Capítulo 89

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Karlie aparcó en el pequeño estacionamiento de la veterinaria de Taylor por segunda vez esa semana, era jueves y su turno de recoger a las niñas, a las que traía en los asientos traseros.

Checó la hora en su teléfono y se cercioró de que ya casi era la hora de salida de Taylor, tenían alrededor de hora y media rondando por ahí haciendo tiempo para recogerla. Las niñas habían estado de acuerdo, no iban a negarse a helados, golosinas y comida rápida.

Contempló la entrada, un par de personas salieron junto con unos perros super raros, estaba segura que esas razas ni siquiera del continente, despejó su cabeza y bajó de la camioneta abriendo la puerta trasera y desabrochando los cinturones de las niñas.

— ¡Mamá mira! —. Tate apuntaba hacia las personas que llevaban al perro larguirucho y hocicón.

— Tate es de mala educación apuntar de esa forma —. Dijo bajando suavemente el brazo de la niña.

— Lo siento, pero es que ese perro esta enorme —. Exclamó dando un brinquito hacia afuera.

— Está feo, no parece un perro normal —. Aportó Elizabeth a lo que Karlie sonrió porque estaba de acuerdo con ella.

— ¿Mamá tendrá de esos perros en su tienda? —. Curioseó Tate tomando la mano de Karlie que ya se dirigía a la entrada.

Esperaba que Taylor no estuviera muy ocupada como para alargar su jornada. Habían acordado que los miércoles y los viernes Taylor sería quien pasará por las niñas, lo que significaba que cualquier otro día podría tener más carga de trabajo.

Sin embargo, creía haber hecho suficiente tiempo, y no quiso avisarle para darle una sorpresa.

— Pueden ir a checar mientras yo pregunto por ella, ¿les parece? —. Sugirió entrando a la clínica, la puerta de la tienda de mascotas estaba en el interior, asi que las dejó ir por su cuenta mientras ella enfrentaba un recibidor vacío.

Las niñas asintieron entrando a la tienda, Karlie parecía vigilarlas a través de la enorme puerta de cristal.

— Oh, señorita —. Una voz la interrumpió y ella giró para encararla.

— Nora, buenas tardes.

— No tengo que preguntar, viene por la doctora Swift —. Karlie asintió, la mujer le sonrió amable y le hizo una seña de que esperara y sin decir nada más desapareció por el pasillo nuevamente.

Karlie pensó en que la iba a extrañar, la mujer siempre era muy amable y parecía que era mutuo.

De pronto espabiló cuando un ruido sonoro salió desde la otra habitación, Karlie enseguida atravesó la puerta de cristal hacia la otra habitación, donde sabía que sus niñas habían hecho alguna avería.

— ¿¡Qué hicieron!? —. La voz de una mujer reprendiéndolas inundó el lugar, Karlie no tardó mucho en localizarlas, Tate mantenía sus manos atrás como si ella fuera inocente, mientras que Beth parecía mas angustiada viendo todo el alimento esparcido en el suelo, ¿Cómo se las habían arreglado para derribar un contenedor lleno de alimento para animales?

Se acercó nerviosa hacia ellas, la mujer parecía estresada y molesta, las niñas se quedaron en silencio solo observando el desastre. — Abigail y Elizabeth.

— Perdón, mamá... es que estábamos tratando de llegar a....

— ¿Usted es la madre de ambas? —. Interrumpió la mujer rubia que Karlie vagamente reconoció del día anterior, era la nueva auxiliar de Taylor. Asintió ante su pregunta.— Alguien tendrá que pagar por la perdida.

Karlie no podía estar más de acuerdo en compensarlo, sin embargo, no le gustó la forma en que estaba viendo a sus hijas con enfado y reproche, la mujer se alejó de repente dejándolas solas, supuso que iría a verificar cuando le debía por el asunto.

Siempre Y Desde SiempreHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora