Capítulo 24

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— Taylor por favor, piénsalo bien — Dianna aún quería persuadirla. Pero ya estaba hecho, no había marcha atrás. Ahí estaba Karlie frente a una diminuta versión de ella.

— Para con eso Dianna — Todo aquello era de por si cansado para la rubia.

— Es una maldita sinvergüenza, después de siete años cree que puede venir aquí y hacer que...

— Cierra la maldita boca —. Gruñó Karlie, pero había apretado sus manos en puños y tratando de no llorar o alterarse. Pero Dianna no se intimidó. Se giró hacia ella y le dedicó una mirada aparte de iracunda, de desprecio.

— Mi amor por qué no vas adentro por tus cosas — pidió Taylor a su hija para ganar algo de tiempo con ambas, la niña obedientemente desapareció dentro de la casa. — Ya basta ustedes dos.

— No vale nada, no vale la pena —. Despreció con un gesto y un ademan Dianna y eso fue lo último que dijo antes de que Karlie se abalanzara sobre ella. Le propinó un golpe en el rostro que hizo que se desestabilizara y perdiera el suelo. Pero Karlie cayó con ella.

— Oh dios mío ¡Karlie! — Taylor se metió entre las dos y jaloneó a la castaña hasta que la obligó a ponerse de pie. — ¿Eres idiota? ¡La niña está aquí!

Eso fue lo único que Karlie necesitaba oír para calmarse. Dianna seguía en el suelo y trataba de incorporarse.

— No les hace falta nada, gracias a mí, no a ti. No te necesitan, no la necesitas Taylor, no se las merece. — Taylor la ignoró, tomó de la cintura a Karlie y la obligó a mirarla a los ojos, estaba llorando. — Mírame — Karlie lo hizo, Taylor la tranquilizó con ese azul hipnótico, la castaña asintió aun con un pequeño temblor. — Hablaremos cuando lleguemos a casa. Por favor cálmate.

El pecho de Karlie subía y bajaba, pero le hizo caso, a pesar de querer descargar su frustración con aquella tipeja. Dianna se levantó y Taylor le hizo una seña para que entrarán a la casa.

— Ya mami — la niña castaña salió con una pequeña mochila del mismo color de su vestido. Se la colgaba en la espalda mientras salía.

— Espera aquí cielo, ¿Sí? — Taylor le dedicó una mirada a Karlie de súplica, necesitaba que se comportará y eso le daba unos segundos a solas con la niña en los que Taylor hablaba con Dianna. — Karlie...

La niña vio a su madre entrar y se quedó parada ahí en los escalones de la entrada. Karlie no sabía qué hacer, y por el tono de advertencia que le dio entendía que la vigilara al menos.

¿Era su hija? Claro que era su hija era idéntica a ella, pero como era posible... Su cabeza no daba más pensando en cómo podía ser posible aquello. Era como una mala broma, una que no le estaba sentando nada bien. Porque si era hija suya, había perdido mucho más de lo que pensaba, Taylor había tenido razón todo este tiempo y ella jamás se lo perdonaría.

¿Pero cómo?

Entonces lo recordó, antes de marcharse cuando todo acabó, Taylor y ella habían decidido que querían una familia, en un arranque Taylor había pedido a Karlie que iniciarían con el procedimiento. La castaña no había querido apresurarse porque aún ni se casaban. Pero no pudo negarle a Taylor nada.

Ahí estaba el resultado, una niña castaña de unos seis años, no podría tener más. Con ojos verdes tan profundos como los de ella. Decidió acercarse, no sabía si era lo mejor no quería asustarla, tenía los ojos algo rojos y llorosos. Pero por instinto lo hizo.

Con cautela llegó hasta ella y se inclinó a su altura. La niña no se inmutó solo la vio curiosa.

— Hola.

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