Capítulo 52

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Taylor pensó que, tras la tarde en el mar, las niñas caerían rendidas, pero esas niñas tenían más energía que todas juntas. Aun en la casa seguían corriendo de un lado a otro jugando con el perrito.

— Son todas tuyas —. Comentó hacia Martha mientras ella terminaba de ponerse uno de los pendientes. Era ya de noche, tenía una cena pendiente con la castaña, esperaba no tardar mucho, no quería desaparecer tanto tiempo para alcanzar a dormirlas. Martha las cuidaría en ese lapso, ya se lo había advertido, pero su amiga parecía fastidiada con la idea. — Hazte cargo y si puedes meterlas a la cama para cuando regrese mejor.

— ¿No pretenderás que las meta a bañar? Esas niñas son imposibles Taylor —. Rodó los ojos ante las quejas de su amiga, no sabía por qué solo a Martha se le hacía difícil el cuidarlas. Sabía que difíciles, pero su amiga exageraba.

— Inténtalo —. Le insistió. — ¡Elizabeth! ¡Abigail! ¡Ya me voy!

Karlie se había asomado por la puerta, estaba esperándola, le hizo una seña para que aguardara un poco, luego por fin vio a las castañas acercarse, las abrazó y las besó. — Mamá ¿Por qué no podemos ir también a cenar?

— Porque....

— La próxima vez iremos todas, lo prometo, a donde quieran —. Comentó Karlie salvándole el pellejo, se sentía extraña, la única persona por la que las había dejado sola, era Dianna, y a veces no estaban muy contentas con la idea.

Debía confesar que tampoco se sentía cómoda al verlas renuentes al principio, pero se fueron acostumbrando. Ahora esperaba que el cambio de Dianna a Karlie, no significará empezar de nuevo.

Para su sorpresa solo hicieron algunos gestos y se encogieron de hombros. No estaban completamente de acuerdo, pero no parecía que se fueran a echar a llorar.

Le había costado decirles que saldría a cenar con Karlie, un par de escusas para que no hicieran preguntas, en especial Tate, era muy lista, y temía que se dieran cuenta. Su miedo era tan palpable que creía que hasta las niñas podrían descifrarle el rostro. Habría querido mentirles, se hubiera sentido mas a gusto, pero estaba consiente de que debía empezar por algo.

Tras dejarlas, salió junto a Karlie, la noche en la playa era fresca, sentía la brisa refrescarle la piel expuesta, pero su corazón latía desbocado y su cara se sentía caliente. Era agradable, extraño, porque había vivido ya muchas cosas con la castaña, pero sentir esa emoción de nuevo, le recordaba a sus primeras citas cuando aun eran amigas pero ya empezaba a sentir cosas.

— Si Kariann hubiera tenido razón... —. Comenzó a expresar un pensamiento que la había invadido las ultimas horas, captó la atención de la castaña que mantenía ambas manos sobre el volante, giraba su cabeza alternadamente de la carretera a ella a la espera de que siguiera con lo que fuera a decir. — Si ellas solo fueran mis hijas, si al regresar me hubieras encontrado con familia...

— El hubiera no existe Taylor... —. Claro que no, y por eso le aterraba pensar que Karlie se hubiera alejado de ser así, jamás lo sabría. — Pero... supongo que, no importa las circunstancias, no te hubiera dejado de querer.

Eso le bastaba, sabía que no era lo mismo, de haber tenido hijos con alguna otra persona, sería diferente el vinculo que pudiera crecer en ella, pero ahora, llegando al restaurante, bajando de la mano de la castaña y viendo sus ojos, agradecía que las cosas pasaran como lo hicieron. Era muy suertuda, Martha tenía razón.

Llegaron y a Taylor le sorprendió el lugar, no era lujoso, pero tampoco tan modesto, no podía negar que había visitado ciertos lugares con Dianna, o con Cara cuando las invitaba. Pero estar ahí con Karlie, sentir su mano sobre la suya, era como haber regresado en el tiempo.

Siempre Y Desde SiempreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora