CAPÍTULO 8

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Bela Solovieva

Mi brazo duele pero Heldet parece no estar dispuesta a dejarlo ir. Mantengo mi atención en la pantalla de mi portátil, ignorándola totalmente.

—Bela, ¿realmente me dejarás ir sola? —se queja.

—En efecto. —respondo con simpleza.

—¿Por qué razón no quieres ir conmigo? —pregunta.

—Porque la última vez que lo hice terminé besándome a media fiesta. Ah, y drogada.

—¡Realmente pensé que era una fiesta de dulces!

—¿En un bar?

—¡Todo es posible en Rusia!

Cierro el portátil y me pongo de pie, camino hasta el gran ventanal y me concentro en los grandes edificios que impiden tener una buena vista de la ciudad. A mi mente regresan todos los recuerdos de las vergonzosas situaciones que se han acumulado estas semanas. Pienso en que si tal vez hubiese puesto un alto desde el primer momento, nada de esto estaría sucediendo. Como hubiese dicho mi madre, uno siendo muy joven siempre quiere vivir las cosas de los adultos, pero cuando llegamos a ese punto, no sabemos qué saber.

Sin embargo, no creo que esta vez yo sea el problema, pero tampoco puedo dar con él si Maksim no me apoya en el transcurso. Nunca podré saber lo que piensa o las situaciones que le agobian, si no me hace parte de eso.

—Él no cree que pueda. —comento, sin dejar mi lugar.

—¿Uh? —Heldet me ofrece su atención.

—Maksim, posiblemente cree que no pueda ocupar el lugar que debe darme, dentro de la mafia. —confieso.

—Bela, lamento ser yo quien te diga esto pero, no es tu responsabilidad. —giro hacia ella—. Te casaste con el jefe de la mafia, sí. Pero en ninguna parte estipularon que ibas a estar obligada a entrar a este mundo con él. Maksim supo desde el primer momento a lo que aspiraba en la vida, y según lo que sé, estuvo de acuerdo.

—Pero...

—Así que si ahora está actuando como un imbécil para hacerte sentir culpable de no querer cortar cabezas y quitar extremidades, lo mejor sería que lo dejes de lado. Ni siquiera ha sido capaz de hablar contigo y tú no tienes ninguna responsabilidad de leer su mente y tampoco es como si pudieras. Que deje de ser un niñato y aprenda a separar su hermoso trabajo y lo que sabía que le esperaba al casarse contigo, Bela.

Mi espalda cae contra el cristal, resoplo. El foco en mi cerebro se enciende y vuelvo a erguir mi figura. Heldet me observa asustada.

—Heldet. —hablo, una sonrisa de malicia sobre mis labios—. Creo que esta vez te haré caso, pero más que darle celos, voy a vengarme.

◇◇◇

—Bela, ¿estás segura de esto? —pregunta Heldet mientras observa la grandiosa vista que nos ofrece el exterior de uno de los muchos centros nocturnos de Maksim.

—Debo ponerme un paso por delante de él. —explico.

—A veces pienso que ambos necesitan ir a terapia. —confiesa.

—Posiblemente, pero estos dos psicópatas prefieren auto terapia con sus propios métodos. —contesto.

—Por ustedes pienso aun más en que el área de salud mental debería ser gratuito. —se queja. Tomo su brazo y la arrastro hasta la entrada donde un guardia nos recibe y nos hace entrar inmediatamente.

El lugar está repleto, pero los guardias se encargan de despejar unos asientos en la barra para nosotras.

—¡Este lugar está increíble, Bel! —exclama la rizada en un grito, debido al gran volumen en que se encuentra la música.

Wet dreamZ [COMPLETA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora