedarse con ella. No quiero decir que ella sea una mala madre, pero, ay, ya ni siquiera sé que estoy diciendo—Tiré lo que restaba del cigarro.

—A ver, yo creo que estás exagerando. Ya no estamos en el colegio y te puedo asegurar que nadie desaparece y aparece de la nada sin una razón. Algo cósmico, universal o de dios hizo que ella volviera a tu vida. Quizá no quiere arruinarte, quizá no sabía que tú estabas casada con su hermana. A parte tú también cambiaste, tanto de color del cabello, como internamente. Seguro que miss Gamble tiene alguna explicación.

—O una excusa—Interrumpí— Como sea, destino o no, dios o el diablo, cambios o diferencias... Voy a encontrar la manera de deshacerme de ella o en su defecto de dejarle todo e irme con Lee. Yo no quiero sus buenas intenciones cerca de mí.

—¿Le tienes miedo?

—Sí. Ella siempre aparece y algo sale mal.

—¿Todavía sientes algo por ella no es así?

—Rencor. No soporto las mentiras.

—Te aconsejo que la perdones y trates de llevar la fiesta en paz. Tarde o temprano ella se va a tener que ir, pero no olvides que ellas son hermanas y por lo tanto tu familia.

—Lo sé—Suspiré—Trataré de hacer lo correcto, siempre que ella no quiera pasarse de lista. Igual gracias por escucharme.

—Sabes que estoy para ti, aunque no físicamente, lo estoy y tranquila que todo va a salir bien. Solo procura llamarme más temprano la próxima vez—Mofó.

—Te quiero, de verdad gracias por aguantar mi drama.

—Es mi parte favorita de ser tu amiga. No tienes que ser una adulta y siempre puedes lloriquear como niñita conmigo. Llámame cuando quieras, nos vemos pronto—Se despidió.

Me sentía cansada y la vista me pesaba. Volví al cuarto con Michelle y ella se encontraba despierta, le acerqué un vaso de agua y platicamos un rato más, pues pronto amanecería, y yo tendría que irme.

No dormir complicaría mucho mi día

[…]

Llegué a casa minutos antes de que el sol saliera por completo. Quería darme un baño y tomar una rica taza de café, sin problemas.

𝑴𝒊 𝒎𝒂𝒆𝒔𝒕𝒓𝒂 𝒅𝒆 𝑰𝒕𝒂𝒍𝒊𝒂𝒏𝒐 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora