CAPÍTULO 34

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Bela Solovieva:

Huevos revueltos, tocino y jugo de naranja. Los tres aromas inundan mis fosas nasales mientras me codeo con confianza a través de la cocina. Maksim se obliga a permanecer en uno de los taburetes luego de que su intento de ayudarme acabara con uno de los paños de la cocina completamente cubierto de llamas.

Agradecía el apoyo que intentaba ofrecerme, pero aún era muy temprano en la mañana como para decidir morir. Apagué la estufa y terminé de servir la comida repartida entre ambos platos. Me lavé las manos rápidamente y caminé hasta la mesada. Un "gracias" fue exclamado de parte suya cuando coloqué uno de los platos delante de él, di un corto beso en su cien y me senté a su lado. Totalmente vestido de traje, listo para ir a trabajar, Maksim Vólkov tomaba de su taza de café mientras leía las noticias en su móvil. Yo aún me mantenía en mi pijama que constaba de una pequeña bata de seda con tirantes. Seguía en ese estado porque no debía de asistir a la Universidad hasta horas de la tarde.

Maksim se dio cuenta de cómo lo estaba mirando y apagó su teléfono. Su atención sobre mi persona.

—¿Me estás acosando? —inquirió. Fingiendo sentirse ofendido.

—No estás tan bueno Vólkov, come. —ordené. Una sonrisa de malas intenciones en su cara.

Iba a llevar el primer bocado a mis labios, pero la acción a mi lado llamó mi atención. Maksim se puso de pie e hizo su plato a un lado, como si no lo quisiera. No entendía qué le pasaba. Giré mi cabeza para encontrarlo en la sala quitándose el saco y desprendiendo su corbata de alrededor del cuello de su camisa. Nuevamente volvió a mi lado.

—¿Qué haces? —no obtuve respuesta—. Maksim, debes ir a trabajar.

Nuevamente me ignoró, tomó mi plato, cubiertos y vaso y los colocó justo al lado de dónde había alojado los suyos. No entendía en absoluto qué pasaba por su mente.

—Maksim q-

—Shh...

Mi taburete fue girado dejándome estar frente a él, me sostuvo por la cintura y sin ningún esfuerzo me levantó, hasta dejarme sentada sobre la mesada. La bata de mi pijama se vio levantada debido a aquella acción. Volví a cuestionarlo mientras veía cómo sacaba el taburete del camino.

—Maksim, ¿qué haces? —me miró fijamente, deseo en su mirar.

—Estoy sirviendo el desayuno.

Oh, mierda.

Haló de mis piernas con delicadeza acercándome más a él. Las abrió mientras las sostenía con ambas manos para que no pudiera volver a cerrarlas. Mi pijama se abultada sobre mi regazo y dejaba ver parte de la braga que cubría mi intimidad.

Lo vi mientras se lamió los labios. El desayuno estaba servido, solo debía dar el primer bocado.

Como era costumbre, empezó a besar mis piernas pero esta vez la delicadeza estuvo de más. Mordisqueaba y dejaba múltiples besos sobre una de ellas mientras que con una mano acariciaba la otra. Mi cabeza se deslizó hacia atrás por todo el calor recorriendo mi cuerpo, buscando llenarme de placer.

Su cara se metió entre mis piernas, con ambas manos extendió aún más la apertura entre ellas.

—Déjame verte, cariño. —pidió.

Mi cuerpo cedió y mis piernas se abrieron todo lo posible para mostrarle mi femineidad que tanto anhelaba su contacto.

Sentí cómo con sus dientes tiraba de manera juguetona de mis bragas a los lados de mis caderas, para luego dejar besos sobre estas. Mi pubis recibió sus labios con una pequeña oleada de placer que me invitó a elevar mi cuerpo, exigiendo más de lo que se me estaba siendo brindado.

Llegó hasta mi intimidad y dejó pequeños besos en esta, el contraste entre sus labios y la delgada tela que recubría el área hacían de la sensación supremamente exquisita. Le elevó y me miró pervertidamente.

—Demasiada introducción. Es hora de comer, cariño. —era más que evidente que Vólkov había amanecido en modo sexo.

Era tanta la desesperación que en lugar de quitar la braga, decidió romperla. En cualquier otra posición hubiese decidido protestar, pero este no era el caso.

Mi economía podía esperar.

Abrí mis ojos para verlo guardar la pequeña tela rota dentro del bolsillo de su pantalón. Esa sonrisa maliciosa, persistente en él.

Volvió a tomar mis piernas y mantuvo su agarre fijo para que no me moviera.

Y ahora sí, empezó la acción.

Besó mi intimidad con deleite, ahora mucho mejor al no tener ninguna barrera. Su lengua se unió a aquella danza de placer, lamía con experiencia sabiendo qué lugares tocar para obtener la reacción que quería. Supe que al parecer, sus manos no planeaban formar parte del juego, pero tampoco era como que estaban haciendo faltas.

Creo que empecé a ver estrellas cuando con su propia lengua comenzó a penetrar en mi interior. Gemía sin control y mis manos vagaban por la mesada sin encontrar de dónde sostenerse. Las oleadas de placer empezaron a llegar y momentos después, estallé.

Qué buena forma de iniciar el día.

◇◇◇

Ayudaba a Maksim a ponerse la corbata, hace unos 5 minutos acabábamos de desayunar. El desayuno real.

Su cara de preocupación mientras anudaba su corbata no era más que la muestra de la angustia que le producía saber que hoy también tendría que hacerse cargo de todo.

—Si tanto lo extrañas, solo pídele que vuelva. —solté sin más. No tenía que decir nombre, él sabía exactamente de quién hablaba.

—No es tan fácil, Bela. —contestó. Lo sabía, estos dos se habían peleado.

—¿Por qué no? Han sido amigos toda la vida. ¿Qué les impide hacerlo? —cuestioné—. Maksim, ¿qué fue realmente lo que ocurrió entre ustedes? Y no me digas que no hay nada porque sabes que no es así.

Parecía discutir en su interior si lo decía o no, mi mirada en él, esperando una respuesta. Entonces, lo hizo.

—Le mentí. Le mentí sobre algo que era importante para él. Y por favor, no me pidas que me disculpe porque hay cosas que una simple palabra no puede curar. —estaba herido, lo sé—. Lo extraño. Joder, es mi hermano. Pero eso no justifica el que yo haya actuado como un imbécil y que merezca que no quiera estar aquí conmigo.

Acaricié su rostro, lo besé cortamente.

—Amor... —susurré con afecto—. Todo estará bien. Alexei te ama de la misma forma que tú lo haces y dudo que lo esté pasando bien sin ti. Solo dale tiempo para que pueda pensar las cosas, sé que podrán solucionarlo.

—¿Cómo es que siempre sabes exactamente qué decir? —cuestionó mientras me tomaba de la cintura.

—Curiosamente no eres el único con problemas de mentiras últimamente. Un amigo está en una posición similar. —recordé lo de aquel beso pero decidí no mencionarlo. Ya encontraría el momento para hablar de eso.

—Con que un amigo, ¿eh? —preguntó, estaba celoso ante la mención de otro hombre.

—Sí. Es bastante guapo, tiene un cuerpo d inf-

Fui interrumpida por un posesivo beso.

—Sigue hablando de tu amiguito y voy a dejarte en cama por dos días. —Reí fuertemente—. Ya me voy, socialité. —se burló.

—Adiós, hombre de negocios. —me despedí por igual.

Dio un corto beso en mis labios y se encaminó hasta la puerta, antes de salir se giró y exclamó:

—Te amo.

Wet dreamZ [COMPLETA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora