CAPÍTULO 19

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Bela Solovieva:

Aquel dulce y especial abrazo solo duró unos cuantos minutos, pero se sintió como si ambas vidas se hubiesen unido eternamente.

Nuestros rostros se encontraron a través de una mirada llena de deseo, de necesidad, y es que al parecer ambos estábamos dispuestos a poner las manos al fuego solo para comprobar qué tanto podríamos quemarnos. Su rostro se empezó a acercar lentamente al mío, y ninguno de los dos hizo el intento de separarse, ni siquiera estábamos dispuestos a poner resistencia.

Los labios se unieron en un beso lento, compartiendo recuerdos, sentimientos, miedos. No solo buscábamos saborearnos el uno al otro sino que estábamos tratando de conectar más allá de lo carnal, buscando un click emocional.

Nuestra posición en el mueble terminó con un Maksim sobre mi cuerpo sin dejar caer todo su peso sobre este, haciéndose espacio entre mis piernas. El beso subió de nivel y nuestros cuerpos empezaron a restregarse entre sí, podía sentir la inmensidad de su miembro chocando contra el interior de mi muslo.

Empezó a tocar mis pechos por encima de la ropa mientras mis gemidos se ahogaban en el proceso del beso, pequeños masajes eran dejados en su superficie mientras daba algunos leves pellizcos en las puntas erectas. De un momento a otro, se detuvo.

Mis ojos, que no sabía cuándo los había cerrado, se abrieron intentando encontrar una explicación, la imagen sobre mí solo envió una corriente a mi zona íntima y sentí cómo me humedecía más de lo que ya estaba, si es que eso era posible. Maksim respiraba pesadamente, su pecho subía y bajaba, y el deseo en su rostro era implacable. Ambos estábamos en el mismo barco.

—No quiero... No quiero que pienses que me estoy aprovechando de tu situación. No quiero tocarte sin tu permiso. —se sinceró.

No di respuesta y en lugar de eso, y sin saber por qué, tomé sus manos entre las mías y las guié nuevamente a mis pechos, invitándolo a que los tocara nuevamente. Nuevamente volvió al ataque sobre mi boca, pero esta vez yo le seguía el juego con la misma fuerza. Nuestras lenguas lideraban una guerra en busca de una mayor intromisión en la boca del otro, la temperatura cada vez más alta.

Maksim empezó a quitar mis pantalones, y yo solo me dejaba llevar pues era demasiado el placer como para negarme. Los deslizó con fuerza a través de mis piernas para luego retirarlo completamente de mi cuerpo. Una pequeña braga de color blanco adornaba mi pálida piel, su mirada igual a la de un cazador, dispuesto a comerse a su presa. Volvió a su antigua posición y empezó a dejar besos por mis piernas hasta llegar al interior de mis muslos. Pequeños gemidos dejaban mis labios, mis manos encontraron agarre en su cabello, cuando mordisqueó parte de mi piel, mi agarre en su cabello aumentó, ganando un gruñido de su parte.

Con su mano derecha hizo a un lado mi ropa interior, me dio una última mirada y luego volvió a mis labios. Empezó a besarme al mismo tiempo que sus dedos empezaron a acariciar la zona, daba pequeñas caricias delirantes mientras su boca acababa a la mía. Placer inaudito.

Cuando sintió tener suficiente de mi boca, bajó hasta mi intimidad, y puedo jurar que vi un Ángel. Su lengua empezó a lamer mi entrada mientras uno de sus dedos hacía su intromisión. El tacto era lento, pero en combinación con sus perfectos movimientos y el trabajo de su lengua, merecía un 10 en lo que hacía.

De un momento a otro y como si ya no aguantara más, introdujo dos dedos más y su lengua se volvió feroz. Succionaba y lamía de una manera exquisita, digno del pecado.

Mis gemidos empezaron a llenar todo el lugar, mientras él me miraba con devoción sin dejar de hacer su trabajo. Unas embestidas más de sus dedos bastaron para que llegara a la cima.

Al sacar sus dedos de mí, lamió toda la muestra del placer que me brindó, y luego se subió nuevamente sobre mi delicado cuerpo y me besó. Luego me ofreció uno de sus dedos para que lo chupara. Hice lo que me pedía mientras lo miraba fijamente a los ojos y mi lengua recorría toda la extensión de su dedo. Al terminar, me sonrió.

—Buena chica.

Nuestra pequeña burbuja se vio interrumpida por el llamado en la puerta principal, me levanté asustada e inmediatamente vi como Maksim se quitaba su chaqueta y la ponía sobre mi parte baja.

—Quédate ahí. —me ordenó.

Se levantó del mueble y tomó su arma del estante donde la había dejado. Se dirigió a la puerta y quitó el seguro lentamente, abrió la puerta velozmente mientras apuntaba. Bajó el arma inmediatamente vio de quién se trataba.

—¿Qué mierda haces aquí, Alexei? Y en pijama?

Me tranquilicé al saber de quién se trataba, me mantuve atenta a la conversación.

—Hola Maksim, sí yo estoy bien gracias por preguntar.

Vi que asomó la cabeza dentro del apartamento y al verme sonrió, pero su sonrisa desapareció cuando notó el pantalón en el piso y como me cubría con la chaqueña de Maksim.

Oh, mierda.

Al percatarse, Maksim lo obligó a volver fuera del departamento.

—Espero que la razón por la que estás aquí sea muy importante. —escuché a Maksim exclamar molesto. Reí un poco.

—Lo es princesa, tenemos un problema con el cargamento de las 5.5 y nadie quiere hacer nada hasta que no llegues. Ah, tu padre debe estar con alguna señora facilidad.

Maksim maldecía para sí mismo, pero sabía que no le quedaba de otra.

—Espérame fuera.

Le dijo a Alexei quien, ni siquiera pudo contestar gracias a que Maksim le tiró la puerta en la cara.

Lo vi ponerle los seguros a la puerta y girarse en dirección a mí, lo veía tímidamente desde el sofá, aquel hombre se veía igual a un Ángel después de lo que acabamos de hacer. Se acercó rápidamente hasta mi lugar dejando un feroz beso en mis labios para luego salir sin decir más.

Y es que no había necesidad. Maksim Vólkov sabía que iba a volver, y yo, que lo iba a esperar.

Wet dreamZ [COMPLETA]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora