CAPÍTULO 24

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Bela Solovieva

Despierto aturdida, mi cuerpo se siente como si hubiese sido arrollado por un camión. Mis ojos se abren lentamente entre parpadeos buscando adaptarse a la luz del mundo real, mi cabeza dolía un poco y mi cuerpo se encontraba un poco débil.

Cuando pude abrir mis ojos completamente, supe que no estaba en casa, todo frente a mí formando parte de una habitación totalmente desconocida. ¿Dónde estaba?

No entendía nada hasta que los últimos recuerdos llegaron a mí. Fiodor, la llamada, y lo último que escuché. Aquella frase que me dio la bienvenida a un sueño profundo. Me asusté ante la idea de qué me había pasado y empecé a revisar mi cuerpo en búsqueda de alguna señal. Las peores ideas llegaron a mi mente.

—Si te sigues agitando tanto, vas a vomitar el calmante. —me sobresalté ante aquella voz y mis ojos viajaron al gran ventanal a mi lado izquierdo.

—Maksim... —se encontraba totalmente de traje, bastante elegante como siempre. Sin embargo, sus ojos denotaban que no había dormido toda la noche.

—Pensé que ibas a dormir más tiempo, por eso estoy aquí. No quería molestarte. —me dijo tranquilamente.

—Y-yo, ¿dónde estamos? —pregunté confundida.

—En Corea. —respondió con tranquilidad. Mis ojos se abrieron.

—¿Q-qué? ¿Qué hago aquí? ¿Por qué me trajiste aquí sin mi permiso? T-

—Estás aquí, porque tu exnovio intentó usarte de mula para transportar mercancía, con ayuda de tu mejor amigo. Estás aquí porque tu exnovio le disparó a Alexei y se le escapó a mis hombres, y la policía anda detrás de todo lo que pasó. No te rapté. Te traje aquí porque necesitaba venir a Corea a solucionar unos negocios por culpa de tu exnovio. Tú estabas inconsciente y Alexei herido, y en vista de que no tienes a nadie más tuve que traerte conmigo.

Me quedé boquiabierta por toda la información que me había sido ofrecida. Siguió hablando:

—Sabes que no tengo pelos en la lengua. Voy a soportar tus berrinches, golpes e insultos sin ninguna preocupación. Así que, si vas a preguntar algo es mejor que lo hagas ahora.

Lo pensé por un momento, me miraba fijamente desde el ventanal. Entonces le hablé.

—¿Me hicieron algo? —pregunté tímidamente.

—No iba a permitirlo.

—¿Alexei está bien? —me preocupé.

—Lo estará, solo fue un roce. —la tranquilidad con la que respondía, me asustaba.

—¿Qué pasó con Fredek? —la sola idea de que estuviese suelto por las calles, enviaba escalofríos a mi cuerpo.

—Mis hombres lo siguen buscando. No tienes de qué preocuparte.

Me miraba como si hubiese algo que quiera confesar y no sabía cómo hacerlo.

—¿Fiador escapó con él? —cuestioné inocentemente.

Su rostro palideció.

—No. —tragó grueso.

—¿Dónde está?

—Muerto.

Mi mundo se vino abajo. No había diversión en su rostro, las lágrimas se acumulan en mis ojos con fuerza. Mi amigo, mi único amigo. Quien siempre estuvo para mí a pesar de todo.

—No... —negué entre lágrimas.

—Si no lo hacíamos nosotros lo harían los canadienses, los coreanos, los mexicanos. Vendió a varias mafias a la policía, nadie iba a perdonarle la vida, Bela.

—¡No! ¡él no merecía morir! Él no... —lloraba desesperadamente, Maksim se mantenía en su lugar, no sabiendo exactamente qué hacer o decir.

Intenté ponerme de pie, un gesto de preocupación adornó su rostro.

—Bela...

—No me toques. —seguía intentando ponerme de pie pero mi cuerpo estaba muy débil para eso—. Quiero irme de aquí.

—No puedes. —respondió.

—¿Por qué no puedo? El poderoso Maksim me lo va a impedir? —no le parecía divertida la situación, incluso parecía herido.

—Estás muy débil, Bela. Y-

—¡¿Qué?! ¡¿Tú qué?! —perdí las pocas fuerzas y caí nuevamente en la cama.

En ese momento se acercó a mí y me abrazó fuertemente, seguí llorando en sus brazos. Él solo me abrazaba con fuerza sabiendo que nada de lo que dijera podría reconfortarme.

—Él no merecía morir. —le dije, entre llantos.

—Ya no pienses en eso, cariño. Necesitas descansar. —me dijo mientras acariciaba mi cabello.

Levanté mi rostro y lo miré fijamente.

—¿Por qué me siento segura en manos de alguien que ha causado tanto sufrimiento a otras personas? —le pregunté.

—Porque sabes que nunca sería capaz de hacerte daño a ti, aunque eso signifique acabar conmigo mismo. —contestó. Bastante seguro.

El abrazo se extendió varios minutos y fue roto por él mismo.

—¿Qué voy a hacer ahora? —pregunté.

Un casto beso fue dejado en la comisura de mis labios.

—No pienses en eso ahora. Por favor, descansa. —pidió—. Debo salir a trabajar ahora, volveré en la noche. Hay dos de mis hombre cuidando la puerta así que no te pasará nada.Te prometo que mañana estaremos de vuelta en Moscú.

Brinde a su persona un pequeño asentimiento.

—Bela, ¿Confías en mí? —me miraba fijamente a los ojos. No dudé en contestar.

—Sí. Confío en ti.

Wet dreamZ [COMPLETA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora