CAPÍTULO 12

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Vladimir Záitsev:

—Las investigaciones sobre la operación latam están demasiado lentas. No he recibido información de parte de Roger ni de ninguno de los de archivos generales.

Me encontraba frente a la gran pantalla de la sala de juntas mientras los demás miembros del equipo se encontraban sentados en la mesa oval que ocupaba casi todo el espacio. La pantalla adornada de información y todos los datos relevantes, incluyendo fotos de todos los peces que queríamos capturar.

—¿Qué propones? Sabes que el capitán prácticamente nos la pone en otra lengua para darnos solo unas leves autorizaciones. Si por nosotros fuera ya hubiésemos tenido todo lo necesario. —Amelia se expresó con molestia y todos los demás le dieron su apoyo con gestos faciales.

—Lo sé. —solté un leve suspiro—. Sé que todos están haciendo lo posible por hacer que este caso pueda desarrollarse como todos esperamos. Reabrirlo fue un trabajo difícil y todos pusieron de su parte, pero si no conseguimos esos permisos para el allanamiento antes de la fecha estipulada, todo esto no habrá válido la pena.

Todos empezaron a compartir miradas, era evidente que ninguno quería que todo su trabajo se fuera a la basura.

—Hablaré con el coronel Jeffer, tal vez pueda conseguir un permiso para que permitan a nuestros hombres ingresar en archivos. —añadió Amelia.

—Perfecto, Amelia. Todos los demás, sigan haciendo su trabajo y cualquier información referente al caso, me lo hacen llegar cuanto antes. Ya pueden irse.

—Hasta luego jefe.

Se escuchó en un pequeño coro.

Todos abandonaron la sala, dejándome totalmente solo. Recosté mi espalda sobre la mesa mientras nuevamente exploraba todo el contenido de la pantalla.

De todos las fotos en ella, mis ojos se impregnaron sobre una, una que hacía a mi corazón llenar de cólera cada vez que la veía. De todos los peces, el más gordo de la lista, y al que deseaba capturar de manera personal.

—Algún día te voy a cazar, hijo de perra.

◇◇◇

Fiodor Mórozov:

Fumaba mi cigarrillo con bastante velocidad, mi pulso acelerado y mi mente enloquecida. No venía de un maratón, me encontraba dentro del parque de mala muerte al que solía venir cuando escapaba de mi casa para poder drogarme con tranquilidad. Para poder evadir mi realidad.

Sumergido en mi mundo, sentí otro peso a mi lado, al ver de quién se trataba intenté levantarme, pero el arma en su mano logró que me quedara en mi lugar.

—¿Por qué salir de un barrio rico para venir a fumar a este parque de mala muerte?

Preguntó con tranquilidad, como si fuera un amigo casual.

—Déjeme en paz. —dije y seguí inhalando mi cigarrillo.

—No es tarde para admitir que te equivocaste y confesar todo. Puedes salir de esto, lo sabes.

—Deja de intentar hacerme creer que puedo ser una mejor persona porque no es cierto. Si salgo de esta mierda al único lugar al que iré a parar es a la cárcel.

Me defendí mientras lo miraba a los ojos con ira. Ni siquiera era dirigida a él, pero era él único hacia quien tenía oportunidad de manifestarla.

—Supongo que al final del día, cualquier lugar te resulta mejor que volver a tu casa.

Y tenía razón.

—¿Y qué hace aquí? Ya se cansó de jugar a ser el bueno? —comentó con burla—. Estoy aquí porque sé que este es el tipo de lugar en el que puedo encontrarte. Además, quería preguntarte algo.

—Nunca había esperado tanto para llegar al punto, hasta parece una cita. —escupí.

—Bela Soloviev. ¿Es tu amiga, no? -aquello hizo que volviera a la realidad, se había ganado mi atención.

—¿Qué mierda quiere con ella? No se atreva a meterla en esta mierda ni siquiera se atreva a hacerle algo. —amenacé.

—Cálmate fiera, no me interesa. Al menos no en ese sentido. —se acomodó su chaqueta mientras miraba al frente—. La gente para la que Komarov a estado trabajando, va a caer, van a caer pronto y no será de una linda forma.

—¿Y por qué me dice esto? Nunca ha sido tan bueno conmigo.

Se puso de pie, con intención de irse. Pero antes, habló:

—Sé que la amas, como amiga, como hermana. Sé que la quieres más que lo que tu misera familia fue capaz de hacerlo contigo, la basura que eres no es más por lo que otros han hecho contigo. Mira, la verdad es que, si te quieres morir intoxicado por esta mierda que consumes, puedes hacerlo. Pero si tanto dices quererla, busca la forma de evitar que ella llegue a este mundo del que tú no puedes salir.

Empezó a alejarse de mí, y como todas las veces que habíamos conversado, tuvo razón.

Vladimir Záitsev, tenía razón. Yo era una basura, pero podría evitar que Bela también lo fuera. Sin embargo no sabía cómo.

¿Cómo dejas de ser lo único que te han hecho creer durante el resto de tu vida que mereces ser?

Tomé mi teléfono, y marqué un número poco frecuente para mí, pero que sabía que podría ayudarme con lo que necesitaba. Al tercer tono, contestaron.

—Necesito que hagas algo por mí.

Wet dreamZ [COMPLETA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora