‹Ella le sonreía, una sonrisa de lo más genuina, una sonrisa radiante, como todas las sonrisas que solían adornar su rostro, sin embargo, esta era distinta de todas, lo era porque sabía para quién era. Era para ella, una sonrisa que hacía que su rostro se iluminara, una luz que llenaba su rostro, sus ojos y todo su ser.
Ella amaba esa expresión, porque era suya, sólo ella la provocaba y sólo ella era la dueña y única persona a la que aquella sonrisa iba dedicada.
Era imposible no sonreír y verla de aquella forma anhelante y de adoración a cambio. Estaba segura de que le encantaba su expresión tanto como a ella la suya, por la misma razón, sabía. Sólo ella la hacía sentir de aquella manera. No existía nadie más en el mundo que provocara esos sentimientos en ella, la amaba y estaba segura de que el sentimiento era mutuo.
Su cabello rubio ondulaba hacía abajo cayendo por encima de sus hombros brillando ante la luz que las cubría, le parecía un ángel, un ser de luz destinado a estar con ella y salvarla de lo que fuera que debía ser salvada. Soledad. Tal vez sólo de eso.
Extendió su brazo hacía el frente, un gesto que no le sorprendió pero que logró que su vista se separara por un segundo de sus hermosos ojos. La sensación de verla de esa forma era delirante, pero al ver la mano extendida hacia arriba, en un acto por unir sus manos, la hizo desear más el contacto de forma que la llenará por completo.
No lo dudó ni un segundo, su cuerpo reaccionó por sí sólo, dio un paso al frente para estar más cerca de ella y colocó su mano sobre la de ella. Suave, su tacto, su piel, toda ella era suave, sintió un estremecimiento por todo su cuerpo ante el recuerdo que le provocó el contacto.
Sus manos se acariciaron por varios segundos, permaneció pendiente del contacto, aunque no estaba viendo directamente a sus ojos podía sentir la mirada fija en ella y podría jurar que también sonreía tiernamente mientras sus dedos se encargaban de dejar caricias lentas y circulares en su mano.
Todo se sentía real, todo le parecía real. Estaba ensimismada adorando a la mujer delante de ella, sintiendo la felicidad llenar su cuerpo y su mente, la adrenalina y el éxtasis de pertenecer a ella corriendo por sus venas. Creía que era real.
Ella tomó una larga bocanada de aire y dejo salir las palabras junto con su aliento.
— Te amo —. No era la primera vez que lo decía, estaba segura de eso, estaba tan segura como que lo que decía era completamente cierto. Nunca había sentido nada parecido con nadie. Nadie le había enseñado lo bueno y verdadero que puede llegar a ser el amor. Nunca había amado a nadie como la amo a ella, estaba segura, así como lo estaba que jamás amaría tampoco a nadie como lo hizo con ella.
Por un segundo se sintió de lo más feliz, como si de liberarse de un gran peso que se lleva cargando se tratara. Así era, pero no de la forma negativa, sino de la forma en que su amor era tan grande y esas palabras no bastaban, de la forma en que quería repetirlo una y otra vez para convencerla de que decía la verdad, de la forma en que quería que quedara claro porque era cierto, de la forma en que amas a alguien y quieres decírselo a cada segundo. Se había sentido bien repetirle esas palabras. Porque eran ciertas. Las palabras eran ciertas. Sus sentimientos eran ciertos. La amaba.
Pero en el momento en que sus labios pronunciaron dichas palabras, el movimiento de la mano que sostenía la suya se detuvo. Ella miraba extrañada la unión de sus manos, de pronto no se sentía igual. Seguía sintiendo la mirada fijamente en ella, pero tampoco se sentía igual, alzó su vista para ver que había cambiado en la de su amada, porque la mirada llena de amor y adoración ya no se sentía así.
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Siempre Y Desde Siempre
Fan-FictionSiete años es mucho tiempo. Karlie lo sabe. Siete años sin ella. Siete años sin superarla. Siete años amándola aún. Karlie está consciente de que no podrá recuperar su antigua vida, su antiguo amor. Sabe que ella no la ha perdonado y que jamás lo ha...
