CAPÍTULO 27

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Bela Solovieva

Luego de pasar toda la tarde junto a Hyuk el día de ayer, llegué a casa tan agotada que lo único que logré hacer, fue lanzarme sobre la cama y sin buscarlo, caer en un profundo sueño. Sin embargo, antes de aquello logré obtener las fuerzas para avisarle a Maksim quien obviamente iba a preocuparse si no lo hacía.

El teléfono vibra sobre la superficie del colchón, mis ojos duelen y siento como la luz del día intenta penetrar en ellos. Con pesar, tanteo sobre la irregular superficie en busca del molesto sonido.

Me levanto de golpe haciendo que mi cuerpo se sumerja en un mareo. Cuando logro que todo frente a mis ojos se acomode, giro mi torso en dirección al colchón y por fin, logro obtener el teléfono.

Leo en la pantalla el nombre de Maksim y respiro. Tomo la llamada al tiempo en que vuelvo a tirar mi cuerpo contra el suave edredón.

—Uhm —es lo único que logro articular  aún adormilada.

—¿Te desperté? —gruño en respuesta, su risa inunda la llamada y envía pequeñas corrientes a través de mi cuerpo—. Lo siento, cariño. ¿Dormiste bien?

—Dormí como nunca —confieso mientras vuelvo a sentarme sobre la cama, esta vez con la intención de abandonarla. Mantengo el teléfono en mi oreja mientras camino en dirección al baño—. ¿Dormiste bien?

—Siempre que sueño contigo, lo hago. —dice y yo no puedo evitar sonrojarme.

—Idiota...

Tomo mi cepillo de dientes y coloco un poco de pasta dental sobre sus celdas. Maksim vuelve a hablar.

—Cariño, sé que ayer prometí que iría a verte hoy pero y-

—No puedes. —lo corto, sabiendo exactamente lo que dirían—. Tranquilo, lo entiendo. Pueda hacer una compra de supermercado sola, además; tú fuiste quien insistió en acompañarme, nunca te invité.

Reí porque desde aquí podía imaginar la expresión en su rostro.

—¿Desde cuándo eres tan insensata? —cuestiona con sorpresa—. Estos jóvenes de ahora.

—Ya, ya, señor vejez. Perdón, sabes que amo ir de compras contigo, pero eso de que tengas que ir al supermercado totalmente cubierto, con lentes y barba falsa es un... Poco raro.

Ahora es él quien ríe.

—Buen punto. —escucho una voz en el fondo que lo llama con apuro—. Cariño, tengo que irme antes de que Alexei cambie la droga por bicarbonato de sodio. Te amo. Los amo a ambos.

Sonrío abiertamente.

—Yo también te amo.

◇◇◇

Anónimo

—¿Cuándo se supone que va a terminar este juego? ¿No crees que les has dado mucha ventaja?

Mis ojos no se despegan de las cartas que sostienen mis manos, la persona frente a mí agotando mi poca paciencia con tantas preguntas.

—Esto va a terminar cuando sea el momento. No voy a perder la oportunidad de divertirme solo por tu desesperación, o la de ellos.

—Señor, nunca he entendido realmente cuál es el motivo de todo esto. Me refiero si su punto es destruirlos ¿Por qué no los asesinó de una vez? —comenta y no puedo evitar reírme. Coloco las cartas sobre la mesa y lo miro fijamente.

—Para ellos, se trata de mí. Pero para mí, se trata específicamente de cómo las cosas que ellos hacen sin pensar en los demás, pueden afectar el futuro de las personas que juran amar. Al final ni siquiera tiene que ver con dinero, es más una cuestión de ira... resentimiento.

—¿Esto es situación de venganza? —comenta. Sonrío con cinismo.

—Es karma. El peor castigo para los hombres, es vivir en carne propia todo el daño que han causado.

◇◇◇

Bela Solovieva

Camino por el pasillo de lácteos mientras elijo todos los tipos, sabores y tamaños de mi nuevo vivir durante el embarazo: queso. Además de queso, tomo algo de leche, carne, frutas y vegetales. También compro una caja de té negro y una de manzanilla. Al obtener todo lo escrito en mi lista, empiezo a recorrer los pasillos en busca de cualquier otra cosa que crea necesitar.

A lo lejos, veo a una pequeña familia, dos niños pequeños juegan alrededor de su madre y no puedo evitar sonreír. Toco mi vientre e imagino cómo será mi vida cuando mi bebé ya esté aquí con nosotros. Sacudo mi cabeza y me concentro en mi misión del día de hoy, alimentarnos.

Al terminar de elegir todo, voy a caja y pago las compras. Agradezco a la chica que atiende y con las bolsas en mano, tomo un taxi.

Al llegar a la entrada del edificio, camino hasta el ascensor mientras arrastro algunas de las bolsas cerca de este, mi teléfono suena y por lo corto del timbre  sé que se trata de un mensaje. Número desconocido, como es últimamente.

Abro el mensaje y leo con atención.

"Yo que tú, dejaría todo eso y subiría lo antes posible.

Espero que no te vayas a perder el espectáculo, querida Bela."

Mi teléfono se resbala de mis manos y sin pensarlo, corro escaleras arriba. Mi cuerpo suda y mi respiración es entrecortada pero logro llegar hasta el piso, me dirijo hasta el departamento y para mi sorpresa, la puerta está abierta. Entro con prisa y sin importar nada.

Miro a la sala y luego a la cocina, nada. Pero como si de una señal se tratara, un pequeño gemido se escucha desde la habitación, mi corazón siente morir.

Camino todo el pasillo hasta llegar a la habitación, abro la puerta con fuerza y con la intención de adentrarme pero lo que veo, me deja paralizada.

Aquella mujer se encuentra sobre su cuerpo totalmente desnuda, las manos de Maksim se envuelven en su trasero. Mi pulso se acelera y se me dificulta respirar. Cuando nota mi presencia, detiene su cabalgata sobre él y me mira con satisfacción. Maksim gira un poco su rostro, pero no dice nada, parece un poco ido, pero es algo que paso por alto.

—Te dije que lo esperaras —dice aquella mujer sin ningún pudor—. Lástima que no me hiciste caso.

—Bela... —susurra Maksim intentando ponerse de pie, pero luego cuando se detiene, sé que estoy sobrando aquí.

Con todo el valor que pude encontrar, salgo de aquel lugar sin mirar atrás. Regreso al ascensor y recojo mi teléfono. Marco en la pantalla con nerviosismo y luego lo coloco en mi oreja, contestan de inmediato.

—¿Puedes venir por mí? Por favor, necesito irme de aquí.

Wet dreamZ [COMPLETA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora