Karma.

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Saco la cabeza por la puerta. Miro a la derecha y a la izquierda. No hay nadie y salgo corriendo.
Desnuda, con una toalla y descalza. Espero no coger hongos. Corro por todo el césped, creo que la gente no se ha dado cuenta aún. Pues claro que no Abigail. En las piscinas siempre hay gente con toallas, ahora verás cuando tengas que caminar por las calles así. Encima con los chicos. Tierra tragame.
Salgo por la puerta de la piscina ya con el pelo casi seco, los chicos me miran, pero no se ríen. En lugar de eso, Hugo se quita la camiseta y me la ofrece.

-Está limpia, me la acabo de poner- tartamudea un poco- por si quieres ir más cómoda.
-Sí- dice Telmo abriendo su mochila- estas son mis chanclas de piscina, porque si no vas a llegar con unos pies... - le quita hierro al asunto.

Los miro y me pongo a llorar en silencio aunque no pueda evitar que se vean las lágrimas.
Se giran y yo rápidamente me coloco la camiseta de Nike de Hugo, que por cierto, huele muy bien. Me pongo las chanclas de Telmo y me vuelvo a girar.

-Bien, solo quiero llegar a casa e irme a dormir, por favor- me limpio la nariz.
-Oh vamos, ¿Enserio? - se queja Hugo.
-Hugo por favor, le acaban de robar- dice Mateo.
-Sí, es cierto y es una puta pena. Pero nos quedan nueve días de verano. NUEVE- se pone las manos en la cabeza- esto se acaba, Abigail y quiero vivirlo, perdón- se corrije- que lo vivamos a tope. Yo te regalaré esa mochila si hace falta...
-Calla- lo interrumpo- tienes razón. No puedo llorar por eso, es solo que tenía mi pasaporte ahí.
-Pero quien coño se lleva el pasaporte a una piscina- dice Telmo enarcando las cejas.
-Una persona que piensa más de lo normal- afirma Hugo sacando su labio inferior de la boca en el cual tiene una cicatriz.
-Hay que ser tonto- niega Telmo de nuevo.
-Y demasiado controladora- entra Paula a la conversación.
-Y calculadora- dice Mateo.

¿Perdón?

-Hola, estoy aquí- saludo por si no me han visto- esta claro que nadie hace esas cosas, pero yo sí. Y sí, quedan nueve días de verano, pero ser como soy no me lo vais a cambiar. Asique si no os gusta, podéis iros- cruzo los brazos y espero a que se vayan.

Pero en lugar de eso, me coge Telmo por los hombros y empezamos a caminar todos juntos.
He llegado a casa de mis abuelos, he llamado, porque no tenía llaves y les he contado lo que me ha pasado estando todos juntos en la mesa.
Mi abuelo casi se vuelve loco, no porque fuera mi culpa, si no porque dice que hay muchos malos en la vida. Y está en lo cierto.

Me he cambiado de ropa, me he rizado un poco el pelo y hemos salido todos para ir a cenar a un bar donde parece que los conocen de toda la vida... Literalmente.
Hemos pedido unas pizzas caseras y unas coca-colas. Me lo estoy pasando de diez, podría decir que se me ha olvidado por completo lo que ha pasado esta tarde con mi mochila, aunque me revienta.

-Aaay- no puede ser- perdonad que llegue tarde, esque estaba haciendo unas cosas- su voz me chirría cada vez que la oigo y me Dan ganas de coserle la boca para que se calle de una vez, menos mal que estoy de espaldas y no pienso girarme.
-Los sitios están llenos y ya hemos pedido la cena, una pena marinero- dice Hugo mordiéndose sus uñas.
-Hugo, siempre igual- se rie- anda dejarme un sitio.
-Dejadme- le dice Paula.
-¿Qué? - le mira con cara de asco.
-Que se dice dejadme, no dejarme- le repite.

Todos se ríen menos yo que estoy escuchando a Paula. Entonces me giro para mirar la cara de panoli que se le habrá quedado y alucino.
No puede ser tan idiota de haber sido ella la que me ha robado la mochila.

Lleva el mismo vestido que yo me habia metido en la mochila esta tarde para ir a la piscina.
A lo mejor lo tiene igual, Abigail. Trato de convencerme a mi misma. Y no quiero juzgar a nadie por como viste, pero viendo como la he visto todo este tiempo y ahora me viene con un vestido azul de Guess... Por intentarlo no pierdo nada.

-Ala, que vestido más bonito- digo sorprendida, pero me agarró fuertemente a las asas de la silla.
-¿Si? Gracias, ha sido un regalo- me lo enseña y cojo aire y miro a todos y me vuelvo a girar hacia ella.
-Pues deben tener muy buen gusto las personas que te lo han regalado- respiro hondo- ¿quien te ha hecho el regalo?
-Mis padres, quien va a ser si no- se ríe mirando a todos a la vez que coge el vestido para que todos se fijen en lo bonito que es. Porque lo es.
-Vaya, dile a tus padres de mi parte que tienen un gusto excelente- me levanto y me pongo junto a ella y no me achanto aunque me saque una cabeza- pero dime, ¿tus padres te han enseñado alguna vez cuando eras pequeña que robar es de mala educación?

Todo el mundo abre los ojos pero no se atreven a decir absolutamente nada. Mateo me toca la pierna y me niega con la cabeza, pero ese vestido apuesto mi mano a que es mío y lo voy a luchar, aunque luego quede mal.

-Disculpa niña, ¿pero de que vas?- me da un empujoncito y me voy hacia atrás- tu que te piensas,¿ que voy robando por ahí así como así porque me gusta?
-Sí- afirma Hugo sin mirar.
-Cállate- le dicta a Hugo. Mira, este verano lo has estropeado todo, has venido, te has metido en este grupo y me has sacado como si fuera una piedra- me explica señalandome. Asique no te atrevas a decirme que te he robado, porque te juro...
-Sabes- la interrumpo- si de algo me siento orgullosa es de la disciplina que me han inculcado desde que nací. Que ha sido buena, muy buena- digo cruzando los brazos por detrás de la espalda- demasiado buena- sonrió hacia abajo- pero lo que siempre me enseñaron, fue que robar es malo, pero también es malo que te roben- los miro a todos y pongo mi mano en el pecho- asique mis padres me enseñaron que cada vez que me comprara algo, cosiera en la etiqueta una A. Así sabría cuando me habían robado o cuando no- todos se callan y Hugo empieza a reírse en silencio.

-Enseña la etiqueta Andrea, enseñala- se sigue riendo.
-Yo no tengo que enseñarte nada- oigo como tartamudea- yo no te he robado nada.
-Entonces no tendrás problema en enseñarme esa etiqueta de Guess- digo y un poco a la fuerza cojo del cuello del vestido y miro la etiqueta.

Todos miran y cogen aire en señal de asombro. Creo que Hugo está llorando de la risa.

-Sabes, continuaré con mi historia- prosigo- en mi familia siempre me han dicho que no debo caer bajo- le sonrío- Quiero mañana a las nueve de la mañana en mi casa todo lo restante, que sabes donde vivo, se lo entregas a mis abuelos y les pides disculpas- me giro, me siento y la vuelvo a mirar- el vestido puedes quedártelo. No lo necesito.

Todos se ríen. Ella está plantada como una estatua, roja y diría que a punto de llorar.

-La mesa esta toda ocupada- vuelve a recalcar Hugo.

Entonces ella se gira y se va sin decir nada.
La cena se ha basado en reírnos de lo que ha pasado y de cómo no voy a querer un vestido de tal marca y de lo que vale, porque lo han buscado en Internet.
Yo me he quejado porque los chicos también gastan ropa con mucho potencial y a ellos no les dicen nada, pero supongo que estarán acostumbrados por todos los veranos.
En parte me sabe mal porque nunca he dejado mal a nadie, pero ella me ha robado y eso no está bien.

Pero en mi familia creemos mucho en el Karma y sé que haber hecho esto delante de todos, no ha estado bien.
Hemos acabado de cenar, estamos subiendo la cuesta que lleva a casa de mis abuelos.
Me despido de todos y subo las escaleras. Abro la puerta y cojo aire.

-Abigail- dice una voz seria.
-Papá.

Life HaackDonde viven las historias. Descúbrelo ahora