EXTRA I: Maksim Vólkov

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¿Qué tan difícil es crecer? Los niños casi siempre tienen a su lado alguna figura que les enseña a ver la vida de manera distinta, mediante van creciendo. En mi caso, solo me he tenido a mí mismo.

Rodeado de lujos, dinero, muertes y droga. Nunca he tenido nada a lo que pueda verdaderamente llamar mío. Nunca conocí a mi madre, y tuve que descubrir a través de conversaciones ajenas lo que le había sucedido. Un niño de 4 años no necesita escuchar esas cosas, un niño no debe vivir de la manera en que yo lo hice.

Papá ha decidido que debe enviarme a la escuela, después de negarse por mucho tiempo. ¿La razón? Hace unos días tuve que observar cómo cortaba la cabeza de una chica, en la cocina de nuestra casa. Quise sentirme mal, pedirle que parara. Pero yo no sabía lo que era el dolor, mucho menos reconocía lo que era la empatía.

Días más tarde inicié la escuela primaria en Moscú, bastante alejado de casa. Mi padre ni siquiera se molestó en llevarme hasta allá y dejó todo en manos de sus trabajadores.

Nadie me despidió, ni me hizo el almuerzo. Nadie me deseo un buen día ni dijo que me amaba. Quedé parado en el medio del camino mientras observaba cómo todos los otros niños eran abrazados y cuidados por sus padres. A lo lejos, vi algo que llamó mi atención aún siendo tan pequeño.

Un niño con un semblante bastante serio, era abrazado por un señor vestido con traje azul. Supe inmediatamente que se trataba de un policía. Papá siempre ha dicho que son personas malas y debemos mantenernos alejados de ellos. Pero desde mi posición, aquel hombre causaba miles de sensaciones en mí, menos desconfianza.

Aquel niño por igual.

El receso llega y todos los niños toman sus almuerzos, llevo mi vista al interior de mi mochila y encuentro los 100 dólares que mi padre colocó dentro de ella. ¿Qué hace un niño tan pequeño con tanto dinero? Sé que hoy tendré que verme en la obligación de esperar hasta llegar a casa para comer algo.

Oculto mi rostro mientras observo el desgastado color de la mesa. En mi campo visual, entra un gran plato con un sándwich y un jugo de naranja a su lado. Elevo la vista y descubro que se trata del mismo niño que vi en la entrada. Mi gesto se mantiene serio, mientras él sonríe abiertamente. 

—Mi papi dice que si tienes mucho, tienes que darles un poco a los que no tienen. —Explica con un tono muy inocente y arrastrando algunas palabras. Aunque es muy claro para su edad.

Toma asiento a mi lado y come de su sándwich mientras me mira, esperando que haga lo mismo. Lo pienso un poco pero mi estómago se adelanta y deja salir a la luz sus ganas de comer. Lentamente tomó el sándwich y lo llevo a mi boca, sabe bastante bien. Es evidente que alguien lo hizo en casa.

Me alimento con más prisa y segundos después, miro al chico a mi lado. Aunque papá diga que los policías son malos, quiero creer que aquel policía es la excepción.

—¿Tu papá… es… malo? —pregunto, las palabras salen con dificultad, no he tenido muchos ejemplos de buenas palabras que copiar.

—Mi papi no es malo. Salva a las personas. Y atr-apa a los malos. —expresa con emoción, como si hablara de algo nunca antes visto.

Por primera vez en mi vida, creo intentar sonreír. Así es como aquel día, empezó una rara pero interesante amistad para el hijo de un policía, y el hijo de un mafioso.

Vladimir Záitsev, fue la primera persona que logró hacerme sonreír.

◇◇◇

Han transcurrido semanas desde aquel encuentro, e incluso la maestra sabe que Vladimir y yo estamos más pegados que un chicle. Hacemos todo juntos, menos ir a la casa del otro. Vladimir insiste en decirle a su padre que lo lleve a mi casa, pero si tan solo me atreviera a cruzar la puerta con otra persona, sé claramente cuál sería el final.

Wet dreamZ [COMPLETA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora