Epílogo 1

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No podía recordar la última vez que se sintió tan nerviosa, si se esforzaba un poco tal vez podría recordar algunos eventos que involucraban a sus hijas, sus primeros días de clases, las primeras citas con Diana, toda su relación con la rubia la había tenido con una tensión persistente, tal vez recordar a su ex era lo más adecuado en esta ocasión.

Nunca había querido que nada las dañara, sus niñas eran su mundo, y mentir sobre Diana había sido lo más simple y lo más complicado que había hecho, sin embargo, ahora no era lo mismo, necesito más que un par de minutos para llegar a la conclusión de que esta vez no estaba nerviosa o preocupada porque sus hijas salieran dañadas, sino al contrario, ellas amaban a Karlie, la mujer no era una desconocida, era su madre y había probado ser todo lo que siempre quisieron y más. Entonces, ¿por qué se sentía preocupada?

Tras analizarlo todo en la misma posición durante un buen rato, llegó a la conclusión de que no era buena con las sorpresas. Solo era cuestión de que enlistara su historial, hace años terminó haciendo cargo de un embarazo ella sola, y más recientemente los malentendidos que la perseguían siempre que intentaba preparar alguna sorpresa.

No podía dejar de pensar que nunca nada le había salido como lo había planeado así que, aunque tenía algo en mente para esa tarde, y en el fondo no había dudas, no podía evitar sentirse nerviosa de ser ella misma quien lo arruinara.

— ¡Mamá! —. Oyó el grito de su hija y espabiló por fin, llevaba demasiado tiempo sentada sobre el colchón de aquella cama, el cabello aun le goteaba, un pequeño charco se había creado frente a sus pies, así que se incorporó dándose cuenta del tiempo que había dejado pasar.

Tomó la secadora y empezó por su cabello mientras oía un par de pasos firmes y fuertes se hacían notar por el pasillo, levantó la vista hacia la puerta justo cuando sus hijas aparecían.

Irrumpieron la habitación con grandes sonrisas y enérgicas como siempre, contagiándola y llevándose con ese gesto un poco de su nerviosismo.

— ¡Mamá Karlie ya llegó! —. Anunció la pequeña Elizabeth levantando los brazos como si hubiera llegado a alguna meta. Taylor les sonrió y maldijo por no haberse vestido a tiempo.

— ¿Nos darás la caja? —. Preguntó entonces Tate recordando cada paso que su madre les había explicado durante las últimas horas previas a arribar en aquella casa junto a la playa.

— No estoy lista —. Confesó Taylor sintiéndose abrumada, checo la hora en su celular y vio que Karlie se había adelantado a la hora que le había dicho.

Bufó irritada, así era como empezaban a venirse a bajo sus planes, no pudo evitar sentirse ansiosa y nerviosa y molesta porque la castaña había decidido precisamente esa tarde empezar a ser puntual.

¿Era mucho pedir que llegara justo a las 6 de la tarde? Había Sido muy clara cuando le dijo la hora. No esperaba que Karlie no supiera que estaba tramando alguna cosa, incluso podría jurar que estaba igual de nerviosa que ella dada la capacidad que tenían para sorprenderse mutuamente.

— ¿Qué hacemos entonces? —. Dijo Tate viendo con curiosidad y emoción reprimida a su madre.

Taylor se puso de pie y fue hacia el cajón de su armario donde había escondido muy la pequeña caja que había destinado que llevara escondida su hija ese día. La sacó de una envoltura de gamuza y luego se giró hacia su hija y se arrodilló frente a ella.

— Recuerda llevarlo en tu bolsillo y no sacarlo hasta que le hagas la pregunta, te daré la señal en cuanto termine yo—. Puso la pequeña caja azul en el bolsillo del vestido de algodón de Tate y ella asintió.

— Y tu amor —. Se dirigió entonces a Beth, dándole otra cajita similar. — ¿Recuerdas lo que le debes decir?

La niña asintió emocionada, Taylor había sido más abierta con ellas esos días sobre su pasado con Karlie, algunos detalles simples que ellas pudieran entender la situación y el contexto que rodeaba ese momento. No sabía lo reconfortante que era poder contarle su propia historia a sus hijas hasta que lo hizo, sobre todo porque no era una historia que hubiera acabado, sino todo lo contrario.

Siempre Y Desde SiempreHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora