—¡Llegaste!—Gritó.
—Por su puesto—respondí.
—¡Baja, ya!—Ordenó con desespero.
—Espera, no encuentro el celular—Busqué en el asiento.
—No se preocupe señora, yo lo busco y se lo entrego—habló Bernard.
—Gracias—Le sonreí y bajé del auto.
—Te extrañé mucho—Se lanzó a mis brazos, mi preciosa esposa—Odio que tengas que irte tan temprano—Susurró a mi oído con un tono aniñado.
—Si me vas a recibir así todas las tardes—La observé y estaba en bata—...Me conviene irme entonces—Apreté su cintura con fuerza y disfruté del calor que su cuerpo emanaba.
—¿Cómo te fue?—Tomó de mi mano y me llevó adentro de la casa.
—Mejor de lo que creí—Cerré la puerta a mi espalda y regresé mi vista a ella—¡Amor!—Abrí los ojos con sorpresa. Lee se encontraba desnuda.
—Te dije que te lo recompensaría—Sonrió coqueta.
—Sí, pero—Colocó su dedo índice sobre mis labios y no que dejó argumentar nada más.
Sus labios dulces y húmedos atacaron directamente los míos, y me dejé llevar por ellos.
Desde el primer día viviendo con ella, hasta aquella tarde de verano en que me pidió ser su esposa, no he podido negarme a su bellos ojos y embriagadores labios. Con ella no existen miedos o razones para negarme ante sus encantos y deseos. Todo este tiempo se ha desvivido por ayudarme a crecer profesionalmente y también como persona. Ella es la mujer más perfecta que yo he conocido… Segura de si misma y de lo que se merece. Apasionada en su trabajo y en el amor, es mi más grande alegría y regalo del cielo. Amarla es la mejor decisión que he tomado, a pesar de los pequeños problemas y los malos recuerdos. Sin ella, mi vida no sería el éxito que es hoy en día.
—¿De qué te ríes?—Me miró a los ojos.
—De lo hermosa que te ves manchada de rojo—Toqué sus labios.
—Bueno, tú también te ves muy tierna con tu rostro todo manchado de labial—Besó mi nariz.—Listo, una payasita—Mofó.
—Ah, ¿ahora soy payasa?—Alcé ambas cejas.
—Pues, prácticamente sí—Soltó una carcajada.
Amaba verla bromeando y jugueteando con una niñita.
—Ja, ja, doña graciosa. ¿Qué desayunó? ¿Payaso?—Acaricie su rostro y acomodé un mechón de su cabello.
—Algo mejor—Mordió su labio inferior—Una nena de azúcar—sonrió coqueta.
—¿Así?—Miré su boca.
—Sí—lamió sus labios—Justo ahora sólo pienso en volver a probarla.
—¿Y qué esperas?—Me di la vuelta.
—Es que... Hay un gran problema—Susurró a mi oído—No estoy segura de querer quitarle ese traje, se le ve tan bien—Colocó sus manos en el primer botón de mi camisa.
—Sabes que amo estos jueguitos, pero Bernard quedó en traerme el celular y no me gustaría que te encontrara… desnuda—Volteé a mirarla y deposité un tierno beso en sus labios.
—Vamos arriba entonces—Tomó de mi mano y la seguí—Señora Milburn, no puedo dejar de decirle lo hermosa que se ve con gafas—Besó mis mejillas—Y su con cabello recogido—Besó mi cuello—Y con ese traje, ¡dios!—Desabotonó la camisa—Todo le queda tan bien—Entramos de prisa y me empujó a la cama, y yo caí sentada.
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𝑴𝒊 𝒎𝒂𝒆𝒔𝒕𝒓𝒂 𝒅𝒆 𝑰𝒕𝒂𝒍𝒊𝒂𝒏𝒐
Fanfiction"Aferrarme a las personas es un talento nato y por ello la mayoría de las veces termino rota." "No querías cuidarme, ni curarme, querías volverme la mejor; pues espero que estés orgullosa porque después de todo lo lograste. Soy la mejor. ♤♤ Me discu...
