CAPÍTULO 32

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Vladimir Záitsev:

Los jóvenes caminaban a mi lado bastante apresurados, pero no perdían la oportunidad de estudiar mi cuerpo en toda su extensión, mi presencia aquí estaba muy fuera de lugar. Aún vistiendo mi uniforme de policía, me encontraba fuera de la facultad de arquitectura de la Universidad Estatal. Me movía nerviosamente de un lugar a otro, pensando que tal vez no fue una buena idea haber venido.

Pensé en irme pero antes de siquiera intentarlo, una voz me detuvo:

—¿Vladimir? —me giré, pudiendo encontrar a una Bela bastante alegre, pero no fue hasta que vio mi rostro que supo que algo andaba mal—. ¿Qué sucede? ¿Te encuentras bien?

—Puedo... ¿Puedo hablar contigo? Por favor, no me siento bien.

◇◇◇

Bebía de mi taza de café, mi vista viajaba entre los transeúntes que caminaban tranquilamente por las calles. Bela había accedido a llevarme a una cafetería alejada del campus y bastante tranquila según su criterio. Tuvo razón con ambas cosas pues llegar hasta aquí fue toda una odisea y sobre todo, se encontraba totalmente desierta.

Ella ya había terminado su té, y esperaba pacientemente por mí. Unos tragos más fueron suficiente para dar aquel exquisito café por terminado. Volví mi vista al frente para encontrarme con aquellos ojos que me observaban con ternura.

-Voy a estar aquí, el tiempo que necesites. Si no quieres hablar voy a acompañarte a permanecer en silencio. Pero si decides contarme, voy a escuchar atentamente cada palabra y no voy a juzgarte. —me sonrió como nadie lo había hecho en mucho tiempo.

Suspiré.

—Yo, hace algunos años, hice una promesa que no pude mantener.

Inicié mi confesión, intentando encontrar las palabras adecuadas—. Fallé. Fallé y no fui capaz de dar la cara porque me sentía avergonzado. En lugar de ayudar a esa persona, terminé por desgraciarle la vida completa. Hice lo posible por alejarlo de mí, que me odiara por cualquier otra falsa razón, para intentar sentirme menos culpable. Pero ayer, esa persona se enteró de la peor manera y no pude decirle cuánto lamento haberle fallado.

—¿Fue algo tan grave? —cuestionó dulcemente. Me quedé en silencio—. Sabes que no tienes q-

—Un año antes de que mi hija muriera, un amigo vivió una situación similar. Sus gemelas de tan solo 7 años fueron secuestradas al salir de la escuela. Trata de blancas. —enfaticé—. Mi amigo me pidió ayuda y claramente acepté. Pensaba, ¿cómo me sentiría yo si llegara a pasarme lo mismo?

Bela no dejó de mirarme en ningún momento. Proseguí—. Pasaron meses dentro de una investigación, hasta que nos llegó un aviso de un grupo de niñas que iban a ser transportadas en un lote hasta Tailandia. Entonces no lo dudé y me dije: tienen que estar aquí.

—¿Qué hiciste entonces?

—Tuve la grandiosa idea de no decirle nada a mis superiores, y mucho menos a mi amigo. Pensaba que tenía todo bajo control. Pero no fue así. Llegamos al lugar , mis hombres tiraron a matar. Pensábamos que las niñas ya estaban en el vehículo, no fue así. Y-

—No fue tu culpa. —respondió—. ¿Cómo ibas a saberlo?

—No tenía que saberlo, Bela. Tal vez si solo hubiese decidido obedecer, todo sería diferente. Ellas est-

—Shh. —volvió a cortarme evitando que siguiera echándome la culpa—. Nunca hubieses podido saber cómo pudieron ser las cosas. Aunque hubieses decidido obedecer.

Su mano sostenía la mía con fuerza. Era mi sostén en este momento, tal vez el único.

—No te preocupes, voy a seguir aquí. Ya no tienes que sufrir en silencio, ahora me tienes a mí.

◇◇◇

Bela Solovieva:

Eran las 8 de la noche y caminábamos de regreso a mi departamento, luego de aquella charla era evidente que Vladimir se encontraba más relajado. ¿Desde hace cuánto tiempo deseaba tener esta conversación con alguien?

Llegando al portal del edificio, nos detuvimos mientras nos mirábamos frente a frente.

—No creo tener las suficientes palabras para agradecerte el que perdieras tu tiempo escuchando a este pobre infeliz.

Afirmó. Golpeé su hombro levemente.

—No digas eso. Para mí no es ninguna pérdida de tiempo, no me resulta difícil escucharte. Tú has hecho lo mismo por mí. —respondí. Llevé mi vista al cielo, el sol yacía oculto y la luna poco a poco se iba asentando en su lugar—. Bueno creo q-

Mi frase nunca llegó a completarse, sus labios estampados en los míos, fue un beso tan corto que ni siquiera tuve tiempo a reaccionar.

¿Por qué no hice nada para alejarme?

—Y-yo

—No digas nada. —interrumpió—. Tómalo como un agradecimiento.

Aún no procesaba lo ocurrido cuando vi cómo empezó a alejarse.

—Pero...

—¡Buenas noches, Bela! ¡lo serán para mí!

Wet dreamZ [COMPLETA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora