Capítulo 50

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— ¿Qué vas cargando? —. Karlie sonrió mientras se detenía frente a la puerta y dejaba en el suelo una caja que venía cargando desde su habitación, Lily quien iba llegando, la vio extrañada.

— Lo siento — Dijo la castaña por casi toparse con ella.

— ¿Ahora que les llevas? ¿Vas con Taylor no es así? —. Su sonrisa la delataba, ya no podía hacer otra cosa que no fuera sonreír ante la mención de la rubia. Y efectivamente les llevaba algo a sus niñas.

— Un obsequio — Dijo con simpleza Karlie, mientras buscaba las llaves de su camioneta, Lily se acercó a donde estaba.

— ¿Otro? ¿No les bastó con la juguetería que compraste? —. Lily se había burlado de ella por cómo había inundado la sala de juguetes en vísperas de su cumpleaños, pero no le importaba, no era suficiente para ella.

— Este es especial, o bueno eso espero — Karlie las encontró y le sonrió emocionada. — Debo irme antes de que Kariann regrese y me vea.

Era solo una caja y no dos, a su amiga le extrañó además de ese hecho que la caja no estaba forrada, sino más bien tenía un agujero enorme en un lateral, apenas iba a preguntar cuando la caja se movió. — ¡Qué mierda!

— Shhh...

— ¿Qué demonios traes ahí? —. Lily se había asustado momentáneamente, pero creía saber qué era lo que había en el interior. Karlie solo le sonrió y se encogió de hombros ante la mirada interrogatoria de Lily confirmándole las sospechas. — Taylor va a mandarte a la...

— No creo, no después de que las niñas lo vean.

— Buena jugada, pero, aun así, creo que no le agradará la idea —. No sabía porque Lily creía eso, sin embargo, ella también lo presentía. De todos modos, se arriesgaría.

— Pues ruega que sí, porque si no será tuyo — Se rió de la cara que puso la otra castaña y no le dio tiempo a responder, tomó la pequeña caja del suelo, la besó en la mejilla a modo de despedida y salió del departamento. — Debo irme.

******

Muy pocas veces había estado en casa de Taylor, y le encantaba como parecían empezar a acostumbrarse, aun no salía de la camioneta y una de las gemelas parecía haberla oído porque venía corriendo desde el pasillo lateral. A Karlie le costaba a veces diferenciarlas, aunque sabía que quien había salido a su encuentro había sido la pequeña Elizabeth.

Ella se mostraba un poco más cariñosa la mayoría del tiempo, y empezaba a conocerles los gestos y movimientos. Sin duda era ella, levantó su mano y la sacudió frenéticamente para saludarla mientras daba pequeños brinquitos.

Apagó el motor tras estacionarse y salió para encontrarse a la pequeña Elizabeth bajando de la acera.

— ¡Elizabeth Swift! —. Oyó los gritos de la rubia y ella le hizo una mueca a la niña, quien solo rió y se acercó a saludarla, y un poco protegerse de su madre que salía algo ofuscada.

— Hola de nuevo nena.

— Hola Karlie.

— ¡La próxima vez que te salgas sin mi permiso vas a estar en problemas! —. Seguía gritando la rubia con Tate de un lado. Karlie cargó a la niña y caminó con ella hasta la entrada de la casa.

— Tranquilízate Swift —. Saludó la castaña bajando a la niña y sonriéndole a Taylor.

— Si, tranquilízate mamá —. Repitió Beth y Taylor les dedicó una mirada nada agradable a ambas —. Lo siento.

— Hola Karlie —. Saludó Tate menos eufórica pero visiblemente sorprendida de su visita.

— Hola nena, yo espero que no te moleste que haya venido Taylor —. La rubia negó y por fin le sonrió de medio lado.

Siempre Y Desde SiempreHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora