CAPÍTULO 28

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Bela Solovieva:

Han transcurrido dos días desde la última vez que Maksim y yo nos vimos, Alexei actúa bastante sospechoso y deduzco que es porque sabe algo que se supone yo no debo saber. Maksim ha estado escribiéndome a través de mensaje de texto y demás, pero suele tardar mucho tiempo entre una respuesta y otra, algo poco usual en él si tomamos en cuenta su intensidad.

Son las 6 de la tarde cuando por fin logro salir de la universidad, y como es costumbre en las últimas semanas, Alexei me espera en el estacionamiento para llevarme a casa. En el camino él procede a contarme todo lo acontecido en su día y yo hago exactamente lo mismo. Al llegar a casa se despide de mí y yo me apresuro a ingresar al edificio. Tomo el ascensor y Marco el número de mi piso. En el proceso de subir voy rebuscando dentro de mi bolso en busca de mis llaves, al tiempo que el ascensor abre sus puertas indicándome que ya había llegado a mi destino. Salí de él aún con las manos dentro del bolso y mi mirada en el fondo de este. Cuando por fin di con ellas estaba casi enfrente de mi puerta, pero cuando levanté la vista me encontré al hombre que inunda mi soñar últimamente.

Si bien es cierto que no lo veía desde hace dos días, volver a ver su rostro me parecía el mejor antídoto contra cualquier padecimiento. No me doy cuenta de lo embobada que estoy hasta que con una sonrisa se acerca a mí, dejando un corto beso en mis labios.

—No tienes que decirlo, yo también te extrañé.

Me dijo. Un sentimiento que no comprendía se arremolina en mi pecho—. ¿Entramos? —preguntó.

Asentí. Me alejé un poco de él y coloqué la llave en la cerradura intentando no demostrar lo nerviosa que estaba. Nos adentramos al departamento y procedí a caminar hasta la cocina en busca de un vaso de agua. Él no dejó de seguirme el paso en ningún momento.

—¿Cómo estuvo tu día? —me preguntó.

—Bien. Bastante agotador para ser sincera. —respondí—. Solo quiero sentarme en esta mesa y que la cena se sirva mágicamente. —añadí, de manera dramática.

—Mmm... Magia no sé hacer. Pero puedo ayudarte de otra forma.

Propuso mientras se recostaba sobre la mesada. O era muy estúpida o simplemente no estaba hablando de lo que yo pensaba.

—¿Cómo? —cuestioné intrigada.

—Ven a cenar conmigo esta noche. A mi casa. —me quedé sin habla. ¿Lo decía enserio?

—¿Enserio? —pregunté. Aún sin poder creerlo.

—Completamente. Te quiero conmigo, en mi hogar. —era evidente, mi corazón no daba para más—. Entonces, ¿qué dices?

—Creo que... —desilusión en su rostro, pensaba que iba a declinar su propuesta—. Creo que deberías irte ahora, para que pueda arreglarme.

Sus ojos se iluminaron cuán niño pequeño.

—Perfecto. Paso por ti a las 8. —dijo mientras empezó a caminar hasta la puerta—. ¡Ya me voy! ¡a las 8!

Reí. El sonido de la puerta indicó que ya se había ido pero solo bastaron unos segundos para sentir mi teléfono vibrar anunciando la llegada de un mensaje:

"No tienes que volverte loca
pensando qué ponerte.

Encima de la cama.

Maksim,♡."

Fruncí el ceño en confusión, dejé el teléfono y me dirigí hasta la habitación. Abrí la puerta e inmediatamente mis ojos chocaron con la gran caja sobre la cama. Me dirigí a ella y quité la tapa. Cubrí mi boca al ver lo que había dentro.

Tomé en mis manos aquel precioso vestido azul marino, pareciendo ser exactamente mi talla, acompañado de unos zapatos de tacón fino color negro.

Volví a dejar el vestido sobre la cama y me dirigí al baño.

◇◇◇

Maksim había llegado puntual a casa, vistiendo un traje bastante elegante, algo normal viniendo de él.Tal vez era la alegría en su rostro lo que lo hacía lucir más radiante. El trayecto a su casa fue bastante ameno y para mi sorpresa, ninguno de sus hombres se encontraba presente.

Al llegar a la que supuse, era su casa, mi primera reacción fue evidente.

Wow.

Más que una mansión, parecía un fuerte. Con toques clásicos, pero sin perder la modernidad. Al ingresar a su interior mi boca casi toca el suelo.

Grandes candelabros, ventanales y pisos de ensueño. Sí que había invertido una gran cantidad de dinero en esto. Me pidió que lo siguiera a través de un pasillo para terminar dentro de un enorme jardín. Pero eso no fue lo que más llamó mi atención. Una gran mesa para dos con velas y mucha comida, pétalos de rosa adornando el suelo. Era un sueño, Maksim me miraba, feliz de haber obtenido la reacción que esperaba. Se había esmerado en aquello. Entonces, decidió romper el silencio:

—¿Te gusta? No sabía si era muc-

—Calla. —lo corté—. Es, es perfecto.

Volvió a sonreír y me invitó a sentarme.

◇◇◇

La cena fue bastante divertida. Entre anécdotas, copas de vino y ofrecer cucharadas de comida en la boca del otro. Al terminar se ofreció a enseñarme todo el lugar y encantada, accedí. Recorrimos la casa de abajo hasta arriba, nos detuvimos al llegar frente a una gran puerta de madera tallada, diferente a todas las demás, le daba un toque único. Una total obra de arte. Mis manos viajaban a través de todos los dibujos que la componían.

Maksim me miraba expectante. Se aclaró la garganta y procedió a añadir:

—Es... es mi habitación. —lo miré sorprendida. ¿O no?

—Oh. —fue lo único que dije en el momento. Maksim estaba tan nervioso que podía sentirlo bajo mi propia piel. Se movía inquieto sobre sus piernas. Habló frenéticamente:

—Bela y-

—Quiero entrar.

Wet dreamZ [COMPLETA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora