Capítulo 39

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— ¿¡Que mierda haces aquí!? —. Taylor le había reprochado sin importarle si las gemelas oían o no la palabrota, necesitaba sacarlo. Temía por lo que su presencia pudiera provocar. Se habían encontrado en el pequeño muelle de la casa de los Agron, Karlie había descendido del yate sin ninguna pena y se posó delante de ella con una mirada retadora. Taylor no iba a admitirle nada, en ese preciso momento solo quería que se la tragase la tierra.

Sin embargo, no podía evitar mirar el cuerpo de la castaña que brillaba gracias a las gotas de agua que escurrían por su abdomen. Karlie iba en un traje de baño de dos piezas, blanco y negro. Taylor se obligó a apartar la vista, era obvio que había estado nadando.

— Yo... Supongo que quería buscarte, buscarlas... —. Explicó como si fuera lo obvio.

— Esta es una playa privada Kloss, si Dianna te ve aquí... — se llevó las manos al rostro realmente mortificada. — Tienes que irte. Por favor Karls.

— ¡Karlie! — Gritaron las gemelas corriendo hacia ella. Taylor bufó. Les había pedido que fueran a la casa, pero como la mayoría del tiempo, había hablado en vano. Llegaron hasta ella y la saludaron eufóricamente seguidas por el pequeño Marc que también saludaba sin entender nada.

— Hola hermosuras. — Karlie se inclinó hacia ellas y las besó, revolvió el cabello del pequeño rubio y le dedicó una mirada a Taylor que no supo cómo interpretar. — Como están... ¿Se divierten?

— Si, pero mamá no nos deja meternos al agua—. Taylor estaba reacia a aceptar su presencia ahí. Esquivaba las miradas de la castaña evidentemente avergonzada por lo que había pasado entre ellas.

— Bueno tal vez pueda convencerla de llevarlas en el yate, ¿Qué les parece? — La castaña movió las cejas de arriba abajo, primero para las niñas, luego para Taylor.

— ¡Si! ¡Por favor! ¿Mamá, puede?

— ¡No! Definitivamente no, regresen a la casa o voy a enojarme, les dije que fueran directo a la casa —. Estaba siendo demasiado para la rubia, se notaba realmente alterada.

— Pero...

— Ahora Tate, nada de peros.

— Vayan, les prometo que pronto podremos ir a un paseo al mar—. Karlie las besó de nueva cuenta, ellas se dejaron entre risas y se despidieron de ella antes de emprender de regreso. — Taylor no seas tan duras con ellas por mi culpa —. Karlie se incorporó. — Solo quería verlas...

— Y te importa una mierda lo que yo diga... Te dije claramente que cuando yo te avisara, pero sigues insistiendo y poniéndome entre la espada y la pared... ¿te das cuenta de que estas invadiendo una propiedad? ¿De los problemas que podrías ...?

— ¡Que mierda hace ella aquí! —. Taylor se puso pálida, apretó sus ojos deseando poder desaparecer. Karlie notó su expresión temerosa. Quería pensar que Taylor realmente estaba feliz de verla, quería pensar que eran víctimas de la situación. — ¡No puedes estar aquí! Esta parte de la playa es privada, largo de aquí o llamaré a la policía.

— Dianna no es necesario, ya hablé con ella y se irá enseguida. — A la ojiverde no le molestaba sostenerle la mirada, a esas alturas lo disfrutaba. Taylor se giró hacia la otra rubia y posó su mano sobre el brazo de ésta, para evitar que se acercara más a la castaña, en un intento de prevención.

— Ahora. — Exigió imponente Dianna esperando que en ese mismo instante se fuera. A Karlie le hacia gracia como se exasperaba fácilmente y se le saltaban los ojos y la vena del cuello. Aquella mujer no sabía de hablar civilizadamente. — Te lo advierto.

— Lo haré. Solo necesito unos minutos con Taylor —. Se atrevió a sonreírle como si fueran amigas intimas, lo que puso más roja a Dianna.

— No, ya basta, ¿por qué no nos dejas en paz? Deja de pretender que puedes ser una madre ejemplar, que puedes entrar en la vida de Taylor tan fácil como saliste, acepta tu patética realidad —. Karlie odiaba la forma en la que la estaba encarando. Y la forma en que Taylor se hacía pequeña y no la defendía como antes lo había hecho. Tal vez si había cruzado la línea.

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