Bela Solovieva ha vivido una vida normal para una chica de su edad, o eso era lo que todos pensaban. A los 17 años y sin ninguna experiencia en el amor, conoce a Fredek, de quien ella creía se encontraba totalmente enamorada. Todo marchaba de maravi...
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Creo que lo más difícil de crecer, no es hacerse cargo de las cuentas o de nuestras acciones. Me refiero a que, muchas veces pesa más el llegar a cierta edad y descubrir que tus sueños de niño, no eran más que eso. Descubres el mundo real y te das cuenta de que aunque estudies no va a ser fácil encontrar empleo, que no importa que tan buena persona seas siempre habrá alguien que te odiará, seguramente por la misma razón. Que los amigos de infancia solo eran conocidos y que no importa cuánto te esfuerces, simplemente habrán momentos en que no vas a lograr ser feliz aunque creas merecerlo.
El mundo es cruel y si no te adaptas a él, te destruye. La mayor parte del tiempo estamos tristes y no sabemos qué hacer. Tampoco se lo podemos comunicar a los demás porque sus frases motivacionales no son más que palabras vacías. Tampoco somos capaces de responder cuando alguien nos pregunta cuál es el problema. No lo sé, tal vez ¿todo? Tal vez sea el mundo, las personas que me rodean o la simple perspectiva que tengas de ambas cosas.
Qué importan los lujos, los títulos o el dinero, cuando no eres capaz de dar una respuesta cuándo alguien te pregunta quién eres. Nos desconocemos para lograr alcanzar nuestras metas y cuando llegamos a ellas nos damos cuenta que quien hizo aquel camino, no es más que un impostor. No soy yo cuando mentí por no perder mi empleo, cuando te dejaste insultar por mantener tu posición o cuando te conformaste con menos de lo que merecías para llegar a cierto punto.
Esos no somos nosotros.
Mi nombre es Fiodor Mórozov, hijo de Hedel y Katrya Mórozov. Mi padre es un gran senador y mi madre, política de renombre. Somos una de las familias más ricas de Rusia, sin embargo, aquello nunca ha sido de importancia para mí. Desde pequeño fui bastante aislado, mi padre me enseñó que por su posición dentro de la sociedad no podía mezclarse con cualquiera. Era asocial, tímido y la verdad era que tampoco sabía cómo expresar mis sentimientos.
He sido un infeliz toda mi vida, pero para no hacer larga la historia empecemos desde que tenía 8 años.
8 años
Un pequeño Fiodor se encontraba jugando tranquilamente en el jardín de su casa, el día era demasiado agradable como para desperdiciar aquel frescor por quedarse dentro de casa. El sonido de el portón de cada siendo abierto llamó mu curiosa atención. Era el carro de papá. Me levanté a prisas e intenté correr hacia él, iba bastante feliz pues hace días que no lo veía por aquí. Lo vi bajar del vehículo con una gran sonrisa en su rostro.
—¡Pap-
Me detuve bruscamente cuando otra figura empezó a bajarse del vehículo, por sus pies pude distinguir que se trataba de la figura de un hombre. Papá no había notado mi presencia, pero aquel señor sí. Sus ojos me escanean lentamente y sin pensarlo más me acelero velozmente a casa.
◇◇◇
Han pasado algunas horas desde que papá llegó a casa en compañía de otro hombre. Los vigilaba a escondidas detrás de la pared, de un momento a otro aquel señor se percató de mi presencia, mi padre tan concentrado que no lo pido notar. Me brindó una sonrisa malvada que me hizo temblar, decidí irme.